Feb 232021
 

Tanto quejarse de Argentina y al final perdió un vagón de guita en Uruguay. Susana Giménez vendió La Tertulia, una de sus mansiones en Punta del Este, pero para concretar la operación debió bajar considerablemente sus pretensiones económicas. A menos de la mitad las tuvo que reducir.

En un principio, la diva pretendía obtener unos 12 millones de dólares por la operación, lo que le permitía cubrir los gastos de la fastuosa construcción (que hasta tiene laguna y hábitat para animales propio) y ganar algunos billetes.

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Pero la falta de ofertas y el paso del tiempo fueron poniendo en su consideración reducir el precio de la propiedad. En ese sentido, Susana escuchó la sugerencia de los operadores inmobiliarios locales y después de alguna resistencia optó por tener menos pretensiones.

Susana pensaba, originalmente, obtener entre 10 y 12 millones de dólares con la operación. Ante la falta de propuestas, bajó sus pretensiones y terminó aceptando desprenderse de la propiedad por 4 palitos verdes.

Lo que no imaginaba la diva -que en medio de la pandemia abandonó nuestro país y se instaló en La Mary, su otra residencia en Punta- era que tampoco llegarían propuestas por 10, 9 u 8 palitos verdes. El tiempo fue pasando y su deseo de “salir empatada” también se transformó en una quimera.

“Mejor, aceptemos la primera oferta que llegue” escuchó Susana al cabo de un largo tiempo sin que nadie dijera “me interesa, pongo tanta guita”. Ella puso el grito en el cielo, pero al final dijo “ma sí, el primero que venga se la lleva”.

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Ni siquiera así apareció “un novio” para “la casa”, como suelen llamar los “brokers” (así les dicen en la “alta sociedad”, la gente de a pie les sigue diciendo “martilleros”) a quienes quieren adquirir una propiedad. Un buen día, cuando menos lo esperaba, el “candidato” llegó. Y por 4 millones de dólares se quedó con la casa.

Susana ayudó ella misma a diseñar y a decorar “La tertulia”, pero una vez que la tuvo terminada no terminó de acomodarse a su ubicación ni a la soledad que imponía “estar tan lejos de todo”. Una vez que cerró la puerta por primera vez, supo que esa casa nunca le sería cómoda.

Ni para habitarla, ni para venderla. 8 millones de dólares que quedaron en el camino son la prueba más contundente de todo aquello.

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