Ago 232015
 

Por Alfredo Mera | Publicado en la edición impresa de Diario Perfil

“Hace un tiempo que venía cambiando mi modalidad de trabajo y mi cabeza, tratando de buscar personajes de composición un poco más difíciles. Correrme de un lugar para buscar uno nuevo. Siempre fui muy inquieto y me divierte seguir probando”, dice Peter Lanzani. Y mal no le salió la experiencia, ya que su Alejandro Puccio recibió aceptación de crítica y público.

En el verano, en medio de su crisis con Martina Stoessel y mientras rodaba su primera película, compró los derechos de “Equus”, su otra gran apuesta para un actor con una carrera emparentada con productos adolescentes, lejos de la perversión y oscuridad de la familia Puccio. “Tener la oportunidad de filmar, de estar en un set con Francella y Trapero… La tuve que pelear para estar ahí, tuve que hacer como siete castings“, explica.

—¿Te enterabas quiénes estaban haciendo el casting por tu papel?
—Sí, sabía, porque también había muchos amigos míos que estaban haciéndolo, pero no me ponía nervioso por eso. Iba y trataba de hacer lo mejor posible. Que Pablo Trapero mirara lo que estaba intentando hacer ya era excelente. La composición que hice de Alejandro fue de raíz: justificarlo de alguna manera u otra y entender bien la historia para después ser permeable.

—En “Equus” tuviste una coach con la que trabajar tu rol. ¿En cine también te focalizaste en sacarte “vicios” actorales?
—Por supuesto. Trapero, a la hora de filmar, me ayudó muchísimo. Siempre fui muy expresivo a la hora de actuar, más que nada en televisión. Entonces, él me explicaba mucho y me guiaba por otro lado.

—Decías que tratabas de justificar a Alejandro. ¿Pudiste tomarle cariño?
—Era muy difícil. En algunas cosas uno siente empatía, más en un personaje como Alejandro, que tiene tantos conflictos internos. No sé si llegué a quererlo. Esta es una persona que a lo largo de sus decisiones tuvo oportunidades para mostrar quién era el verdadero Alejandro Puccio. No tanto el ídolo rugbier de San Isidro y Los Pumas, sino esa persona que era en su interior. Traté de buscar alguna justificación porque en definitiva las cosas que hacía tenía que hacerlas por algo.

—¿Cambió lo que pensabas de él?
—Le encontré cosas interesantes. Hice algo muy loco que venía haciendo, pero no de manera tan intensa. Me escribí muchísimos monólogos, cartas, cosas que claramente no se iban a decir en voz alta. Cartas dedicadas a su hermano, a su novia, a él mismo. Monólogos de Alejandro hablando con Alejandro, el costado ambicioso de él contra el costado de saber que lo que está haciendo está mal.

—Tu papá llegó a conocerlo, a enfrentarlo en un partido. ¿Qué te contó?
—No mucho, porque no lo conocía como si fuesen amigos. Me ha contado que veía en él a una persona introvertida, encorvada y que no hablaba mucho. También me junté con gente que lo conocía desde antes. Amigos y no tanto, personas del club, del barrio, como para no guiarme por una única visión. En 1982, Alejandro se convirtió en alguien completamente distinto. Me contaron anécdotas de lo jodón, de lo buena onda o de lo divino que era. Muchas personas que hoy en día claramente no ponen las manos en el fuego por él, porque se demostró que él estaba metido en todos estos secuestros y asesinatos.

—”El clan” se te juntó con el teatro, donde te dirige otro realizador consagrado, como es Carlos Sorín…
—Desde 2013 que estoy buscando los derechos de “Equus” y recién a fin del año pasado los pude comprar. Sentí que me cuadraba y que era un gran momento para hacer las dos cosas juntas. Filmé la película hasta mediados de febrero y a partir de abril empecé a ensayar la obra. Son dos personajes muy complejos. Me complicaron y fue muy difícil componerlos.

—Martina Stoessel ya te fue a ver al cine y al teatro. ¿Pasó la crisis?
—No fue para tanto. Hubo una separación de por medio, pero no de mucho tiempo. Nosotros seguíamos en contacto. El amor terminó demostrando que lo importante es jugársela. Y fue lo que hicimos. Hoy en día estamos súper felices y agradecidos de todo lo que estamos viviendo.

Próximo paso, “La Leona”

—¿Sentís que a partir del paso dado actuar en tiras es un retroceso?
—Para nada. Si uno tiene el actor adentro, tiene que tratar de agarrar los proyectos que sienta y ponerles siempre el pecho. Esto fue un desafío enorme, un impulso a seguir creciendo. Siempre arriesgo y trato de correrme de la zona de confort.

—¿No creés que tenés la obligación de avanzar en ese sentido?
—No, yo avanzo en base a lo que tengo ganas de hacer. Si mañana tengo ganas de hacer películas, lo haré. Lo mismo si quiero hacer clown en un circo. Y la tira que estoy grabando en Telefe (“La Leona”, con Pablo Echarri y Nancy Dupláa) también es un personaje complejo, con problemas de drogas.

—¿Genera temor volver a apostar a una ficción cuando a un producto de Campanella le va tan mal?
—Qué sé yo… Temor no. El miedo está cuando vas a medias. Todos tratamos de encarar esto lo mejor posible.


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