Abr 032021
 

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El éxito de “Poco ortodoxa”, la miniserie inspirada en la autobiografía de Deborah Feldman, en la que cuenta cómo logró escapar de la comunidad judía ultraortodoxa Satmar, de Brooklyn, para empezar una nueva vida en Berlín, provocó en el público curiosidad ante la vida de los sectores más conservadores de la religión. Y en consecuencia, se reavivó el fenómeno de “Shtisel”, el proyecto israelí que se estrenó en el canal Oh yeah en 2013, y explotó de manera internacional en 2018, cuando desembarcó en Netflix.

 

La serie retrata la vida de la familia Shtisel, perteneciente a la comunidad Haredí de Gueula, un barrio ultraortodoxo de la ciudad de Jerusalén. A la cabeza del clan se encuentra el rabino Shulem, un hombre sexagenario que lidia con la angustia y la soledad que desencadenó la muerte de su esposa, su gran amor, y dedica la mayor parte de su tiempo a enseñar la Torá en una clásica escuela para chicos que dirige.

 

Su mayor ambición es que sus seis hijos y sus más de treinta nietos crezcan en un ambiente en el que se respeten las reglas y costumbres de la religión, pero le traerán más de un dolor de cabeza. Incluso su madre, Ruth, una anciana que durante su estadía en un asilo descubre su afición por la televisión, precisamente por las telenovelas, algo completamente inadmisible, ya que apenas tienen contacto con la tecnología.

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También darán que hablar Akiva, el hijo menor de Shulem, que desea encontrar a la mujer de su vida, que tiene que encajar con lo que espera su comunidad, y a la vez se revela ante el deseo de su padre y en lugar de seguir el camino de la docencia, apuesta a vivir del arte.

 

Su hermana Giti, por su parte, se ve envuelta en los conflictos de su matrimonio con un hombre que decide abandonar la religión, y se enfrenta a la rebeldía de Ruchami, su hija mayor –interpretada por Shira Hass, de “Poco Ortodoxa”-, quien cansada de ayudar en su casa a la crianza de sus hermanos y los problemas de sus padres, se aventura en el mundo adulto, idealizando un amor que le traerá más de un dolor de cabeza.

 

Parecía que la serie había llegado a su fin en 2015, con la segunda temporada. Sin embargo, el furor que causó en los últimos años, impulsó a los productores a rodar una tercera temporada de nueve capítulos, que se estrenó en Israel en diciembre y hace unos días llegó a las plataformas digitales. A diferencia de las primeras dos entregas, en las que el drama se apodera de la trama en casi su totalidad, la historia está marcada por situaciones de comedia que enriquecen las escenas.

 

Uno de los objetivos de Yehonatan Indursky y Ori Elon, los creadores de “Shtisel”, era retratar sus propias vivencias en una comunidad ortodoxa -sin estar representados por ningún personaje en particular- y lograr la empatía del público, derribando prejuicios frente al desconocimiento de las creencias y costumbres de este sector de la religión. Y no solo lo cumplieron, sino que conquistaron a tantos espectadores que la productora estadounidense CBS Studios se prepara para lanzar su remake del drama familiar con el cineasta Kenneth Lonergan -que también hizo “Manchester junto al mar”- y la guionista Lauren Gussis -de “Insaciable”- a la cabeza.

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