Jul 192021
 

Lionel Messi no tenía títulos con la selección mayor, materia de debates y polémicas de una nación durante años. La mayor recompensa se la había regalado Ángel Di María, con su golazo ante Nigeria en la final de los Juegos Olímpicos de Pekín 2008. Nadie lo podía imaginar, pero el futuro estaba calcando la jugada para repetir la conexión, para que Di María volviera a llevar felicidad -y alivio- a la vida de Messi. “¿Sabés qué me dijo Leo antes de jugar con Brasil? ‘Si llegamos hasta acá, ahora tenemos que ganar la final’. Y Leo la ganó… ya está. Ya era el mejor del mundo, y lo será hasta cuando se termine su carrera; y cuando se termine, también seguirá siendo el mejor del mundo”, cuenta Di María, en tiempos de reposo. Fueron días agitados desde la consagración en Río de Janeiro. La caravana hasta su casa en Rosario; el reencuentro después de 45 días con sus afectos, la fiesta de cumpleaños de su esposa Jorgelina, el tatuaje eterno de la Copa en el cuádriceps de la pierna izquierda… Baja la euforia y crece la sensación de orgullo con el paso de los días.

-Cuando definiste, ¿pensaste en el gol a Nigeria en los Juegos del 2008? ¿Decidiste rápido qué ibas a hacer?

-Bueno, todos ya saben que mi mujer me lo había dicho, ¿no? Increíble. Ella lo vio venir. Pero Masche [Javier Mascherano] también me lo había anticipado: el día después de pasar por penales contra Colombia, Javier me escribió y me dijo que iba a hacer el gol en la final. Pero jamás pensé que iba a ser de esa manera, por arriba. Sí, sentía que si me tocaba jugar, un gol podía hacer. No sé, era un sentimiento, una sensación, pero me daba vueltas. Rodrigo [por De Paul] me dijo que a veces el lateral de ellos se quedaba (Renan Lodi]. Y definí como tenía que definir: me quedó picando, lo vi saliendo al arquero y era así, era por arriba. Lo tenía en la mente apenas controlé la pelota. Salió todo perfecto. Fue como contra Nigeria en los Juegos Olímpicos de China, pero del otro lado. Trece años después, otro gol importante, para ganar un título, con una definición casi casi igualita… Tenía que ser así.

Un apellido, un símbolo; Di María llegó con 15 años a las selecciones nacionales y hoy tiene 33; ¿títulos? campeón del mundo Sub 20 2007, campeón olímpico 2008 y campeón de la Copa América 2021

Solo dos semanas después de darle la segunda medalla dorada olímpica al fútbol argentino con su gol en la final ante Nigeria, Di María debutó en la mayor de la mano de Alfio Basile. Titular contra Paraguay, en River. Solo Coloccini, Messi, ¿Tevez? y él no se retiraron de aquella formación. Sí, ya lo hicieron Abbondanzieri, Demichelis, Heinze, Zanetti, Mascherano, Cambiasso y Riquelme. Ayer era uno de los pibes, hoy es uno de los veteranos. Y durante todos esos años cargó con su cruz. El vacío en la vitrina y las burlas como cicatrices en la piel. Pero el 10 de julio de 2021 se terminó el embrujo. Esa noche hubo una primera señal esperanzadora: la Argentina ocupó el otro vestuario en el Maracaná. No el de las lágrimas y la infiltración en el entretiempo en el Mundial de 2014. No. El otro, el mismo en el que se había cambiado Alemania.

¿Quién es la joya argentina que se va al mercado italiano?

-Pasan los días y, detrás de la felicidad, ¿qué otras sensaciones aparecen? Revancha, paz interior…

-No, no hay revancha, no hay paz interior, no, no. Sólo felicidad siento. Genuina, felicidad. Desbordante si querés, estoy todo el día con una sensación de plenitud. Siento una alegría enorme por mi familia, por todos los que están a mi lado siempre. Ellos fueron los que me bancaron siempre, los que no me dejaron bajar los brazos nunca. Sólo eso siento, felicidad. Ni reproches, ni venganza, ni se lo dedico a nadie. Felicidad por mi familia, por mí, por haber logrado los que tanto deseaba y lo que tanto busqué.

-¿Sentías que era cuestión de tiempo, que si seguías buscándolo el título iba a llegar?

– …No sé si sentía que el premio iba a llegar, en definitiva, eso nadie lo sabe. Sí, sentía que no podía bajar los brazos. Tenía que intentarlo, tenía que forzarlo. Siempre luché, siempre di lo mejor de mi, porque en los clubes que he jugado, si no das el 100 por ciento no jugás. Sólo así me he podido mantener en esa elite. Bajar los brazos no está en mi vocabulario. Realmente yo no sabía si algún día se me iba a dar, sólo sabía que tenía que seguir buscándolo.

-Pero si en esa búsqueda el título no aparecía, las burlas o las críticas podían ser aún peores. ¿Ese fantasma no te desanimaba?

-Los que te duelen son los comentarios que van más allá del juego. Cuando dicen ‘este hijo de puta que no corre, que no juega por la camiseta porque allá gana millones…’ Las críticas están perfectas, pero cuando se pasan es muy doloroso. Las burlas lastiman… Ahora, las burlas ya estaban desde hace mucho tiempo y otra derrota no iba a cambiar nada. ¿Qué podía ser peor? De alguna manera, me había acostumbrado, sabía que más o menos las burlas iban a estar siempre ahí. Pero no podía dejar de jugar por eso. El que se pone la camiseta de la selección soy yo, soy yo el que lleva 13 años en la selección, y entendí que eso era lo único importante. Lo único que siempre me importó fue seguir vistiendo esa camiseta. Y todo terminó como yo lo esperaba.

Las finales en las Copas América de 2015 y 2016. dos recuerdos tortuosas por las lesiones contra Chile antes de las derrotas por penales

-¿Alguna vez pensaste: ‘No juego más en la selección’?

-Por la cabeza se me cruzó muchas veces, pero nunca terminé de confirmármelo internamente ni se lo plantee a alguien cercano. Y creo, más allá de las críticas y las derrotas, que nunca lo hubiese hecho porque la selección es el lugar más importante al que aspira un futbolista. Y cada vez que vuelvo, la disfruto como la primera. Es un lugar único. Cuando llega alguien nuevo, dice exactamente lo mismo que dijimos todos la primera vez que nos tocó estar. Es un privilegio. Es imposible estar mal en la selección. Jugar en la selección es diferente a jugar en cualquier otra parte del mundo. Es muy especial para mí venir a la selección, lo hago desde los 15 años y ya tengo 33, más de la mitad de mi vida llevo en la selección. Si se trata de Argentina, no importa nada. Hay que dar la vida. Mucha gente nos decía que no volviéramos. Y nosotros volvíamos. Algunos días, todavía no termino de caer. Es por lo que soñamos tanto tiempo, por lo que peleamos tanto.

-¿En algún momento te asustaste, pensaste que no te iban a citar más?

-Dijeran lo que dijeran, yo sé que siempre que vestí la camiseta de la selección dejé todo y mucho más. Con errores, con buenos y malos momentos, pero siempre dejé todo dentro de la cancha. Yo trataba de destacarme en el PSG…, y después, cuando pasaban los días, pasaban los meses… y, uno se empieza preocupar. Hasta que me llamó Leo [Scaloni] y me dijo que siempre me tenía en cuenta. Y que con lo que estaba rindiendo en el club, tranquilamente iba a volver a la selección. Que no había nada más. Yo quería ganar algo con la selección y quería seguir intentándolo. Pero no como un capricho, yo sentía que tenía nivel para pertenecer a la selección.

-En septiembre del año pasado saliste con declaraciones duras, estabas enojado…

-Pero nuestra relación con Lionel siempre fue espectacular. Mucha gente habló muchas cosas, dijeron boludeces. Nunca tuvimos problemas. El decía quién venía, quién no, y hubo momentos en los que me tocó estar y otros en los que no. Esa vez que me llamó terminamos llorando, sí. Yo le decía que quería estar, que si el tenía que probar jugadores y a mi debía mandarme al banco, no había problemas. Yo quería estar igual. Le conté que la estaba pasando mal estando afuera, y todo eso te emociona. Yo amo estar en la selección.

El regreso del campeón a casa: su mujer. Jorgelina, junto con las pequeñas Mía y Pía, y las Copas América a escala como MVP de la final en el Maracaná

-En 2014 te eligieron el mejor de la final de la Champions y fuiste decisivo para que Cristiano Ronaldo la ganara con Real Madrid. Ahora te eligieron el mejor del final de la Copa América y resultaste determinante para que Messi finalmente fuera campeón…

-Leo no necesitaba esta Copa, pero se le terminó dando, como a mí. Se le dio lo que tanto deseaba, y ahora si, basta, ya no hay señalamientos, cuentas pendientes ni nada. Ya no puede haber nadie ahí escondido diciéndole nada. Ya está, ¿no? Estoy muy contento por él, por su familia, por verlos tan felices.

-¿Te asustaste por el tobillo? Te imaginarás cuál fue la reacción de todo el mundo cuando quedaste en el piso…

-Sí, claro que me imagino. Y sí, me asusté con el tobillo porque sentí como que algo se había desprendido, como roto, había sentido un ruido. Cuando entraron los doctores, ellos querían que saliera. Dani [Daniel Martínez, el médico de la selección] quería que salga rápido. Empezó a hablarle al cuerpo técnico mientras yo estaba tirado, le decía que estuvieran atentos, que tuvieran cuidado. Como advirtiéndoles del cambio, y yo le decía: ‘No digas más nada que no voy a salir, que me voy a quedar y voy a seguir jugando’. En el entretiempo me siguieron hablando y les dije que la cortaran porque no iba a salir, iba a seguir, iba a seguir e iba a seguir Y la banqué hasta donde más pude, hasta que el dolor se hizo imposible y entonces sí, pedí salir. Después, cómo quedó mi tobillo también ya lo vieron todos por las redes.

Messi, la Copa América y Di María... una búsqueda durante años

-Y ahora Ángel, con la sensación del deber cumplido…, ¿ya está?

-Nooo, no. Ahora quiero seguir más que antes. Ahora quiero seguir, se vienen los partidos de las eliminatorias, queda un año y nada para el Mundial. Creo que demostré que merezco estar, que sigo mereciendo estar, que estoy en un gran nivel. Y seguiré peleando para estar. Que nadie lo dude. Ahora, más que antes. Sin antes quería estar, ahora es el doble. Se vienen septiembre, octubre y noviembre con muchos partidos por las eliminatorias y no me los quiero perder. Primero, llegar al Mundial, y después quiero estar en ese Mundial. Ahora voy por Qatar. Yo no cierro puertas nunca. No me las cerré cuando estaba todo mal, menos lo voy a hacer ahora. Lo diré siempre: a la selección nunca se le dice que no. No me voy a querer ir más. La puerta de la selección me la va a tener que cerrar alguien, yo no.

-Simeone, Zanetti, Ayala, Mascherano, Messi y después vos, entraron en el club de los 100 partidos en la selección. Durante la Copa también se sumó Agüero. Llevás 111, pasaste al ‘Cholo’, estás a tiro de Ayala (116)…

-Jamás imaginé algo así, jamás, jamás… No sé ni cómo explicar lo que me genera. Pero como dice Leo, todos cambiaríamos cualquier marca por un título. Claro que, cuando el título llega, esas marcas personales que ya te llenaban de orgullo se vuelven inolvidables. Estar con esos cinco, seis jugadores…, hace años ni lo hubiese soñado.

-Y con el tanto en la final llegaste a 21 y te metiste en el top10 de goleadores históricos de la selección.

-Sí, sí… y necesitaba un gol. El último había sido el que le convertí a Francia, el día de la eliminación en el Mundial de Rusia. Esta Copa América también me dio esa posibilidad. Si al grupo le va bien, las marcas personales llegan solas.

-¿Cómo queda ahora el podio de partidos en tu vida de selecciones?

-En orden: el Maracaná primero, sin ninguna duda. Segundo, la tarde del gol contra Suiza. Y tercero, el gol a Nigeria en Pekín.

Di María, Scaloni... y la intimidad del día que terminaron llorando en una charla telefónica

-Te dirigieron Mourinho, Ancelotti, Van Gaal, Laurent Blanc, Emery, Pochettino…, y Basile, Maradona, Sabella, Martino… ¿Quién es Scaloni como director técnico?

-Fue jugador, y fue jugador hasta hace pocos años. Sabe lo que el jugador quiere y necesita. Después, en la cancha sabe mucho. Y tiene gente que lo rodea, como Walter [Samuel], Ayala, Pablo [Aimar], que conocen mucho de fútbol, que dejaron una marca en la selección y saben de qué se trata estar en la selección.

-¿Hablaste con Neymar, lo saludaste, cruzaste mensajes después de la final? Alguna vez se refirió a vos en su Instagram como ‘Di Magia’

-Hablamos un ratito, todo tranquilo Era una final, se gana y se pierde. Le tocó perder, me tocó ganar. Nada más. Ney es un amigo.

-En 2014, Martino dijo que estabas entre los 5 mejores jugadores del mundo. Hace muchas temporadas. Sacando a Messi, de la ‘vieja guardia’ quedás vos y el Kun, que ha jugado poco últimamente… ¿Cómo ves el paso del tiempo?

-Me acuerdo, me regaló un gran elogio… Todos los años trato de hacer lo mejor posible. Creo que la última temporada hice un gran año, y la anterior, que perdimos la final de la Champions, también. Siento que sigo demostrando que estoy en el mismo nivel y sigo demostrando que quiero estar entre los mejores.

-¿Hablaste con Mascherano, con Higuaín, con Romero, con Biglia…?

-Sí, sí, con todos los chicos. Están muy contentos. Ellos me dicen gracias, y yo no lo puedo creer. Me dicen que esta fue la revancha por las otras finales. Hablé con todos, tenemos un grupo de Whatsapp y estaba lleno de mensajes. Con Mascherano hablaba casi todos los días durante la Copa; me decía que estuviera tranquilo, que cada vez que me tocase jugar lo hiciera a full, sin importar cuántos minutos fueran. Son gente buena leche, ellos sólo querían lo mejor para la selección. A ellos no pudo dárseles y desde afuera siguieron haciendo fuerza. Estaban ahí, atrás nuestro. Son parte de todo, por eso esta Copa América también es de ellos.

-¿Y cómo son los chicos de la nueva generación, los Paredes, De Paul, Lautaro, Nico González…?

-Son caraduras en el mejor sentido. Juegan, intentan, si la pierden vuelven a intentarlo, no tienen miedo. Y eso es importantísimo en la selección. Ellos sabían que si las cosas no se daban, las críticas iban a estar, pero notaba que estaban fuertes de la cabeza. Van creciendo y ya consiguieron un título. Para muchos fue su segunda Copa América, para otros la primera, y ya tienen un título. ¿Sabés lo que es sacarse ese peso tan pronto? Van a poder disfrutar de la selección con más tranquilidad. Ya no arrastran nada. Y el equipo va a poder seguir creciendo. Ya todos saben de qué se trata ser campeón con la selección.

El corazón de Di María, aquí, formado con

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