Oct 092018
 

La sola idea puede ser extenuante, aunque a veces comenzar de
nuevo en otro lugar es también un reinicio interesante.
Sin embargo, la cosa no es tan simple, y menos si hay niños de por medio. Muchas veces, ellos enfrentan a sus padres y dicen: “yo de acá no me voy”.

Y es que ellos también tienen a su profesora favorita en la escuela, sus
amigos en el club, su heladería preferida a la vuelta de casa…
¿Qué hacer en estos casos? Los psicólogos infantiles afirman que este tipo de reacciones son de lo más normales.
Las mudanzas suelen ser más difíciles para los niños de más de cinco años, ya que ellos ya tienen sus espacios sociales fijos: amigos, escuela, vecinos o abuelos
cercanos.

En estas situaciones, hay que tener tacto. Apenas se haya tomado la decisión hay que comunicárselas a los niños. También sirve, de ser posible, ir a visitar seguido
el nuevo lugar con los niños para que se hagan una idea de cómo será vivir allí. Los padres pueden también apelar a la fantasía de los chicos y proponerles juegos como
”¿cómo creés que será jugar en este parque con tus muñecas?
¿Cómo creés que será cenar en este restaurante seguido?”. De esta forma, los niños pueden comenzar a establecer lazos emocionales con el nuevo lugar.
Tan importante como poder alegrarse antes por la mudanza es también poder
despedirse bien del lugar que se deja.

Los niños que pueden despedirse de su vieja escuela tranquilos y dejando salir
libremente sus sentimientos tienen luego un inicio más fácil en la
nueva. Una buena forma de despedir a un compañerito que se va de la escuela
es con regalos hechos por los otros niños y una torta, por ejemplo.
Los niños necesitan tiempo para acostumbrarse al nuevo entorno.

De todas formas, la responsabilidad de que tengan el mejor inicio posible
en el nuevo entorno es de los padres. Sin embargo, no siempre es una buena idea arreglar todo de antemano en el nuevo sitio antes de que lleguen los niños, es decir,
elegir la nueva escuela de música o el nuevo club donde jugará al fútbol. Esto puede resultar demandante para muchos niños y por lo general, la mayoría de ellos da
las señales pertinentes como para que sus padres sepan que ya están preparados. Y tampoco está de más involucrarlos en algunas de las elecciones.

De todas formas, ni siquiera la mejor preparación del nuevo hogar evita que los niños extrañen. Por lo general, los niños superan bien las mudanzas. Pero en algunos
casos muestran algunos síntomas: desarrollan un mayor miedo a separarse de sus padres, se retraen, se hacen pis de noche, tienen pesadillas, están malhumorados o
incluso agresivos. Si este tipo de actitudes duran más de medio año, es aconsejable consultar con un terapeuta.

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