Jul 152021
 

Antes de nacer como un programa de televisión, El club de las divorciadas fue una película de 1996 protagonizada por Bette Midler, Goldie Hawn y Diane Keaton. La historia giraba en torno a tres mujeres cuyos maridos las habían dejado por chicas más jóvenes. En el tránsito del duelo pasaban por diversos estados: de la venganza al autodescubrimiento, sentando las bases de un nuevo porvenir. Eso sí, siempre juntas.

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Cuando el 14 de junio debutó por la pantalla de eltrece el programa conducido por Laurita Fernández, la premisa iba por carriles parecidos. Nueve mujeres con historias de vida convenientemente seleccionadas por su dureza se ubicaron en una tribuna buscando contención, respuestas a preguntas que la vida les había echado a la cara sin previo aviso. Del otro lado del estudio tres especialistas: una abogada para aportar asesoramiento legal, un psicólogo para destrabar conflictos internos y una sexóloga para apuntalar la autoestima y el goce. ¿Qué podía salir mal? Por lo visto, casi todo.

Si algún distraído se enganchó con El club de las divorciadas recién ahora -es decir, a tan solo un mes de su debut-, pensará que el párrafo anterior es ciencia ficción o más bien consecuencia de una alucinación. Porque de aquellas mujeres que acudieron para sanarse a sí mismas ya no hay noticias. Seguramente sigan el proceso, pero desde el living de su casa. Ya no hay reuniones, “viernes de alta” (segmento en el que el trío de profesionales evaluaba a las participantes) ni salón de espejos con una voz en off haciendo preguntas incómodas. Nada de nada. Ni las sillas, que tenían un código de color de verde a rojo para dictaminar lo saludable de su ocupante, quedaron enchufadas. Y a juzgar por el nuevo plantel, capaz que hasta es mejor.

En tiempos donde los canales no esperan a la audiencia, sino que volantean apenas el número de rating queda por debajo de lo esperado, a dos semanas de su presentación en sociedad “las divorciadas” comenzaron a mutar a “famosos en crisis”. Y en el medio Laurita apelando a sus recursos como conductora mientras a su alrededor el formato comenzó a agrietarse irremediablemente.

De los sillones de los expertos desaparecieron Alessandra Rampolla (luego de rumores de tiras y aflojes con Fernández que ambas desmintieron) y la abogada Viviana Koffman. Sobrevivió el licenciado Gabriel Cartañá y no es de extrañar, porque entiende tan bien el juego televisivo que su impronta pide a gritos programa propio. Del resto ni el recuerdo. De una semana para la otra, a las divorciadas les cancelaron la membresía al club.

Con el correr de los días y de los programas, a Magalí Mora (única historia mediática presente desde el debut) se sumaron Gustavo Conti, Ximena Capristo y Martín Baclini para ofrecer más de lo mismo. Y una semana después, Luisa Albinoni, Adriana Salgueiro, Andrea Campbell, Christian Sancho y Matías Alé, entre otros habitués de programas de espectáculos. La asesoría legal contó también con caras conocidas como Fernando Burlando, César Carozza o Ignacio Trimarco.

Así nació de entre los famosos y al decir del programa, una suerte de “consejo” que “aconseja”. Aunque en realidad lo que hacen es opinar de acuerdo a los puntos que calzan y de paso enfrentarse entre ellos con ese enojo exagerado tan sinónimo de la televisión de los últimos tiempos.

Con el cambio de troupe también hubo cambio de temas. De “Se separó hace 12 años y no puede olvidar a su exmarido” o “Le fue infiel a su novio con su suegro” de los inicios, a “La estafa que involucra a Ricky Martin y Maluma” o “Graciela Alfano le contesta a Matías Alé” de los últimos días.

Mientras el equipo capea la tormenta de frente, se embarra hasta la rodilla y manotea lo que puede como puede, el número de rating promedia 5 puntos y décimas, con algunos días mejores y otros peores. Tal vez sea momento de volver al club y dejar de lado la sociedad de fomento porque mientras el canal quiera tiempo de levantar cabeza siempre hay. Las que se agotan son las opciones… ¡y los tiempos!

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