Jul 162021
 

En el siglo digital, en la era del silicio y las livianas superficies de las pantallas, el carbón, su condición oscura y sufrida, parece cosa de demasiados siglos atrás. Pero ni el silicio es tan limpio ni el carbón tan antiguo: basta ver a este hombre, vendedor del carbón con que funcionan muchas cocinas en Puerto Príncipe, Haití. ¿Sabrá que su país, frecuentemente ignorado, por estos días ocupa buena parte de las primeras planas de la prensa del mundo? ¿Le resonará con idéntica fuerza esa palabra tremenda, “magnicidio”? Haití, el lugar que algunos creen maldito por haberse rebelado demasiado pronto, con demasiada furia y certeza, contra el esclavismo, contra la colonia, contra aquellos que le enseñaron La Marsellesa pero no le perdonaron cantarla. Y seguirá el dolor, se repetirá la violencia, y habrá siempre un hombre dejando jirones de vida entre bolsas de carbón.

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