May 242020
 

@Rfilighera

Carlo Goldoni (1707-1793) ha sido uno de los bastiones de la historia del teatro italiano y el movimiento que se ha dado en llamar “la comedia del arte”. Su aporte fue decisivo desde todo punto de vista y diseñó sus principios básicos de dramaturgo en la dignidad literaria de sus textos, en el paso de la comedia de enredos a la de carácter y en la profundización psicológica de sus personajes. “Arlequino y sus dos patrones” pertenece a su gran producción, erigiéndose en una de sus obras de mayor enjundia de la historia de los escenarios.

Arlequino es un mucamo con serios problemas económicos que se emplea como criado para dos personas, de manera simultánea. Al principio todo va bien, pero, luego, las exigencias de ambos patrones aumentan y servirles se convierte en una tarea titánica de enredos y malos entendidos. Es el teatro del siglo XIII, de las máscaras de la comedia que prefiguran un enorme símbolo de características de la condición humana y en donde se dan cita nuestros miedos y angustias. Con este propósito, Goldoni instala en escena la dinámica de la vida en todos sus alcances y deja que el público se convierta, a su vez, en juez de los acontecimientos que está viendo, pero también que goce, se emocione y ría.

La versión que nos ocupa data de 1974 y, con la dirección de Villanueva Cosse y la producción a cargo de China Zorrilla, el elenco se integró con Ulises Dumont, Gianni Lunadei, Pepe Novoa, Mirtha Busnelli, Mariquita Valenzuela, Alicia Aller, Néstor Hugo Rivas, Carlos del Burgo y el uruguayo Roberto Jones. Un equipo de lujo que desplegó su enorme caudal de talento, gracia, destreza física y enorme cuota de humor.

El espectáculo se estrenó en el desaparecido teatro Odeón, de ahí se trasladó al teatro del Globo y realizó la temporada veraniega en la sala, ahora reformada, de Diagonal Pueyrredón, en la ciudad de Mar del Plata. La obra, desde lo artístico, cumplió una performance notable: Ulises, tal como lo evocó a este medio su director, Villanueva Cosse, desplegó un “Arlequino” con sello muy propio: latino y, sobre todo, argentino. Su creación estuvo transitada por la destreza propia de un verdadero saltimbanqui circense.

Estupendo, por otra parte, Gianni Lunadei expresando la escuela (e identidad) de los grandes intérpretes itálicos y compuso, de manera maravillosa, a un personaje que se desenvolvía agachado toda la obra con una túnica que le llegaba hasta el piso y que denotaba su bajísima estatura. Al finalizar el espectáculo y en el saludo final, Gianni se levantaba y mostraba su generoso tamaño ante la algarabía del público.

El primer mes en Mardel anduvo muy mal de taquilla y estuvo a punto de bajar. Sin embargo, Zorrilla, con muy buen tino, fue invitando a personalidades del mundo artístico (quien escribe estas líneas estuvo la noche que asistió Graciela Borges) y, de esta manera, fueron promocionando el show, hasta el punto de que una joven Solita Silveyra y el grupo Les Luthiers decidieron apoyar financieramente esta producción y así continuó, levantando, notoriamente, la presencia de espectadores.

Ulises Dumont, en un pasaje de esta exquisita obra.
Villanueva Cosse y China Zorrilla hacían, en paralelo,

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