May 232021
 

@RFilighera

El apodo de “Leona” le va a la perfección. Más allá de los éxitos, la enorme popularidad y las bellas instancias que le regaló su profesión, diversos momentos pusieron a prueba su bravura: la muerte de Anita, su madre, de su ex pareja Santiago Bal y la enfermedad de Federico -pudo vencer al cáncer- la instalaron en una ruta de tan difícil tránsito como caminar sobre el filo de la navaja. Y como rezan, por otra parte, algunos textos indios, el camino de la salvación va acompañado de grandes desafíos. 

Como si esto fuera poco, estuvo afectada hace poco de este gran mal que azota a la humanidad, el coronavirus, que la llevó a pasar varios días en terapia intensiva. Sin embargo Carmen Barbieri, universo mediante, pudo superar esta circunstancia y, al poco tiempo, retomar su participación en ese enorme éxito televisivo que es “MasterChef Celebrity 2“. Sobre toda esta problemática y mucho más, la actriz se confesó a corazón abierto con DiarioShow.com.

 

-¿Cómo definís tu paso por “MasterChef Celebrity 2”?

-No tengo dudas que era el remedio que me faltaba para ponerme de pie luego de mi internación y volver, en consecuencia, a ser Carmen. Y se fueron dando cita todos los perfiles de mi personalidad: la intensa, la divertida, la creativa y la que suele extraer conejos de la galera: la Carmen de siempre.

-¿Con qué participantes generaste más química?

-Hay muchos participantes maravillosos. Fuimos rivales en la competencia y muy queribles en lo cotidiano. Te puedo citar a Georgina (Barbarossa) que es mi hermana de la vida y Sol Pérez, una chica a quien quiero muchísimo y con la que he trabajado, además. Por otra parte, me encanta Juanse, y la Chepi me genera una enorme diversión. Pero, en realidad, no quiero ser injusta con nadie; con todos he logrado tener una vibración muy especial. Y quiero resaltar la generosidad y el don de gente de cada uno de ellos.

-¿Tu opinión del jurado?

-Te lo digo con absoluta sinceridad: el jurado es maravilloso, son chefs de jerarquía, muy divertidos en cada una de sus intervenciones. Son los hombres de las mil caras y que expresan todo de diferente manera y se hacen entender.

Aunque duró solo 4 semanas, la pasó muy bien en “MasterChef Celebrity 2”.

-La televisión argentina se ha volcado de lleno a lo culinario, ¿Qué pensás de eso?

-Yo entiendo que la televisión nacional y la del mundo, siempre, le dieron importancia a los programas de cocina. En este momento, que vivimos esta terrible emergencia sanitaria, este tipo de ciclos divierten mucho y, a su vez, te hacen emocionar, no es poca cosa para el presente. Esto es lo que necesitamos y por eso tienen el rating que tienen. Y más allá que soy una persona que consume bastante la actualidad informativa, me encanta -como al resto de la gente- vincularme con este tipo de propuestas que nos alejan, por un rato, de la vorágine cotidiana.

-¿A qué se debe este fenómeno?

-Hace unos días, en la calle, una mamá llevaba a unos chicos de unos 8 años y me pararon para saludarme a la distancia y yo pensé que me habían identificado como la mamá de Federico. Pero no. Me conocían por “MasterChef”. Hasta los chicos consumen los programas de cocina. Es muy divertido ver cocinar y todo lo que se genera en derredor de este ámbito que genera mucha empatía y en el que se hacen presentes las dificultades, las torpezas y el humor, por sobre todas las cosas.

 

-Habría que brindarle un reconocimiento a Doña Petrona C. de Gandulfo.

-¡Qué bello personaje! Hace poco me regalaron un libro enorme con todas sus recetas. Y ahí, más allá del conocimiento en la materia, se refleja el amor, el sentimiento y la diversión que se debe emplear en esta actividad. Hay que nombrarla más a Doña Petrona, buena cocinera de hogar, con ese aroma hogareño, que nos lleva a recordar a las inolvidables mujeres de nuestras familias.

 

RESPIRAR HONDO

-¿Que te dejó la pesadilla del coronavirus?

-Me ha dejado muy marcada en todo sentido. Los miedos, aunque uno los evite, siempre están ahí. La pasé muy mal y estuve al borde de la muerte. Una pesadilla muy difícil de borrar de la mente. Cuando el doctor me dijo que me iban a llevar a terapia intensiva comprendí que se venían horas complicadas y que me iban a intubar, inevitablemente. Tenía mucha fiebre y me costaba respirar. Lo primero que le pedí al doctor que me dejara el celular porque quería escribirle a Juan Curubeto, mi mánager y abogado. Debía redactarle una serie de cosas a mi hijo, mi secretaria Penca, mi prima Adela, también, a Sandra Domínguez para que se quedara con mi perro Rey, que había rescatado de la calle. No sabía, cómo iba a salir de esta situación, entonces, dejé como una suerte de testamento. Una vez que lo hice y que me lo permitió el médico, le entregué el teléfono a mi secretaria.

-¿Estuviste consciente, en la etapa más álgida, de algo así como otra “dimensión”?

-Cuando estuve en coma inducido tuve varias charlas con una japonesa hermosa que decía que era mi nueva amiga. Estábamos en una habitación con paredes plateadas, con mucha luz y ella decía que conocía plenamente mi vida. Se refería bastante a mi abuelo (Guillermo Barbieri, compositor y guitarrista emblemático de Carlos Gardel). A todo esto, yo movía la cabeza como una manera de responder y escuchaba las voces de los médicos que me decían, una y otra vez, que me quedara quieta porque iba a tirar el respirador. En realidad, yo pensaba que me estaba hablando la Muerte y le quería responder, no quería nuevas amigas y ¡menos a la Muerte! Y estaba peleando por mi vida.

Carmen Barbieri

-Se dijo que también sentiste la presencia de una Virgen.

-En un determinado momento yo miraba hacia la izquierda y observaba la presencia de mi mamá. Como siempre, bien arreglada y mirándome, como de costumbre, muy seria. Me asustaba la seriedad de mi mamá. Me hacía notar que estaba grave. Se trataba de una seriedad de preocupación. Y, en el otro extremo, el derecho, estaba una Virgen parada y no era la Virgen de Guadalupe, de la que yo soy devota. Por el manto blanco que tenía, creo que se trataba de la virgen Milagrosa o de la de Lourdes, esto no lo puedo precisar. Pero si puedo dar testimonio que tanto mi mamá, como la virgen estuvieron mucho tiempo. Es lo que percibía cuando podía abrir los ojos: una luz muy potente que emanaba del techo de la habitación y, a los costados, mi mamá y la virgen.

“Estando en coma, veía una luz muy potente que emanaba del techo de la habitación y, a los costados, mi mamá y la virgen”

-¿Cuándo pensaste que podías torcerle la mano a la muerte?

-Fue cuando los terapistas me pusieron boca abajo y me bajaron la sedación, escuché que me decían: “Carmen nos vas a tener que ayudar un poquito”. Sin embargo, mis intentos de respiración natural eran cada vez más complejos y la ayuda mecánica (el respirador) no estaba aportando mucho. Me dieron vuelta, entonces, y yo hice también lo que pude para poner la cabeza a un costado por el tubo. No sé, realmente, cuánto tiempo estuve en estas condiciones creo que quizás dos días. Mis respuestas tenían como único objetivo hacerle caso a los médicos y a los enfermeros. Ellos estaban luchando conmigo por mi vida, a la par. Cuando me pusieron el respirador perdí el contacto con la realidad. Fueron alrededor de 15 días que permanecí en “stand by” (modo de espera o en reposo). Nunca le dicen los médicos a un hijo que su mamá se está muriendo. Cuando, en ese momento, Fede preguntó si estaba grave le contestaron que me encontraba en estado crítico y que es, en definitiva, más complejo que grave. Fue en ese momento que decidió dejar el delantal de “MasterChef” cuando me estaba reemplazando. Estaba gravísima. Pobrecito, sé que la pasó muy mal.

Madre e hijo, cada vez más unidos. (Foto: Crónica – Fernando Pérez Ré)

-Hablando de Fede, ¿Cómo lo ves hoy? 

-Federico, hoy por hoy, está solo, no tiene pareja y no está saliendo con nadie. Pensé que en su casa de Ingeniero Maschwitz, en el barrio cerrado, solo con su perro, le iba a dar tristeza. Sin embargo, todo lo contrario. Me dijo que está feliz; saca al perro todos los días, hace algo de actividad física, se encarga de tareas clásicas del orden de una casa. Él me dice que se encuentra muy bien en ese lugar y que ha descubierto cosas maravillosas en las que antes no reparaba, como un simple amanecer y el anochecer. Está feliz y para mí eso es muy importante.

-¿Un deseo especial para el universo?

-Mi deseo es que podamos recuperar nuestra salud, antes que nada y después el trabajo. Recuperar las cosas simples y bellas de la vida. ¿Cuánto hace que no nos reímos a carcajadas? Esa risa que no se puede contener. Ojalá lo podamos lograr en tiempos cercanos.

Por R. F.

La Leona sigue superando desafíos.

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