Jul 152021
 

Hace buen tiempo que entre los socios discuten sobre el Mercosur. Conviene preguntarse -más allá de la coyuntura, las anécdotas y las herramientas dialécticas- por qué ocurre esto.

Y puede suponerse que lo que ocurre es que en el dinámico mundo actual todo requiere actualización. Han transcurrido treinta años desde la creación del bloque y cambiaron muchas cosas.

Cuando el Mercosur fue creado (1990) las exportaciones de todos los países en el mundo equivalían al 19 % del producto bruto planetario, mientras que en la actualidad equivalen a 29%. Del total de comercio internacional mundial, que ronda los 26 billones de dólares anuales, casi 60% ocurre entre países que han celebrado acuerdos de reducción reciproca arancelaria (en el tiempo en el que se creó el Mercosur solo 5% del total se producía dentro de pactos comerciales).

La composición de las exportaciones planetarias mutó y es mucho más relevante hoy la participación de los servicios en el comercio internacional total que hace treinta años: la estadística de la OMC revela que el comercio internacional total de servicios compone un cuarto del comercio total; pero un trabajo del McKinsey Global Institute revisa la “vieja” metodología y asevera que hoy más de la mitad del total está compuesto por servicios no advertidos por viejos procedimientos de medición.

Son más de 13 billones de dólares, dentro de lo cual además de los algo más de 5 billones de dólares de comercio de servicios tradicionales reconocidos por las estadísticas, hay más de 4 billones de dólares de servicios insertos en bienes y más de 4 billones de dólares de servicios digitales transfronterizos y en creación de valor por intangibles corporativos.

Dice WDR -en base al Banco Mundial- que ese comercio de servicios está relevantemente compuesto por nuevas prestaciones basadas en datos (mas de un tercio del total) cuando en 1990 ese tipo de intercambios era muy poco relevante.

El Mercosur no acompañó la evolución: esencialmente se concentró solo en eliminar aranceles al comercio de bienes entre sus socios y mantener un elevado arancel externo común hacia terceros.

Se trata de un arancel externo que se mantiene en niveles similares a los del tiempo de la fundación del acuerdo, cuando en el planeta, según el Banco Mundial, el arancel promedio descendió (en treinta años) de 15,02% a 5,17%. La principal razón de ese descenso del arancel promedio en frontera es la proliferación de acuerdos de apertura reciproca que diversos países en el globo han generado: de unos 50 acuerdos vigentes hace 30 años se ha llegado a casi 350 en la actualidad. Los países del Mercosur, mientras tanto, han logrado pocos nuevos pactos en ese lapso más allá del propio bloque, lo que los ha puesto en desventaja competitiva.

Un ejemplo de la evolución a la que no concurrió el Mercosur es que -según un trabajo reciente de Roman Stollinger y Julia Grubler- a diferencia de lo que ocurría hace treinta años (cuando el Mercosur se creó) hoy la referencia a aranceles en los pactos entre países es solo del 20% del total y el restante 80% del contenido de los acuerdos celebrados ahora se refiere a estándares comunes, normas sobre comercio de servicios, protección de inversiones, regulaciones para garantizar la competencia y garantías en materia de propiedad intelectual. Mas aun: dice el trabajo referido que mientras solo 5 tratados de hace 30 años tenían normas sobre protección ambiental hoy hay mas de 90 vigentes con estas regulaciones.

Una consideración al tipo de institucionalidad es también relevante. El Mercosur se creó bajo la rígida formalidad de la unión aduanera (la que precisamente hoy está siendo observada por Uruguay y Brasil) pero, según un trabajo de la OMC, de todos los pactos internacionales vigentes en el planeta solo 6% se ha organizado bajo el modelo de unión aduanera, mientras que los países han elegido en mucho mayor cantidad otras vías más flexibles tales como acuerdos de libre comercio (44% del total) o de acuerdos de libre comercio vinculados con acuerdos de integración (29%).

El comercio internacional ha cambiado sustancialmente en treinta años y el Mercosur padece los embates de la modernidad. Desde 1990 numerosísimos nuevos productos han ingresado en el comercio transfronterizo total cambiando la fisonomía del mismo de modo sustancial, a tal punto que según UN Comtrade el 65% del total de productos que atraviesan las fronteras hoy no existía o tenía condiciones sustancialmente diferentes hace treinta años.

El Mercosur tampoco logró alisar el terreno propio y las diferencias internas (con la recurrente aparición de obstáculos no arancelarias entre los propios socios) hoy dificultan intramercado algo que es más relevante ahora que hace 30 años: la conveniencia de confluencias vinculares sistémicas y transfronterizas entre empresas. Las cadenas globales de valor están mutando hacia lo que Rod Adner llama “ecosistemas de empresas” entendidos como alianzas de interacción de organizaciones productivas en red que invierten, planifican, comparten conocimiento y deciden asociadas (“una estructura alineada de un conjunto multilateral de socios que necesitan interactuar con un foco de valor común”, sostiene el autor citado) y un pacto de integración actualizado requiere una plataforma generosa que apunte más allá de una mera pauta arancelaria común y asegure dinamismo y escasez de obstáculos varios, que el bloque hoy no garantiza.

Lo que vemos en plena discusión ahora no es más que efecto de la evolución que una institución no ha seguido. En la Argentina nos cuesta el movimiento hacia adelante pero cuando hay socios extranjeros la dificultad se nota más.

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