Oct 212018
 

La llegada de Paloma a la vida Marisa Brel en 2002 marcó un antes y un después en todo sentido: a partir de entonces, el Día de la Madre dejó de ser sinónimo de padecimiento para Marisa Brel, convirtiéndose en una celebración permanente.

La vida de la periodista y escritora se paró cuando en junio pasado enfrentó sus horas más angustiantes como madre a partir del estado de salud de Paloma, a quien le descubrieron un tumor en el cerebro.

«Saber que tenía un tumor y que había que operarla de urgencia… me estalló la vida. Dije eso desde el primer momento porque no encuentro otra palabra que lo pueda describir mejor. Fue un milagro. Y esa explosión, ese tsunami, por suerte ya calmó y todo se transformó en confianza, en fe, en vivir con otras prioridades», dice Marisa, para luego referirse a cómo transita ella este día tan especial.

«Pasé muchos años el Día de la Madre con mucho sufrimiento porque no podía serlo, sin lograr el embarazo, y era una pesadilla: ese día no quería saber nada. Y desde que nació Paloma mis Días de la Madre son de celebración absoluta, de agradecimiento. Y abrazo a todas esas mujeres que todavía, como les digo yo, no llegaron sus hijos a sus vidas».

«A diario me sensibilizo, estoy muy movilizada. De por sí ya soy sensible, pero también estoy muy fuerte, muy agradecida: nunca en mi vida me sentí tan acompañada por la gente. Paloma, que no cree en nada, al ver tanto amor de la gente, tantas cadenas de oración por su recuperación, dijo: ‘Al final voy a tener que creer en Dios’ -cuenta Brel-. Fue tan fuerte que eso me sostuvo y me encuentra en un momento de mucha emoción, agradecida y con mucha fe».

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