Jul 152021
 

La mayoría lo anhela, pero no lo cree posible: el sueño de vivir en una casa propia, para los argentinos es algo cada vez más lejano. Es que la caída del ingreso real en términos de compra inmobiliaria y la inestabilidad macroeconómica del país, se suman a que, actualmente, el crédito hipotecario es una opción prácticamente inexistente para el acceso a la vivienda. En este contexto, para los jóvenes de entre 18 y 30 años, acceder a una propiedad es directamente una utopía.

Los créditos son una de las herramientas más comunes y extendidas en la mayoría de los países del mundo para promover el acceso a la vivienda propia. En la Argentina, las crisis, devaluaciones y la alta inflación estructural hicieron inviable la financiación a largo plazo. El análisis se desprende de un nuevo informe de Reporte Inmobiliario, que pone en evidencia que, en la ciudad de Buenos Aires, la cuota a pagar por un crédito hipotecario por la financiación del 80% del precio de un departamento usado de dos ambientes es más alta que el ingreso total de un trabajador registrado, considerando incluso el proporcional de adicionales, vacaciones y aguinaldo.

Los datos corresponden a mayo y arrojan que, acceder a un crédito de $10,35 millones para la compra de una unidad de 42 m² exige el pago de una cuota inicial de $87.364. A su vez, el valor de la hipoteca sobrepasa en $1415 la remuneración bruta promedio registrada y requiere contar, además, con otros $2,6 millones de pesos -como mínimo- para sumar el 20% que el banco no financia y alrededor de otro millón adicional para cubrir honorarios de comercialización y escrituras.

El informe remarca otro dato inquietante: para acceder a ese crédito hace falta demostrar ingresos por casi $350.000 pesos mensuales, lo que implicaría nada menos que multiplicar por cuatro el salario promedio bruto registrado. “No es una opción para la gran mayoría de los argentinos comprar una propiedad con su salario, aún hipotecándose a altísimas tasas de interés real y a plazos de 20 años”, señala Germán Gómez Picasso, fundador de Reporte Inmobiliario.

“Esto pasa porque estamos en un país con una inflación muy alta y es imposible dar créditos con una tasa acorde a la que se necesita para un crédito hipotecario”, explica el especialista en diálogo con LA NACION. “Es muy complicado y más después del reverdecer que hubo con los créditos UVA. Vale destacar que, quien tomó uno, hoy está en una posición más beneficiosa a que si siguiera siendo inquilino”, sostiene.

Créditos con historia

Los créditos hipotecarios ajustados por índice UVA nacieron en 2016, durante la gestión de Mauricio Macri. Se presentaban como una ventaja por su facilidad de acceso, ya que la cuota era similar al valor de un alquiler. Además de esa época, según Gómez Picasso, en la historia del país hay pocos momentos en los que se fomentó el acceso a créditos de ese tipo. “En los 90, por ejemplo, uno podía acceder a uno pagando una cuota similar al valor del alquiler”, ejemplifica.

“Hoy la Argentina tiene un nivel bajísimo de créditos sobre el PBI, está en los mínimos históricos”, sostiene en el mismo sentido el economista especializado en vivienda Federico González Rouco. “Con los UVA llegamos a 1,5% y otros países de la región tienen entre 4 y 8% y Chile está en 27%”, puntualiza. Según señala, la mayoría de los bancos hoy no ofrecen créditos hipotecarios porque ven que la gente no puede acceder a ellos y, además, “porque hay mucha incertidumbre y tienen miedo de sacar un plan para que luego los obliguen a congelar el valor de las cuotas. No tienen ganas de tomar esos riesgos”, afirma.

En esa línea, plantea que el crédito “es una herramienta importantísima del Estado” y asegura que el objetivo sería “dar opciones para que cada uno elija si quiere alquilar o comprar”. Para los especialistas, el panorama no mejorará en el corto y mediano plazo. “Para revertir la situación tiene que bajar la inflación y tiene que haber tasas de interés bancarias que se puedan aplicar a créditos. En uno o dos años no creo que nada cambie, pero va a depender mucho de cómo siga la economía argentina”, anticipa Gómez Picasso.

Por su parte, González Rouco remarca: “Todo lo que suceda está supeditado a que mejore la situación macroeconómica y los salarios. Sin estabilidad e ingresos que crezcan, todo queda trunco”. Además, plantea que una manera de solucionar la falta de acceso a créditos en el corto plazo es la creación de un fondo de compensación para cubrir las diferencias entre el salario y la inflación. “Existe en varios países y, por lo visto, hay cierto consenso porque lo anunciaron desde diferentes espacios políticos en varios momentos”, señala.

La utopía de la casa propia para los más jóvenes

Irse de la casa de los padres es un sueño que cada vez está más lejos para los jóvenes de entre 18 y 30 años. Gómez Picasso resalta que la mayor parte de esa población ingresa al mercado de compraventa cuando “lo que pagan de alquiler se parece a una cuota hipotecaria”, pero cuando no existe esa posibilidad, las opciones se reducen a ahorros, una herencia o la ayuda de los padres. “En los últimos años, en CABA, el 30% de las escrituras se hicieron con créditos o a través de donación. Eso nos muestra la relevancia de la donación y no está bien, porque habla de que está frenada la idea de poder comprar”, plantea González Rouco.

Eso es lo que se desprende de los testimonios de la mayoría de los jóvenes consultados por LA NACION. Manuel, de 29 años, trabaja en una empresa nacional y vive junto a su mamá en una casa de la que son dueños. A futuro, no proyecta adquirir un inmueble porque imagina que eso sería “imposible”. Nunca averiguó por la posibilidad de obtener un crédito hipotecario y considera que la única manera de acceder a una vivienda propia es por herencia.

Algo parecido piensa Clara, de 24 años, estudiante de psicología que trabaja como investigadora en una ONG. “No me planteo acceder a una casa propia por ahora, pero sé que si lo hago, será una herencia. Por esfuerzo propio no creo llegar. Tal vez en algún momento surjan créditos, pero creo que será difícil acceder”, asegura. En su caso, se imagina viviendo con amigos o en pareja.

También Delfina, de 23 años, se imagina que, cuando se vaya del hogar familiar, lo hará para vivir con amigos. “Dentro de 10 o 15 años me veo alquilando, pero nunca sola. Proyecto acceder a una casa propia, pero soy consciente de las dificultades financieras para llegar a esto”, plantea la joven estudiante de arquitectura. “Si llego a ser propietaria algún día es porque mis papás me ayudarían bastante para comprar”, agrega y dice que nunca averiguó sobre la posibilidad de acceder a un crédito porque le genera “desconfianza”.

Según una encuesta que realizó ZonaProp, alrededor del 17% de los jóvenes de entre 18 y 30 años argentinos vive con un amigo. Del total de esa población, más de la mitad (52%) asegura que se mudaría con uno si se dieran las condiciones necesarias. Sin embargo, un contundente 83% plantea que le gustaría vivir solo en alguna oportunidad.

Alrededor del 17% de los jóvenes de entre 18 y 30 años argentinos vive con un amigo

Bárbara, de 32 años, es profesora de yoga y vive en una casa alquilada en Chacarita junto a tres amigas más. El día de mañana, espera poder comprar su propia vivienda, aunque no cree que vaya a poder hacerlo en la ciudad. “La realidad a largo plazo es seguir alquilando, sobre todo porque hay leyes que amparan a los inquilinos. No veo que hoy haya otra forma de acceder a una casa”, dice.

También Alan, de 30 años, forma parte del porcentaje de jóvenes que se fueron del hogar familiar para vivir con amigos. El joven médico vive en un PH en CABA. “Nunca averigüé por créditos hipotecarios. Por el momento no me interesa porque no sería la primera opción que consideraría en caso de querer acceder a una vivienda. El país es muy fluctuante y meterte en un crédito es un dolor de cabeza”, sostiene.

Lucía, una abogada de 24 años, vive en una casa junto a su familia y sí está interesada en acceder a un crédito hipotecario. “Averigüé varias veces por los del Banco Provincia y Nación, pero para poder acceder te piden mínimo la mitad del valor de la vivienda en ahorros y para otorgarte un crédito por la parte restante del valor de la vivienda, te solicitan ingresos mensuales que son casi imposibles para una persona con menos de 10 años de antigüedad en un trabajo”, explica. “Me interesa porque es la única esperanza que tengo para poder acceder en algún momento a la vivienda propia. Por el momento, proyecto vivir en un lugar alquilado y con mi pareja”, completa.

En el mismo sentido, Laura, una biotecnóloga de 29 años, cuenta que consideró en varias oportunidades la posibilidad de acceder a un crédito. Actualmente, vive en un departamento en CABA junto a su pareja y, a futuro, proyecta comprar una casa o un terreno para construir. “Todo el tiempo averiguamos para acceder a créditos, pero los que hay actualmente son imposibles para el sueldo promedio de dos personas. Nos presentamos a un Procrear de construcción y no salió. Nos quisimos presentar a otros, pero los requisitos son muy restrictivos”, expresa.

De los testimonios de los jóvenes se desprende que acceder a una vivienda propia, incluso a futuro, es una opción que muy pocos se atreven a considerar. Ante este escenario, González Rouco pone sobre la mesa una idea interesante: “Particularmente, no sé si tiene tanto sentido impulsar a una persona a atar su capital a 25 o 30 años en este contexto más global. Sus momentos en la vida van a ir cambiando y también la propiedad que puede llegar a necesitar. Por eso, está bueno pensar en otros mecanismos de acceso”.

Para el espcialista, la solución para los más jóvenes es “gestionar buenos mecanismos de acceso a la vivienda a través del alquiler”. En esa línea, puntualiza que hoy hay 2,4 millones de inquilinos, de los cuales al menos un millón son personas menores de 35 años. “Si la mayoría de los jóvenes alquila, lo mejor es facilitar eso. Es el primer paso para la emancipación”, sostiene.

En ese sentido, al señalar que en el corto y mediano plazo “no habrá buenas opciones de acceso a créditos”, Gómez Picasso plantea: “La solución más rápida para el problema habitacional es que haya alquileres a precios lógicos en relación al nivel del salario. Para eso tiene que haber más oferta y la nueva ley hizo justamente lo contrario, que muchos se retiraran del mercado. Un buen primer punto de partida sería pensar una norma que sea beneficiosa para propietarios e inquilinos por igual”, concluye.

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