May 242020
 

@LuisVenturaSoy 

En algún momento de su inspirada trayectoria creativa, Discépolo escribió: “en el mismo lodo, todos manoseaos” , en una observación poética y quejosa sublime y eterna, que se puede aplicar a los bochornosos doctorcitos de los medios Giselle Rímolo y Rubén Mülhberger.

Ella chapeaba con un título universitario que jamás tuvo. Él era doctorado y recibido, pero sus irregularidades fueron tan riesgosas como las de Giselle. Porque, en realidad, estamos hablando de lo mismo, con y sin títulos: procederes que apuntaban a alimentarse de famosos y maniobras reñidas con la legalidad, para enriquecerse sin ningún tipo de escrúpulos ni pudores.

Tanto una como el otro amasaron verdaderas fortunas de millones en dólares, propiedades, autos de alta gama, y en el medio hubo muchos pacientes y víctimas denunciando las consecuencias de lo que vivieron y sufrieron en lo que ellos mismos rebautizaron “La clínica maldita” o “La cuadra de la muerte”.

No lo estoy inventando yo; y aunque estos doctores tengan muchos recursos y amparos, estudios poderosos de abogados que los defienden, sus denuncias y aberraciones médicas llegan hasta la muerte misma. Ayer fue Rímolo, que purga una condena de 9 años de prisión por varios delitos entre los que figuran las estafas, el tráfico de medicamentos, el ejercicio ilegal de la medicina y tantas otras cosas más. Pero también había una denuncia de la familia de una paciente muerta, Lilian Díaz, que llevaba la carátula de “muerte culposa” que no se juzgó porque la “doctorcita” pagó 500.000 dólares para que levantaran aquella acusación.

De la misma manera, Rímolo y sus numerosos abogados pagaron cerca de 10 millones de dólares en indemnizaciones, con lo que asumía daños y desvanecía denuncias. ¿Qué le hacía esa fortuna ante una recaudación de más de una década de 100 palos verdes, distribuidos en distintos paraísos fiscales centroamericanos?

No seamos hipócritas; hagamos memoria y reconozcamos todo lo que fuimos permitiendo alegremente, para terminar en estas monstruosidades!

Frente a eso, ¿hoy nos sorprendemos por que el doctor Mülhberger atendiera con su matrícula médica vencida y no tuviera su clínica habilitada? Tampoco el personal sanitario tenía los permisos que los liberara de la cuarentena. ¿Desconocemos que se prometieran milagros, como resolver el Covid-19, así como en otra época prometía resolver el HIV o aseguraba una vida sana de 130 años con solo su pócima reveladoraà? ¡No seamos hipócritas; hagamos memoria y reconozcamos todo lo que fuimos permitiendo alegremente, para terminar en estas monstruosidades! El maestro Discépolo ya lo escribió: “y en el mismo lodo, todos manoseaooos”. Te lo digo yo.

Los doctores del terror.

NOTA COMPLETA

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