Sep 212020
 

Hace cuatro años, el apellido Schwartzman se nombró en los medios tanto (o más) que ahora, mencionado todo el tiempo porque Diego, “El peque“, logró el triunfo más resonante de su carrera como tenista al derrotar al español Rafel Nadal, el indiscutido rey sobre polvo de ladrillo. Sin embargo, aquella explosión no se debió a las proezas deportivas del muchacho, sino a las andanzas televisivas de su hermano, Matías Shwartzman, quien revolucionó Gran Hermano 2016 con su particular forma de ser.

Aquel encierro voluntario, que consagró a Luifa Galesio como campeón y lo enamoró de Ivana Icardi, la cuñada de Wanda, tuvo a Matías como protagonista durante algo más de un mes y medio: en ese tiempo sedujo con su personalidad amable y carismática, enterneció con su voz suave y melodiosa y convenció con su forma de ser serena y generosa. El peque, que ya giraba por los grandes circuitos del mundo deportivo, incluso se hizo una pasada por la “Casa“.

En 2020, Matías ya no vive en San Telmo como cuando participó del juego más famoso de la televisión argentina: está instalado en una hermosa casona en un barrio cerrado de Tigre, al norte del conurbano bonaerense. Allí, con la llegada de la primavera y de los primeros climas templaditos y cálidos, podrá disfrutar del amplio espacio verde del que dispone la propiedad.

MATIAS, DE MODELO. LE SOBRA PINTA. SE LO HACEN SABER EN SUS REDES SOCIALES.

Será una nueva etapa de una cuarentena que le puso freno a dos carreras con las que venía francamente en ascenso, dando pasos cortos pero seguros: la de modelo y la de cantante. Matias se estaba ganando un lugar de importancia en ambos ámbitos pero el parate de todas las actividades lo frizó a él también.

En ese aspecto, Matías es bastante parecido a su hermano Diego, con quien mantiene una relación muy estrecha que los dos expresan sus redes sociales, donde abundan las demostraciones mutuas de cariño, afecto y admiración. Igual que el Peque, es perseverante, esforzado y no le teme al sacrificio.

Matías es un fanático de la guitarra. Cada vez puede, empuña una y saca hermosas melodías de la almibarada comunión de sus dedos con las cuerdas. Su voz, acompasada y entradora, hace el resto. Ahí en su cuenta de Insta hay muchas canciones para escuchar y disfrutar.

Lo que no se pierde nunca es el Cantando 2020, el programa que despierta tantas reacciones cada noche. Incluso la suya: en Twitter, Matías ha escrito, por ejemplo, que “Esto está armado. es un papelón jamás visto. Déjense de joder. Es todo demasiado evidente. Está todo para salvar a la infumable de Mitre, ya cansa basta“. Sin embargo, algunos conocidos dejaron entrever que si lo llamaran podría aceptar una participación.

FANA DE LA MUSICA, MATIAS SE SACO UNA FOTO CON ULISES BUENO, UNO DE SUS IDOLOS, Y CON DIEGO, A QUIEN TAMBIEN ADMIRA.

Matías protagonizó un importante cambio físico. Se puso en manos de un grupo de especialistas y de tener un cuerpo normal ahora parece tener el de esos super deportistas que compiten para ver quién tiene más bíceps o los “ravioles” más marcados. Mucho gimnasio, mucho ejercicio y mucha alimentación “específica” lo dotaron de un “lomo” que mereció muchos comentarios en sus redes sociales, donde gusta de subir fotos y videos.

Su personalidad, la fama que le queda de aquel tiempo de enorme exposición y la aceptación que recibe en el mundo virtual (suma casi 120 mil seguidores en Instagram) provocó el interés de algunas marcas de ropa, que lo convocaron para protagonizar sus campañas publicitarias o simplemente para que pase “el chivo” en sus perfiles.

DALE BO: MATUTE ES RECONTRA BOSTERO, IGUAL QUE EL PEQUE. SE LO SUELE VER EN LA BOMBONERA.

Matías está soltero a pesar de todo lo que le escriben -hombres y mujeres- en las redes sociales, donde los elogios a su estado atlético y a su “facha” son moneda corriente. Su compañía, por ahora, son sus dos perros, a los que quiere con devoción y cuida como si fueran, en serio, “sus hijos de cuatro patas“, como se suele llamar ahora a las mascotas. Bob y Ziggy, llamados así en honor a su ídolo Bob Marley, se llevan buena parte de su afecto.

Hincha de Boca hasta la médula (igual que su hermano), Matías sueña con que la Copa Libertadores le de una revancha de lo que sucedió en Madrid. Tuvo una en el último campeonato local, cuando el cuadro Xeneize le arrebató el título a River en los últimos minutos de la última fecha. Pero quiere otra chance en el torneo continental, un certamen que se les volvió una obsesión a los seguidores de la camiseta azul y oro.

Matero, pibe de familia, buen amigo de sus amigos, sensible, sencillo y solidario, Matías no se despega un segundo de la tele cuando juega Diego, “El Peque”. A nadie debería llamarle la atención esa circunstancia: hace rato demostró que es un “gran hermano“.

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