Abr 052021
 

@Rfilighera

Su partida- de la que se cumplieron, recientemente, 40 años- había dejado atrás un proceso de salud, extenso y cruel. Una enfermedad incurable aceleró la muerte de una artista que nos dejó en el mejor momento de su creativa trayectoria. El periodismo expresó por aquellos días que “no había podido salir de su letargo y que, en consecuencia, no recuperó el conocimiento”.

En tanto, los familiares de la actriz señalaban su profundo agradecimiento para todas aquellas personas que se habían acercado al sanatorio con el firme objetivo de donar sangre. También se informó: “Se hicieron todos los esfuerzos para paliar lo que significó una dura batalla contra un mal que no le dio tregua”.

Eva Dongé desarrolló una rica y prolífica trayectoria al servicio del buen espectáculo. Fue una profesional  dúctil, dotada de una voz singular y que se volcó hacia la interpretación de personajes fuertes. Aunque ha sido una intérprete de neta extracción teatral, no obstante, fue la televisión el medio que le posibilitó  acercamiento a las grandes audiencias.

Protagonista de numerosas telenovelas de la pantalla chica, aunque, seguramente, siempre será recordada por aquella tira “Cero, cinco, nueve, siete, no contesta”, junto a Fernando Siro y también por su participación en “Cavar un foso”, “Crónica de un gran amor”- junto a Alberto Martín– en Canal 9 y “Mi hermano Javier”, acompañando a Juan José Camero y Claudio García Satur.

Durante un ensayo de “Mi hermano Javier”. Gianola, Camero y Eva escuchan al apuntador Morasano. (Foto: Archivo Diario Crónica)

En el teatro tuvo su debut profesional, luego de haber sido una alumna muy adelantada, del maestro Cunil Cabanellas, en el Conservatorio Nacional de Arte Dramático. Lo hizo junto a Alfredo Alcón en la pieza “Las manos sucias” que llevó adelante la compañía liderada por Narciso Ibáñez Menta, en 1956.

Después, su paso por la actividad escénica fue, prácticamente, ininterrumpida. Con Luisa Vehil, a quien admiraba profundamente, realizó “María Estuardo”, y por otra parte, tuvo muy destacadas actuaciones en “Dulce pájaro de la juventud”, del escritor Tennesse Williams, conformando pareja con el recordado Atilio Marinelli. También brilló en “Alpha Beta”, con Duilio Marzio, en tanto, también, fue muy elogiada en la pieza “Caballo de mar”, con Nacho Quirós. Cabe señalar que en la temporada veraniega de 1977, en Mar del Plata, logró otro de sus trabajos más representativos con el espectáculo “La idiota”. También, en Mardel, “Mi amante vecino”, con Juan José Camero y Beto Gianola. Por su parte, “La noche de la basura”, fue otro de sus grandes trabajos al lado, precisamente, del mencionado Gianola.

Su estilo interpretativo fue comparado, alguna vez, con su colega Inda Ledesma, circunstancia que a Eva la gratificó, según su propio testimonio. Es que, precisamente, Dongé había reemplazado a Inda Ledesma en ese clásico que es “La gata sobre el tejado de zinc caliente”, labor por la que obtuvo generosa repercusión en el público y de la crítica especializada.

Cabe recordar que Eva Dongé fue becada en Italia y Grecia, circunstancia que le posibilitó perfeccionarse y estudiar con la más novedosa dinámica del estilo interpretativo y el quehacer teatral. En el plano estrictamente doméstico tuvo dos matrimonios y fruto de una de esas uniones nació su hijo Enrique, al que le dedicó varios años de su vida para su enseñanza, formación y estudio.

En cine, si bien no ha tenido un desarrollo acorde a los kilates demostrados en otras áreas de su derrotero profesional, realizó importantes aportes a través de los filmes “Castigo al traidor”, de Manuel Antin y, también, en “Un idilio de estación”.

En su foja de servicios figura el haber ganado un “Martín Fierro”, en 1966, por su participación en el recordado y exitoso ciclo “Teatro universal”. A su vez, fue la primera actriz argentina en estudiar bajo las órdenes de Lee Straberg en el “Actors Studio”, con sede en la ciudad de Los Ängeles y por el que desfirlaron artistas de la talla de Marlon Brando, James Dean, Montgomery Clift, Al Pacino y Robert de Niro, entre otros.

Para agregar, también, en teatro, actuaciones de singular brillo en “A Electra, el luto le sienta bien” y, también, en la singular obra “Envidia”. En la pantalla chica, por otra parte, no puede quedar fuera de la citación su participación en la inolvidable tira “Yo y un millón”, filmada en los años 60 en el recordado Albergue Warnes, con la actuación de Alberto de Mendoza y la dirección del histórico Pancho Guerrero. Se trataba de una temática dura, sensible y dramática sobre el mapa de la pobreza y la crudeza social. Seres comunes, cotidianos, poblaban aquellas historias dotadas de un particular realismo y denuncia con proyecciones de neto género documental.

Eva Donge murió a los 51 años, el 23 de febrero de 1981. Nos dejó un bello legado de sensibilidad, talento, convicciones dramáticas en el escenario y perfume de rosas. Para recordar.

Haciendo cine junto a Jorge Barreiro. (Foto: Archivo Diario Crónica)

EN EL CINE

Si bien el teatro fue su ámbito de mayor brillo y creatividad en el devenir de su trayectoria, el cine, en cambio, ha sido para Eva Dongé una asignatura pendiente que iba a poder transitar si se lo hubiera permitido esa cruel enfermedad renal que le puso, lamentablemente, un límite a su existencia.  Más allá de esta circunstancia, tuvo la posibilidad, también, de demostrar sus cualidades profesionales en el universo cinematográfico. Coprotagonizó “Fangio, el demonio de las pistas” (1950), “Los troperos” (1953), “El hombre y su noche” (1958. Inédita), “Castigo al traidor” (1966) y “Un idilio de Estación” (1978).

ENTRETELONES DE UNA ESTRELLA (HISTORIAS DE “EL BAÚL DE LA NOSTALGIA”)

(Por Roberto Quirno)

Al egresar del Conservatorio Nacional de Arte Dramático renegó de su apellido Donnángelo y decidió llamarse Eva Dongé.

A fines de 1952, Juan Sires tenía en sus manos el libro cinematográfico y su protagonista ideal, Charlo, por aquel entonces, con gran ascendencia en las esferas del gobierno. La situación lo habilitaba para imponer a su esposa, circunstancia que demoró la filmación en una verdadera lucha de poderes.

El realizador no cedía a las presiones de Charlo en favor de Sabina Olmos. A su vez, todas las actrices que Sires proponía como protagonistas eran rechazadas por el autor de “Rondando tu esquina”. Finalmente, acordaron a lanzar a una nueva actriz. Así Eva Dongé ingresó al cine por la puerta grande.

Sin embargo, no fue un debut auspicioso. Su nariz aguileña era un trastorno para fotógrafos e iluminadores. En tanto, una noche de enero de 1959, el realizador de cine Fernando Ayala había ido a verla en la obra “Macbeth”. Luego de la función, recibió su calurosa felicitación en los jardines de Palermo donde se había instalado el escenario. Por él, precisamente, Eva se enteró que todavía no tenía la actriz que iba a acompañar a Duilio Marzio y Alfredo Alcón en el filme “El candidato”.

Dispuesta a recuperar su posición en el cine luego de aquella incursión fallida, esa misma semana se operó la nariz con el doctor Raffaele y que le había recomendado Elena Lucena. 

Cuando se presentó frente a Ayala, con su nuevo perfil, ya había contratado a Olga Zubarry para el personaje.

Estaba casada con Alberto Haynes, quién se ocupaba de orientar su carrera desde que se conocieron cuando ella integraba el elenco de “Las dos carátulas” por Radio del Estado. Era un hombre mayor que ella, pelirrojo y con abundante bigote al tono y que se desplazaba con el auxilio de un bastón. Su figura robusta y poca agraciada no era obstáculo para sus veleidades donjuanescas.

Dando un paseo por las afueras de Roma. (Foto: Archivo Diario Crónica)

Precisamente, la sospecha de la infidelidad desgastó al matrimonio. En 1966, Eva emprendió sola un prolongado viaje a España, Grecia e Italia. En tanto, a su regreso, comenzó a barajarse la posibilidad concreta del divorcio, sin embargo, la pareja continuó viviendo bajo el mismo techo.

Los rumores se actualizaron un año y medio más tarde cuando reemplazó a Miryam de Urquijo en la clásica obra “¿Quién le teme a Virginia Wolff?”, junto a Luis Motura y María Luz Regás. Por otra parte, integraba esa empresa teatral, desde la producción, el doctor Juan José Finochietto, hijo del famoso cirujano, quién se sintió prontamente atraído por la personalidad de la actriz. Prácticamente estaba muy cómodo en el camarín del teatro Regina y le demostraba un interés que iba más allá de lo profesional. Al año siguiente, Finochietto montó desde la producción la obra “Luv” para especial lucimiento de Eva Dongé, quién inmediatamente después se separó de Hynes.

Por R.F.

Un rostro único al servicio del talento. (Foto: Archivo Diario Crónica)

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