Dic 022018
 

@RFillighera

Un ejercicio que se inscribe en la búsqueda, en la investigación y en ese registro de laboratorio artístico cercano a la verdadera génesis de la escena independiente. En efecto, “Las benévolas” es una versión teatral homónima de la novela del escritor franco-estadounidense Jonathan Littell, material que se pudo apreciar en la sala Luisa Vehil del Teatro Nacional Cervantes con la dirección de la creativa Laura Yusem.

“Las Bénevolas”

La versión de Julián E. Ezquerra nos propone ingresar en un universo de sensaciones, circunstancias emocionales y, por sobre todas las cosas, en ese mecanismo de piezas inimaginables de que hace gala la mente humana. Y estos elementos se instalan en la piel del mefistofélico personaje Maximilien Auen, protagonista de primera línea en los operativos de muerte llevados a cabo en los trágicos campos de exterminio y luego CEO de una fábrica de encajes. Además es amante de la literatura, melómano, un hombre de particular sensibilidad que suele citar a Sófocles y Schopenhauer.

Este personaje encarnado por Gabriel Puma Goity se desliza en el cómodo sillón de su oficina en Buenos Aires, más concretamente en Vicente López. A partir de ese contacto tan riguroso con el pasado desfilarán los fantasmas de sus recuerdos que lo inducirán a replantearse muchos temas.

Puma Goity. Foto: (Pablo Villán / Crónica) 

En este recorrido de pensamiento en voz alta, narrará los programas de exterminio, las cadenas de tareas y mandos y las responsabilidades que le correspondieron a cada sector. También dejará abierta la cantidad de víctimas del genocidio alemán al advertir si “¿fueron 6 o 20 millones?”. Y no sólo la mente atormentará su devenir existencial, sino que además lo perseguirán unos personajes que tienen en el escenario un significado que va mucho más allá de la alegoría.

Ellas son “las benévolas”, “criaturas” que dan lugar al título de la obra: divinidades violentas que los romanos definieron como “las furias”; la venganza femenina que perseguirá a los culpables de ciertos crímenes. En definitiva, este militar nazi, paradoja del destino y las circunstancias históricas, puede llegar a ser un símil de los militares y represores asesinos de nuestra última dictadura. Gente de buenos modales, culta, sensible y educada con quienes podíamos encontrarnos a la vuelta de la esquina. En lo interpretativo, magistral composición de Gabriel Puma Goity, para el diploma de honor. En tanto, Raquel Ameri, Matilde Campilongo y Jazmin Diz encarnan personajes que transitan drama y poesía.

 

INGRID PELICORI

“Las salas se llenan si hay buenos precios”

La actriz Ingrid Pelícori reflexionó en charla con DiarioShow.com sobre la novela “Cae la noche tropical”, llevada ahora a los escenarios por ella, en impecable sociedad artística con Leonor Manso.

“La pieza teatral tiene los diálogos del propio autor y, en este sentido, llevan la expresividad y la grandeza de Manuel Puig. Su pensamiento reflexiona sobre lo que le sucede al mundo y, en este sentido, desde la actuación es un imponente fresco que nos ofrece varios desafíos”.

En cuanto al balance de producción que expone el teatro nacional hoy en día, dijo que “siempre nos hemos caracterizado por navegar en mares de tormenta. Hay tanta gente con ganas de expresarse y decir cosas que un escenario siempre se erige en un gran lugar de encuentro para los actores y para el público: el gran testigo de esas tramas, contingencias y batallas de la vida misma.Y es tanta la galería de propuestas, géneros y elencos que el teatro se han ido acomodando como pudo y ya no podemos hablar más de crisis”.

Ingrid Pelícori. Foto: (Fernando Perez Re/Crónica)

En relación a estos caminos que están hablando de una escena en permanente ebullición y que suele renacer como el Ave Fénix, dijo: “El problema básico radica en los costos financieros y en el valor de la entrada; cuando las localidades están a buen precio, las salas se llenan y esto se observa sobre todo en la corriente comercial con la alternativa de diversas promociones. La gente, no tengo dudas, ama ir al teatro”.

La imposibilidad de tener continuidad desde lo laboral para el actor (una o dos funciones por semana) genera “la amateurización de la actividad y esta es una circunstancia que preocupa desde lo económico y también desde la calidad del oficio. Por otra parte, la posibilidad de realizar tres obras distintas en poco tiempo es también un ejercicio distinto, práctico y muy efectivo”.

Los nazis están entre nosotros

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