Sep 282020
 

@RFilighera

Nació en la ciudad de Vigo, provincia de Pontevedra, Galicia, España, el 4 de junio de 1931 y fue bautizado como José Ignacio Francisco Javier Rodríguez Meléndez y posteriormente conocido, en la escena argentina, como Ignacio Quirós, apodado Nacho. Fue un actor de grandes recursos histriónicos, de permanente búsqueda en la exploración de nuevos caminos y de notable expresión en la interpretación de un texto.

Con tan sólo 5 años, en 1936 fue traído por su padre a Buenos Aires, Jesús Ignacio Rodrigo Quirós, un ingeniero civil que trataba de alejarse de todos los horrores que iba dejar la Guerra Civil Española.

Así dadas las cosas, inició en Buenos Aires sus estudios primarios, luego el secundario, y se inscribió posteriormente en la Facultad de Abogacía, vocación que quedaría a mitad de camino. Entonces, a instancias del escritor Enrique Borrás, se vinculó con un elenco que ofrecía representaciones en la Facultad de Arquitectura, donde comenzó a actuar, principalmente en papeles secundarios.

Tiempos después, va a conocer a Marcelo Lavalle, director del Instituto de Arte Moderno, donde Nacho pone en evidencia su interés en el abordaje de papeles dramáticos. Tendrá, entonces, la posibilidad de participar en dos clásicos fundamentales: “Las brujas de Salem”, de Arthur Miller, y “Calígula”, de Albert Camus. Años después hará efectivo su ingreso a la compañía de la emblemática actriz Delia Garcés, en donde formará parte del elenco de “No es cordero, es cordera”, de William Shakespeare; “Living room”, de Graham Greene, y “El límite”, de Alberto de Zavalía.

Artísticamente hablando, en cuanto a oficio y experiencias, su carrera va tener un impulso importante a partir de 1955, en el teatro Presidente Alvear, ámbito en donde confirmará la presencia de su fina ductilidad. Sus actuaciones continuaron en “Keen”, “Las picardías de Scapin”, representada en el teatro al aire libre de Caminito, en el barrio de La Boca; “Ondina”, “El límite” y “Dos en el sube y baja”, pieza cuyo éxito tuvo especial resonancia en su carrera. Asimismo, en 1966 fue uno de los actores convocados para participar en la Comedia Nacional y trabajó en otro gran clásico como lo es “El jardín de los cerezos”, de Antón Chejov, en una puesta de Jorge Petraglia y en donde volvió a tener un reconocimiento puntual de la crítica especializada.

Porte de galán, en esta foto de 1961. (Archivo Diario Crónica)

Y así dadas las cosas, el panorama laboral de Nacho va dejando una especial huella de gran responsabilidad profesional. En 1968 se incorporó a la compañía de Manuel de Sabattini y participó, además, en otras propuestas como “La decente”, de Miguel Mihura, junto a María Concepción César y Olinda Bozán y su gran espíritu de inconformista le permitió, por otra parte, recorrer espectáculos de la jerarquía de “Cristóbal Colón”, de Niko Kazantzakis, y “Marat Sade”, de Peter Weiss. A su vez, indagó en las raíces de nuestra identidad por medio de su participación en la emblemática pieza de Alberto Vacarezza: “Tu cuna fue un conventillo”.

A todo esto, la televisión se va a presentar como otro de sus principales ámbitos de expresión, ya que en los años ’60 intervino en varios teleteatros, siendo pareja en la ficción de María Aurelia Bisutti y de otras grandes actrices del momento. Precisamente, una década después, por Canal 9, pondrá su destacado aporte en el ciclo de Osvaldo “Chacho” Dragún, “Historias inquietantes”, coprotagonizando varios capítulos junto a Irma Roy. En 1978 reemplazó a José Slavin en el rol del inspector Baigorria, uno de los ciclos policiales de mayor jerarquía de nuestras pantallas y que se llamó “División Homicidios”.

Allí Nacho puso su impronta para dar vida a un especial detective que tenía que lidiar con aquellos casos en los que debía recurrir a su mejor pátina de olfato e intuición. También tuvo una actuación de gran brillo en “Malevo”, aquel inolvidable teleteatro de Abel Santa Cruz que protagonizaba otro grande nuestras pantallas: Rodolfo Bebán. Y más hacia el último tramo de su trayectoria, su participación en ficciones como “El infiel”, “Grecia”, “Cosecharás tu siembra”, “Como pan caliente” destacaron su espíritu renovador para una televisión con nuevos códigos, pero siempre enmarcada dentro de sus perfiles insoslayables: buen gusto y sensibilidad.

En tanto, el cine fue otro de los medios de comunicación en donde Quirós expuso todo su sensible caudal de talento, habida cuenta de que ostentaba una imagen fotogénica de particular relieve. Hizo su debut en el recordado filme “Cinco gallinas y el cielo”, de Rubén Cavallotti, y luego se dieron cita otros grandes desafíos como “El jefe”, de Fernando Ayala, en la que participaron figuras de la talla de Alberto de Mendoza, Leonardo Favio y Graciela Borges. Otros títulos fueron: “En la ardiente oscuridad”, de Daniel Tinayre, con Mirtha Legrand; “Los guerrilleros” y “Nadie oyó gritar a Cecilio Fuentes”. Como párrafo aparte, hay que citar su interpretación de Manuel Belgrano en el filme “Bajo el signo de la patria” y también su aporte dramático en “Comedia rota”, de Oscar Barney Finn, trabajo en el que compartió personajes protagónicos junto a Julia von Grolman y Gianni Lunadei. Otros títulos que han dado muestra de su capacidad en el desarrollo de diferentes personajes y situaciones fueron: “La mala vida”, “La Difunta Correa”, “Seis pasajes al infierno”, “Las colegialas”, “Atracción peculiar”, “Siempre es difícil volver a casa”, “Contragolpe” y “El cóndor de oro”.

En la década del 60, brilló en el cine. (Archivo Diario Crónica)

El alto sentido de responsabilidad profesional fue, sin duda, otro de los rasgos más caracterizados de Quirós. Cuando murió su primera esposa, con quien mantuvo una relación afectiva que lo marcó de por vida, cumplió ese mismo día con todas las obligaciones profesionales de teatro y televisión que tenía en esa jornada.

En lo que hace a sus perfiles artísticos, Nacho daba cuenta de una modalidad de voz impecable, su dicción era sencillamente perfecta, circunstancia que lo erigía en un intérprete clásico en su expresión pero sumamente moderno, a la vez, para el abordaje de dos medios parecidos pero también diferentes como lo son, en definitiva, el teatro y la televisión. Su estilo interpretativo, en tanto, era medido, cauto y eficaz para el desarrollo de cada uno de los personajes que debía asumir.

Murió a los 68 años, como consecuencia de una larga enfermedad, el 12 de diciembre de 1999, quedando trunca una trayectoria que tenía aún mucho por dar, desde su propia experiencia como actor y también en la dirección. Quien escribe estas líneas tiene muy presente las numerosas charlas mantenidas, café mediante, con el actor, y en las que siempre manifestaba, al final de la nota, su generoso agradecimiento.

Un intérprete de raza, en definitiva, que nos regaló momentos de gran entretenimiento y jerarquía en la historia grande del espectáculo argentino.

 

Vocación de cura que no se concretó

 

Durante el desarrollo de una entrevista que le realizó la colega Susana Rocassalvo, Ignacio Quirós admitió que durante su infancia había querido ser cura, estudiando, en consecuencia, durante algunos años como seminarista, aunque dicha vocación quedó en el camino ya que sus padres no le permitieron, luego, desarrollarla. “Ya desde chico fui muy místico y en esa época, en que no podía ver a mis padres todos los días, los curas me dieron contención y me ayudaron a vivir en la faz humana y educativa. Recuerdo al padre Spadavecchia como un gran líder que nos aportó solidarios valores”.

 

También hubo espinas en el camino

 

En octubre de 1998, luego de tres años de inactividad profesional, Ignacio Quirós regresaba, en gira por el interior del país, con la obra “Cuando florece el corazón”, del autor ruso Alexei Arbuzob y con la dirección de Carlos Luzietti, oportunidad en que compartió escenario con Beatriz Taibo.

Se le preguntó, en ese momento, qué panorama ofrecía la televisión por aquel entonces, a lo que respondió: “El panorama es decididamente negro. A modo de ejemplo, te puedo decir que hace poco tiempo me llamaron para un teleteatro y me ofrecieron cinco guita. Les respondí que no, aclarándole antes lo que creía que me correspondía ganar. Me contestaron afirmativamente y hasta el día de hoy sigo esperando el llamado”.

Y agregó: “Para la gente de mi edad, este es el cuadro de situación, en cambio los actores jóvenes, por sus lógicas ambiciones, trabajan más barato. Yo tengo mi trayectoria de muchos años en el ambiente y, por lo tanto, me cotizo como debo”.

 

Un actor de raza. (Foto Archivo Diario Crónica)

NOTA COMPLETA

Sorry, the comment form is closed at this time.