Jul 152021
 

La industria automotriz, la textil (o lo poco que queda de ella), y juguetes. Son solo tres de los sectores que miran con preocupación los posibles avances en una mayor apertura del Mercosur. “Tenemos hechos estudios de impacto económico y en todos los escenarios perdemos”, dicen fuentes del Gobierno cuando se les pregunta por qué la Argentina se resiste a la baja del Arancel Externo Común (AEC) y a la posibilidad de que los países del Mercosur puedan hacer acuerdos con terceros países. “Avanzamos con el 75 por ciento del nomenclador (con una propuesta de rebaja del 10 por ciento en los aranceles) pero no podemos continuar porque las cuentas no nos dan si seguimos reduciendo aranceles”, aclaran.

Esto genera un cortocircuito entre la Argentina y sus socios del Mercosur, sobre todo Brasil y Uruguay, Pero, ¿por qué estos dos países están en la vereda de enfrente? “Brasil, por una cuestión ideológica aperturista, que va en contra de sus mismos empresarios industriales, y Uruguay porque tiene una industria más chica, no está en nuestra misma posición”, dicen allegados al Gobierno.

Andrés Civetta, economista de Abeceb, asegura que los resguardos tienen que ver con la industria en general, como metalmecánica. “Brasil es el principal mercado de la Argentina. Si se va a un esquema de apertura, el riesgo para la Argentina es competir contra otros destinos y que se vean afectadas las exportaciones industriales. El arancel a Brasil es 0% y a terceros países es del 20 % aproximadamente”.

La rebelión uruguaya

Fue Uruguay quien pateó el tablero de una manera mas notoria, y difundió, poco antes de las últimas reuniones del Mercosur bajo la presidencia argentina, que tenía un plan B si es que la rueda seguía sin girar. Ese plan es avanzar por su lado, sin romper con el Mercosur, aunque todavía no hay detalles de cómo planea hacerlo.

“Hace 20 años que Uruguay pide flexibilidad, es decir, una mayor inserción internacional”, publicó la revista uruguaya Búsqueda. “El objetivo del presidente Lacalle Pou es que cada país negocie acuerdos comerciales con terceros de manera separada, algo prohibido por la decisión 32/00”. Sin embargo, el diario El Observador agrega que esta declaración no fue incorporada al ordenamiento jurídico del bloque, y por lo tanto Uruguay tiene libertad de acción.

Desde el otro lado del Río de la Plata, el economista uruguayo Aldo Lema, explica que el gobierno de su país interpreta que la decisión no es una norma jurídica, y no se impone la necesidad de la autorización del resto de los miembros para negociar con terceros países. De alguna manera, los equipos técnicos de ese país parecen haberle encontrado la vuelta para abrirse a otros mercados. Habrá que ver si sus pares acompañan.

“Uruguay viene de un período de bajo crecimiento económico desde 2015 que se agrava con la pandemia. Hay consenso a nivel técnico de que requiere una mayor inserción externa. Su crecimiento es hacia afuera de la región. Necesita otros mercados, como China, el Reino Unido y otros países con acuerdos potenciales”, analiza Lema. ¿Qué buscan? Que los terceros países le bajen los aranceles para poder colocar sus productos de manera más competitiva.

No hay ejemplos de países pequeños que se desarrollen sin inserción externa”, dice Lema. “Está la necesidad de muchos sectores que enfrentan aranceles altos para ingresar en China, en Europa. Estos mismos sectores en Chile no tienen esta dificultad. Esto genera un problema de competitividad para Uruguay”. Los sectores agroindustriales, laneros, lácteos, de la carne, forestales y los granos “se enfrentan a aranceles con China que podrían disminuir a través de acuerdos por países. En el caso de la carne roja, por ejemplo, Uruguay tiene una desventaja competitiva con Australia y Nueva Zelanda ligada a acuerdos que tienen con China”.

El statu quo puede ser un negocio para el país pero no para el bloque

Para el país oriental, el Mercosur está estancado desde el punto de vista comercial y además es muy volátil. “La peor combinación”, dicen. “Brasil y la Argentina son de los países mas cerrados a nivel global, y eso los ha condicionado a un crecimiento mediocre”, afirma Lema. Por otro lado, Uruguay ve una ventana con un haz de luz: nota un cambio en la política de Brasil que podría lleva a una mayor apertura. “El Arancel Externo Común es el doble del estándar internacional y 12 veces más del que tiene Chile. Necesitamos que baje para la importación de insumos y productos que participan del proceso del exportación” agrega Lema.

De todas maneras, Uruguay no se plantea abandonar el Mercosur, o, mejor dicho, se lo planteó alguna vez pero “los costos de romper son mas altos. Debería permitirse a algunos de los socios tener su propia estrategia”, finaliza. La Argentina también descree de la posibilidad de que se rompa el Mercosur. “No hay margen para eso”, aseguran fuentes oficiales.

En la mentalidad uruguaya el problema gira alrededor de una línea de pensamiento: cuando hay apertura económica, en el corto plazo hay sectores ganadores y perdedores, pero a la larga si una economía se abre y es competitiva, sale ganando.

No es el momento

La posición argentina está lejos de esta premisa. “Creemos que la discusión se puede dar, pero no de manera unilateral sin negociación de por medio. Si se da la posibilidad de negociar con un país, podemos estudiarlo y poner a nuestra industria a competir, pero siempre que ese país nos de algo a cambio, es decir, si nos abre un mercado. Entonces, lo que perdemos por un lado, lo ganamos por otro”, aseguran desde el Gobierno.

Además, hay una fuerte impronta en responder a los cuestionamientos con el argumento de que en plena pandemia, no es momento de exponer a la industria a cambios que pueden perjudicarla.

“Uruguay depende cada vez mas de China y menos del Mercosur, pero hay que ver cuál es su propuesta concreta. Con Corea del Sur, por ejemplo, aceptamos el esquema de dos velocidades para que Brasil y Uruguay pudieran avanzar y no avanzaron. La pandemia complica todo”, explican desde Cancillería.

Al respecto, el secretario de Relaciones Económicas Internacionales, Jorge Neme, dijo en declaraciones radiales que “Corea no tiene voluntad de abrir sus fronteras a la producción agropecuaria y a los bienes agroalimentarios que nosotros producimos. Están todos protegidos y no solo por aranceles sino por el sistema fitosanitario de defensa de Corea. Nosotros llevamos 16 años haciendo trámites para lograr el certificado fitosanitario de Corea sobre un producto que exportamos a más de cien países del mundo y no lo conseguimos. Esto son los que se llaman barreras para arancelarias. Entonces nos apartamos y les dijimos que continúen, y ¿qué pasó? Prácticamente no lograron avances en más de un año en el marco de la pandemia”.

Neme también dijo que se les pidió a los socios “poner el foco en América Central, en la costa oeste de Sudamérica, la región donde más bienes industriales podemos colocar”. Propusieron “dejar libertad de acción a los países para que avancen. Ahora bien, si se quiere avanzar en un Tratado de Libre Comercio (TLC) con China y Estados Unidos es otra conversación”.

Hacer los deberes

El modelo proteccionista argentino defiende el trabajo, pero se encuentra con la paradoja de que, a través de impuestos que ahogan a la producción y a los empleadores, provocan lo contrario de lo que se quiere estimular: el crecimiento del empleo en negro, que ya supera el 32% de los trabajadores asalariados, y otro tanto de cuentapropistas, el decrecimiento del empleo registrado, y el crecimiento del empleo público.

Pablo Dragún, economista y director del Centro de Estudios Económicos de la Unión Industrial Argentina (UIA), opina que uno de los principales problemas de la Argentina es la informalidad, y que hay que dar los incentivos necesarios para que estas cosas no ocurran. Aclara que es necesario tener un nivel impositivo razonable, y acceder al crédito a tasas también razonables. Agrega que el costo de la logística impacta en la competitividad. “Sin una macro estable y sin un horizonte de previsibilidad es muy difícil salir a competir”, asegura.

Por su parte, Lorenzo Sigaut Gravina, director de Análisis Macroeconómico de la consultora Equilibra, dice que, aunque a través del Mercosur se favoreció que haya un mercado preferencial para los socios, para Brasil la Argentina es un mercado cada vez mas chico, mientras que la Argentina quiere seguir entrando de una manera privilegiada a Brasil.

“El statu quo puede ser un negocio para el país pero no para el bloque”, afirma, aunque entiende el economista que éste es un momento complicado para hacer cambios, sobre todo porque “hay muy pocos países que pueden competir con los famosos tigres asiáticos”.

La industria automotriz y su relación con Brasil

Con una industria automotriz que depende de Brasil, desde la Asociación de Fabricantes de Automotores (Adefa) declaran que están “expectantes”, sobre todo porque con el cambio de presidencia del Mercosur a Brasil, quieren esperar el desarrollo de las negociaciones para hacer declaraciones.

En junio, según los registros de Adefa, la producción nacional de vehículos alcanzó las 40.035 unidades, 14,5 % más que mayo y 155% por encima del volumen de junio 2020. Las automotrices exportaron 22.737 vehículos, es decir, un 14 % por encima de mayo, y creció 230 % con respecto al volumen que se registró en junio del año pasado. En el acumulado de los primeros seis meses del año, las terminales automotrices exportaron 107.877 unidades, un 102 más respecto de las 53.222 unidades que se enviaron a diversos mercados entre enero y junio del año pasado.

En 2020, en plena crisis por la pandemia, el sector automotriz fue el tercer complejo exportador de la Argentina, detrás de la soja y el maíz. Hizo envíos al exterior por US$4309 millones, un 39% menos que en 2019. Los principales mercados fueron Brasil a donde exportó por US$2882 millones; en un lejano segundo lugar Perú, por US$188 millones y en tercero, Chile, con US$161 millones ingresados a la Argentina por exportación.

Desde la consultora Abeceb, Andrés Civetta, economista especializado en el mercado automotor, explica de qué se trata el régimen especial que tiene el sector, que está por afuera del Mercosur. Se trata de un acuerdo bilateral con Brasil. “El sector automotor se rige por un acuerdo diferente. Se trata del Acuerdo de Complementación Económica (ACE14), mientras que el Mercosur se rige por el ACE18. El ACE14 es un acuerdo sobre la política automotriz común entre Brasil y la Argentina que rige hasta el 30 de junio de 2029″.

En el período del 1° de julio de 2020 hasta el 30 de junio de 2023, el valor de las importaciones y exportaciones entre las partes, de los productos administrados, deberá observar un coeficiente de desvío sobre las exportaciones del período – flex– no superior a 1,8. Es decir que por cada dólar que le vende la Argentina a Brasil, el país vecino podrá a su vez venderle no más de 1,8. Este coeficiente de desvío crecerá paulatinamente hasta alcanzar los tres puntos en 2029.

Por otro lado, mientras que la Argentina y Brasil comercian con un arancel del 0%, el Arancel Externo Común para los vehículos es del 35%. Es una protección bastante fuerte y ha sido un éxito, porque se ha desarrollado fuertemente a la industria desde los 90 en adelante”, afirma el economista.

“Es favorable para la Argentina, pero Brasil viene bregando por aumentar ese coeficiente e incluso ir hacia el libre comercio, lo que puede suceder en 2029. La Argentina se opone al libre comercio. El mantenimiento del coeficiente ha permitido el desarrollo de la industria ya que la estrategia de las terminales automotrices es tener producción para los dos países”, afirma Civetta. “Este comercio administrado hizo que se generen especializaciones en la región. Brasil es un mercado que desarrolla autos a menor precio y la Argentina pick ups de mayor valor”. •

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