Sep 152018
 

Los radicales libres pueden modificar los genes de las células, aumentando el riesgo de cáncer, por lo que las sustancias antioxidantes de la manzana son muy consejables en personas con riesgo de cáncer o enfermedades degenerativas. Varios estudios aseguran que consumir manzanas de forma habitual reduce el riesgo de cáncer y, según el Instituto Nacional del Cáncer de Estados Unidos, consumir su fibra reduce hasta un 50% las probabilidades de padecer cáncer de pulmón.
. Diurético: su contenido en potasio la convierte en una fruta diurética, por lo que es muy recomendable para las personas con enfermedades cardiovasculares como la hipertensión o retención de líquidos.
. Antiinflamatoria: sus taninos le confieren propiedades antiinflamatorias al inhibir los mediadores de la inflamación.

Suele aconsejarse en el tratamiento de las hemorroides por su efectividad.
. Mejora la demencia y reduce el riesgo de derrame cerebral: estudios, publicados en la revista Journal of Food Science encontraron evidencias de que ayudan a proteger las células del estrés oxidativo, por lo que reducirían el riesgo de desarrollar enfermedades degenerativas como el Alzhéimer.
. Reduce el colesterol LDL: un grupo de investigadores de la Florida State University descubrió que las mujeres que ingieren, al menos, una manzana diaria durante seis meses, tienen un nivel de colesterol LDL un 23% más bajo y un nivel de colesterol
HDL un 4% más alto que aquellas que no lo hacen.

. Reduce el riesgo de diabetes: un estudio realizado a 187.382 personas demostró
que quienes cosumen tres piezas a la semana de manzanas, uvas, peras, arándanos o pasas tienen un 7% menos de probabilidad de desarrollar diabetes tipo II, comparado con aquellos que no las toman.

Desde el punto de vista nutricional, la manzana es una de las frutas más completas y saludables que pueden incorporarse a la dieta. Está formada en un 85% por agua, por lo que es muy refrescante e hidratante, ideal en los meses de verano. Fuente importante de fructosa (el azúcar propio de la fruta), tiene altas proporciones de vitamina E (antioxidante y con acción en la estabilidad de las células sanguíneas), vitamina C (también antioxidante, interviene en la formación de colágeno, huesos,
dientes y glóbulos rojos, y favorece la absorción del hierro de los alimentos), provitamina A o carotenoides (que ayudan en la formación y el mantenimiento
de dientes, tejidos blandos y óseos, mucosas, piel y vista) y ácido fólico (que interviene en la producción de la hemoglobina de la sangre y resulta fundamental en el embarazo y la lactancia). Es rica en fibra, sobre todo si se come con piel (escogeremos las de cultivo ecológico para evitar los pesticidas, o lavaremos muy bien la piel), por lo que ayuda a regular el tránsito intestinal. De su aporte en minerales destaca el potasio,
necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso, y para la actividad muscular normal, así como para el equilibrio osmótico. Entre todos sus componentes, destacan sus elementos fitoquímicos, como los flavonoides y la quercitina, con propiedades realmente saludables gracias a su alto poder antioxidante. Aunque existen diferentes variedades, podrían resumirse en tres: amarilla, verde y roja. La amarilla es la que presenta un mayor porcentaje de fibra y vitamina C, la verde suele ser la más calórica y la roja, la más ligera, si bien todas ellas comparten similares proporciones
de nutrientes.
Conviene sobre todo si… . Alimento astringente y laxante: cruda y con piel resulta
muy útil contra el estreñimiento, ya que se aprovecha su fibra insoluble que estimula la actividad intestinal. A su vez es rica en pectina, que se encuentra mayoritariamente en la pulpa, y que tiene la peculiaridad de retener el agua, por lo que comerla sin piel en caso de diarrea ralentiza el tránsito intestinal. Los taninos de la manzana también le otorgan propiedades astringentes, ya que actúan “secando y desinflando” la mucosa
intestinal, y reduciendo la cantidad de agua.

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