Ago 292015
 

Por Julieta Mondet | Publicado en la edición impresa de Diario Perfil

A los nueve años le dio curiosidad saber cómo una masa se hinchaba y se formaba el pan. Prueba y error, amasó y horneó cientos de panes hasta que le salió. “El primero fue un engrudo y después una roca hasta que supe que existía la levadura. Todo me daba curiosidad”, dice entre risas.

A los 12, montó una huerta en su jardín y habiendo leído el libro de Doña Petrona le daba las instrucciones a una señora que trabajaba en su casa para que cocine. Catorce años después, Alejo Lagourde (26) se consagró como el ganador de la segunda temporada de MasterChef derrotando a Martín Matroni, en una final que logró el mayor rating de ese día –destronó a Las mil y una noches–, y desatando una polémica en las redes sociales.

—¿Por qué creés que te eligieron?
—Porque a diferencia de los demás, tenía un personaje. Si me hubiese mostrado cómo soy realmente, demasiado permeable, afectuoso, y muy sentimental, no hubiera llegado ni al segundo capítulo porque me hubiese quebrado.

—¿Estudiaste actuación?
—No, pero mi idea es empezar ahora. Me salió espontáneamente, pero quizás después me salga mejor.

—¿Parte de la estrategia?
—Tenía todas las lamparitas prendidas ¡y un estrés tremendo! Los demás ni le prestaban atención a eso, yo sí. Y también, me concentraba en cocinar bien, y ser creativo. Y me preocupaba por no desperdiciar comida para mis recetas.

—¿Miraste otras ediciones?
—No, nunca. Pero sabía lo que era, y no me quería anotar porque me daba miedo la exposición y pensaba que si no ganaba, podía nublar mis proyectos futuros. Nadie iba a querer contratar al quinto. Pero al final fui porque tenía la esperanza de ganar.

—En las redes sociales se indignaron con el resultado porque dicen que triunfó la soberbia, ¿qué les dirías?
—Que tienen razón. Siempre es preferible la humildad porque de ese modo se llega más lejos. Pero la gente también tiene que entender que ése no era yo, era un personaje. Y esto era un concurso de cocina, no de personalidades.

—El año pasado ganó Elba que representaba la humildad. ¿Por qué pensás que ahora ganó la antítesis?
—No coincido con lo de antítesis. Porque entonces quedaríamos enfrentados en términos de humildad y arrogancia. Y la realidad es que esto es un concurso de cocina. Entonces, en ese aspecto Elba y yo estamos en planos de igualdad. Ella era la que mejor cocinaba de su temporada y yo el de ésta.

—Y también era un reality…
—Yo le di a MasterChef un personaje que necesitaba.Quizás corría con ventaja por mis conocimientos en marketing y publicidad. Apenas entré vi que todos eran iguales: solidarios, buenos y humildes. Y entendí que si quería usar esa exposición para destacarme y para mis proyectos futuros, un humilde no me iba a servir.

—¿Qué diferencia este MarsterChef del otro?
—Que esta vez todos los participantes eran fanáticos y ya sabían de qué se trataba. Y que hubo más nivel técnico porque se prepararon exclusivamente. En ese aspecto yo destaco mi espontaneidad. Nunca leí un libro para entrar al concurso, ni había hecho ninguno de los platos que cociné.

—Si tuvieras que compararte con Elba, ¿qué dirías?
—Tenemos dos realidades diferentes y tuvimos distintas oportunidades. Yo pude viajar y conocer otras culturas. En Marruecos comí cabezas de buey casi podridas.

—¿Y con Pablo?
—Me veo un poco más semejante. Pero él no pensó la final, falló porque no fue a lo seguro: se puso a hacer una langosta, que nunca había manipulado y ¡en una final! Además, sale una fortuna. Se equivocó.


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