May 032021
 

@RFilighera

Única en un estilo de comprender la actuación y en la comunicación con el público. Pocos intérpretes han sabido generar un diálogo tan fluido, tan preciso, tan rico y variado con su majestad: el espectador. Es que de ese bagaje tan especial en la experiencia cotidiana de la vida, Olinda Bozán generó la base de su impronta actoral, en donde se dieron cita aquellos personajes de la vida y que la actriz rescataba del universo de la calle para trasladarlo, posteriormente, arriba de un escenario o en un estudio cinematográfico.

Y con esa lucidez enorme para captar una situación que derivara en el humor y la comicidad, los resortes artísticos de Olinda nunca fallaban. Para la Bozan no existían personajes menores ni categorías inferiores, siempre extrajó lo mejor de sí y lo volcó de lleno para la situación dramática en sí.  Para los jóvenes actores se trata de una personalidad dotada de la experiencia y la sabiduría necesaria para encarar todo tipo de roles y circunstancias argumentales. Por otra parte, la gesticulación de la actriz se convertiría, con el paso de los años, en otro verdadero proceso de actuación para expresar o sugerir los estados de la vida y de la existencia misma.

Olinda pertenecía a lo que en determinadas epócas se denominaba a quienes profesaban este tipo de actuación como “actores de raza”. Capaces de darle a la historia y a sus respectivos personajes categoría de trabajos superlativos. Cuando Olinda pisaba el escenario, un halo especial de energía se apoderaba de la sala teatral. Todas las miradas confluían en ella y la gente, en consecuencia, se predisponía a divertirse con las mejores armas, con esa impronta de arte interpretativo y que ahora, a la distancia del tiempo transcurrido, podemos apreciar gracias a las imágenes de los filmes en los que participó. Un verdadero fenómeno de popularidad y que genera entre el artista y el público una relación de afecto y acercamiento, como si se tratara de una familia. Y la carrera de Olinda Bozán, en este sentido, no tuvo pausas y estuvo engalanada, en consecuencia, con el talento y la creatividad de una intérprete autodidacta, reconocida, posteriormente, por los grandes claustros y academias de la actuación.

Una postal de su juventud. (Foto Archivo Crónica)

Nació en la ciudad de Rosario y desde muy pequeña se inició en el Circo Anselmi junto a sus padres, situación que puso de manifiesto su verdadera vocación. Luego desarrolló su formación teatral con los hermanos Podestá (Pablo y José), y a los 14 años contrajo matrimonio con Pablo Podestá, quien también fue cantor, escultor, acróbata y pintor y que era 19 años mayor que Bozán. Después se presentó en el Teatro Apolo con la compañía de su esposo y su cuñado. Y precisamente, con ellos, interpretó principalmente papeles de “dama joven”, pero su relación matrimonial, por estas cosas de la vida, solo duró un mes. Sin embargo, con cierto prestigio en el medio teatral, fue eficaz en sus improvisaciones y tuvo amplio dominio sobre la escena, revelándose con sus verdaderas dotes.

La carrera

Fue considerada una de las mejores comediantes del cine argentino durante el siglo XX, galardones que supo exponer durante su trayectoria. A todo esto, en 1915 inició su carrera cinematográfica con el filme mudo “Bajo el sol de la Pampa”, de Alberto Traversa, el cual se estrenó recién en 1917. En total, realizó seis apariciones en el cine mudo.
Y aquí cabe resaltar un gran dato de su carrera. Participó en todos los medios gracias a su gracia natural, convirtiéndose, en consecuencia, en una de las actrices cómicas más relevantes de la Argentina. Participó en el elenco de Florencio Parravicini a quien acompañó durante cuatro años en el Teatro Argentino con “Caras y Caretas”. Más tarde se incorporó al elenco de Vittone-Pomar, época en la que, inevitablemente, adquirió mayor popularidad. Así dadas las cosas y el devenir de la profesión, se desempeñó, posteriormente,  en varias compañías de revista, cuya actuación tuvo mucho éxito en el Teatro Ópera. Abordó, en definitiva, todos los géneros. Fue figura de la comedia y el sainete, y en el teatro, su principal base de operaciones, se lució tanto en dramas como en espectáculos revisteriles.

Progreso y éxitos

En 1926 formó su propio elenco con Paquito Busto, intérprete emblemático de la escena nacional,  oportunidad en que realizó numerosas temporadas de gran éxito en los principales teatros porteños. En el mismo año, alentó junto al ya mencionado Bustos y Pascual Carcavallo (propietario, después, del Teatro El Nacional) a Libertad Lamarque durante sus comienzos en el canto. Cabe acotar que en 1931 tuvo un breve rol en el filme “Luces de Buenos Aires”, la primera película que el cantor Carlos Gardel hace para los Estudios Paramount, en el territorio francés.

Su primer trabajo relevante en el período sonoro llegó con “Ídolos de la radio” (1934), bajo las órdenes de Eduardo Morera (el hacedor de los cortos de Gardel) para la empresa Río de la Plata. La citada producción abarcaba el género musical, teniendo variados exponentes del tango como Ada Falcón, Tito Lusiardo, Tita Merello y Francisco Canaro. Un verdadero seleccionado. Tras encarnar a Ruperta en “El favorito” (1935), al año siguiente fue convocada en dos oportunidades, llegando a rodar “La canción de la Ribera”, con Ada Cornaro, y “Radio Bar”, un drama guionado y dirigido por Manuel Romero, uno de los nombres sagrados de la historia del cine nacional.

La consagración

Sin embargo, desde finales de los años 1930 fue encasillada en determinadas labores cómicas pero, simultáneamente, acompañó a Luisa Vehil en “Así es el tango” (1937), basada en un sainete homónimo de Florencio Chiarello. Allí se puede apreciar el género del tango, convirtiéndose, posteriormente, en identidad de la cultura nacional. Bajo el guion de Alberto Vaccarezza, en 1938 protagonizó “Los apuros de Claudina”, filme estrenado en Estados Unidos, en 1940.  A su vez, formó parte de los elencos de recordadas películas como “Las de Barranco” (1938), con Homero Cárpena, “Mi suegra es una fiera” (1939), comedia musical con Nélida Bilbao, “Doce mujeres” (1939), de Luis José Moglia Barth, y “Mi fortuna por un nieto” (1940). Por esos años, Olinda supo integrar el elenco de la compañía del Teatro Boedo, en 1944.

A principios de la década del cuarenta, sus películas  si bien no lograron obtener un grado de repercusión como se concretaría en el devenir de su carrera, ” Ceniza al viento” y “Mamá Gloria”, fueron producciones muy valoradas por la crítica especializada. Adquirió, entonces, gran popularidad en 1944 con el estreno de “La danza de la fortuna”, en compañía de Luis Sandrini. La trama de ésta película narraba como una joven se casa con un hombre que presuntamente estaba por morir, pero finalmente no fallece y debe soportar el gasto innecesario del dinero de su esposo. Un filme que generó la enorme empatía con un sector mayoritario de nuestro público. En tanto,  durante 1947 compuso importantes personajes en “La caravana”, que fue el debut de Tato Bores, en cine, y, también, en “Lucrecia Borgia”. Por otra parte, actuó en Montevideo con José Ramírez en “Los maridos quieren conga y las mujeres también” (1947) .Olinda trabajaba día tras días y asumiendo, en definitiva, nuevos desafíos.

Y no podía ser de otra manera. Siempre vigente en la cinematografía y a su vez en los escenarios. Precisamente,  en 1948 retornó con la obra de teatro “Hoy canta Doña Rosin” y en 1949 se presentó con su elenco en “Adiós, plata mía”. Y en esta sucesión de grandes aportes escénicos, cabe destacar su paso por el teatro Astral, con la representación de “Los maridos engañan de 7 a 9” (1948), de Sixto Pondal Ríos y Carlos Olivari,  y que obtuvo excelentes repercusión en el público. Formó parte, además, de un exitoso dúo con Paquito Bustos en “Maridos 1944” y también se convirtió en un verdadero éxito de taquilla, su paso por “El marido de la panadera (1947)”. 

En “Hotel alojamiento”, junto a Atilio Marinelli, Marcos Zucker y el Negro Olmedo.

En la década del `50 continuó trabajando y el cine fue para Olinda una fuente de inagotables recursos. En esta época estuvo la actriz más volcada hacia el género dramático y lo puso en envidencia en los filmes  “Vida nocturna” (1955), con libretos de Carlos A. Petit, y  “El tango en París” (1956), de Arturo S. Mom. En 1959, APTRA le otorgó el Martín Fierro como mejor “Actriz Cómica” por su labor en “El show de Pablo Palitos”.
Un verdadero récord en todo sentido. Participó en 75 películas, entre ellas se encuentran “Ídolos de la radio”, “Así es el tango”, “Ceniza al viento”, “Mi suegra es una fiera” y la parodia de época en la recordada producción “Lucrecia Borgia”, de 1947. De su extensa filmografía se destaca su papel en “Ceniza al viento” de Luis Saslavsky. Además, formó equipo con Luis Sandrini con quién integró los elencos de “La casa de los millones” y “La danza de la fortuna”. Además constituyó éxitos en teatro con Pepita Muñoz y Pierina Dealessi, dos figuras relevantes de la historia de la escena argentina. Por otra parte, compartió cartel con relevantes actores de su época como Delia Garcés, Lolita Torres, Francisco Álvarez o Ernesto Bianco.

Así dadas las cosas, en 1960 fue convocada para componer uno de sus primeros roles en televisión. Se trató, precisamente, de “Felipe”, serie integrada por Luis Sandrini y Luis Arata. Tras un pequeño lapso sin actividad artística, en 1965 regresó al medio con ayuda de Fernando Ayala, quien la convocó para secundar a Mecha Ortiz en el “El show de Standart Electrick”y que logró importantes picos de audiencia. A partir de esta década comenzó a incursionar en comedias de distintos tonos, solo que en roles adecuados a su edad. De su extensa trayectoria teatral, se puede mencionar a su vez sus participaciones en “¡Aquí está la vieja ola”…y esta vez no viene sola!” (1961), con Enrique Dumas, Juancito de la Ribera (1960), en el Teatro Astral. También le puso su especial impronta a  “Yo llevo el tango en el alma” (1964), de Antonio Prat, y “Belucha se casa”.

En 1966 secundó a Beatriz Bonnet en “Villa Delicia” y años después, se la pudo apreciar en “Necesito una madre”, “Hotel Alojamiento”, “La cigarra está que arde”, con Osvaldo Miranda, y “¡Viva la vida!”, de Enrique Carreras con cuadros musicales de Violeta Rivas. Se valoran sus personajes, tanto por el público como por la crítica especializada: Remedios de  “Coche cama, alojamiento” (1968)”, Nicasia de “En mi casa mando yo” (1968) y Rosa Fernández de “El novicio rebelde” (1968). Pero su mayor éxito fue “Las locas del conventillo”, popular sainete estrenado, originalmente, en 1925  y que fue llevado al cine , posteriormente, en 1966.

Durante un cena junto a Leonor Rinaldi y Beatriz Taibo. (Foto: Archivo Crónica)

Bajo las órdenes de Daniel Tinayre, en 1965 compartió cartel con Duilio Marzio y Malvina Pastorino en “El proceso de Mary Duggan”, con autoría de Bayard Veiller. En 1968 encabezó con María Concepción César, en el Teatro Blanca Podestá, “La decente”, de Miguel Mihura y en 1972 “Los ángeles de Vía Véneto”, en el Teatro Cómico con Mabel Manzotti. Así dadas las cosas, puso su valioso aporte actoral para una divertida comedia titulada “Los amorosos”, que reunía a María Vaner y Enzo Viena en el elenco principal. En 1970 interpretó a la madre de Sandro en la película “Muchacho” y que tuvo gran éxito popular. En consecuencia, a partir de este filme, se generó una muy bella amistad entre Olinda y El gitano y que perduró hasta la muerte de la actriz.

Trabajos y despedidas

Durante sus últimos años, su carrera estuvo ligada mayormente al popular director Enrique Carreras, quien la contrató con asiduidad, colaborando al lado de numerosos actores como Mercedes Carreras y Rodolfo Onetto para filmes como “La familia hippie” (1971), con guión de Abel Santa Cruz. También actuó, a su vez, en “Había una vez un circo” (1972), del cual surgió un popular tema musical compuesto por Gaby, Fofó, Miliki y Fofito. Sus aportes se dieron cita, también, en Los padrinos (1973), “No ser débil con la vida”, escrita por Ulises Petit de Murat y César Tiempo. Al poco tiempo, se relaciona laboralmente con Leo Fleider, Hugo Moser y José  Martínez Suárez. También se reencontró con Tita Merello, con quien había mantenido un fuerte enfrentamiento cuatro décadas antes. Falleció el 8 de febrero de 1977, a los 82 años, en Buenos Aires, luego de terminar la filmación del drama “Las locas”, por el cual muchos integrantes fueron galardonados. Esta película- estrenada post-mortem- fue dedicada a su memoria.

Olinda Bozán fue una actriz singular que plasmó, seguramente, uno de los capítulos más sobresalientes del entretenimiento. Desde estas líneas, le brindamos a la popular actriz un humilde reconocimiento por su enorme aporte a la industria del espectáculo argentino .
 

Artista integral y autodidacta que brilló allí donde estuvo. (Foto Archivo Crónica)

NOTA COMPLETA

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