Sep 272020
 

Vio pasar presidentes democráticos y a todos los gobiernos de facto: fue testigo del ascenso y la caída de Yrigoyen, del nacimiento del peronismo, de las primavera del 73, del triunfo de Alfonsín y de todo lo que vino después. Cuando la construyeron, Argentina no había ganado ningún campeonato mundial de fútbol y Diego Armando Maradona ni siquiera había nacido. Incluso, quien estaba vivo era Carlos Gardel. En 1920, cuando ingresaron por la puerta sus primeros ocupantes, faltaban 15 años para que sucediera la tragedia aérea que causó la muerte del zorzal criollo.

En esa casa de estilo inglés que acaba de cumplir 100 y acompañó, de alguna manera, todos los cambios sociales, económicos, culturales y sobre todo tecnológicos que hubo a lo largo de un siglo, vive ahora Marcelo Iripino, el artista que históricamente acompañó a Susana Giménez y después se largó solo, alcanzando altísimos picos de popularidad profesional.

Además, Iripino es una de las figuras del ambiente más queridas y respetadas por el público. Para todos, se convirtió en un sinónimo de calidad artística y de entrega por el trabajo, pero al mismo tiempo se volvió la imagen de la bondad y el don de gente. De la humildad y el sacrificio. De ser “uno más” a pesar de disfrutar las mieles del éxito y de la fama.

IRIPINO SE MANDO A HACER ESPECIALMENTE UN VESTIDOR. USA MUCHA ROPA, EN GENERAL COLORIDA.

Ese concepto se intensifica entre los vecinos de Caballito, la popular barriada porteña donde el coreógrafo vive junto a su marido, Marcelo Frezzia, con quien están juntos hace más de tres décadas. Iripino es respetado y admirado por todos. Lo definen como “alguien sencillo, predispuesto, afable, siempre amable para la charla y la conversación, despojado de todo estrellato aun siendo una primera figura”.

La vivienda es llamada por algunos “la casa de los 100 años” y está ubicada en la zona más coqueta del barrio que tiene en sus entrañas la avenidas Rivadavia y Acoyte, el Parque Rivadavia, el Cid Campeador y el Club Atlético FerroCarril Oeste, el de la camiseta verde que ganó dos campeonatos de primera división (los nacionales de 1982 y 1984) y hoy lucha a brazo partido por volver a la máxima categoría de nuestro fútbol.

MADERA POR TODOS LADOS: EN LOS PISOS, EN LAS ABERTURAS, EN LA ESCALERA, EN LOS SILLONES. ES EL MATERIAL PREFERIDO DEL COREOGRAFO Y DE SU ESPOSO, MARCELO FREZZIA.

Según la cuenta de Twitter “RicosyFamososOK, que se especializa en propiedades de famosos, estrellas y celebridades, la vivienda cuenta con 300 metros cuadrados construidos y está valuada en unos 800.000 dólares, lo que a un dólar a 150 pesos (si se lo puede estimar en un valor promedio) da la friolera de 120 millones de mangos. Impresionante.

La vivienda cuenta con todas las comodidades habidas y por haber y un sinfín de toques “extravagantes” que van de la mano con el corazón de artista que tiene Iripino, claro. Uno de los sectores más destacados, o llamativos, es el vestidor en madera antigua que el coreógrafo se construyó allí.

LA COCINA, EN MADERA OSCURA Y LUSTRADA. TIENE EL ANAFE EN UN LADO Y EL HORNO EN EL OTRO.

Es un amplio cono una habitación y se trata de un mueble gigantesco que va desde el piso hasta el techo (en las edificaciones antiguas, los techos suelen ser bastante más altos que en las modernas) y tiene tantos “recovecos” como los que permitió diseñar. allí, prolija y ordenadamente, Iripino y su esposo guardan su ropa. Claro, él tiene muchas más prendas que su marido.

La cocina también fue pensada a partir de su gusto por la madera, y cuenta con una particularidad. Está construida “en esquina” y justo “en el corner” (para utilizar una término futbolero) está el anafe. El horno, también en altura, fue localizado en otro sector del mueble. Impactante.

EN UN PATIO, IRIPINO DISEÑO UNA ESPECIE DE LIVING: LE QUEDO GENIAL.

El living es digno de una película del siglo pasado. Otra vez se destaca la madera, combinada en este caso por una pintura furiosamente blanca y por una decoración que se destaca apenas uno abre los ojos. Es de dimensiones muy generosas, cuenta con una especie de “barra” donde los invitados pueden detenerse a tomar una copa o incluso comer, hay sillas, sillones, una mesa y sobre el fondo se puede observar una escalera que conduce a las habitaciones.

Otra particularidad es que Iripino y Frezzia convirtieron un patio interno en una especie de coqueto y cálido comedor donde hay sillones y una mesa, rodeados del verde de algunas plantas y custodiados por la imponente escultura de un león que se destaca desde una de las paredes.

LA FACHADA, ELEGANTE Y DISTINGUIDA, COMBINA UN TONO PASTEL (BEIGE) CON EL BLANCO.

Es una casona de dos plantas con una fachada acondicionada en tonos pasteles (predomina el beige) con algunos toques de blanco que efectivamente la realzan. En el piso superior están las habitaciones y hay un baño completo, al igual que en la planta baja, para no tener que subir escaleras cuando “la naturaleza llama“.

Las abuelas y el saber popular dicen que “no hay mal que dure 100 años” ni “cuerpo que lo resista“. Esta casa sí, duró. Y tanto Marcelo Iripino como su marido la disfrutan día a día.

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