Jul 212021
 

Los monopatines eléctricos habían irrumpido en la escena urbana porteña como la alternativa para la movilidad sustentable. Pero dos años después de su aparición, los dispositivos que estaban disponibles para alquiler son solo un recuerdo. Estrategias comerciales que impulsaron a las empresas a abandonar el país y, principalmente, la pandemia de coronavirus que paralizó la circulación durante gran parte de 2020 precipitaron la desaparición de un medio de transporte que tuvo su auge y una repentina caída.

El éxodo tuvo varios capítulos, y el ocaso de los scooters eléctricos se puede ver en Mercado Libre donde están a la venta y cuestan hasta $84.000. Son verdes y todavía tienen impreso la marca Grin, la empresa que ofreció la última resistencia e intentó, cuando se levantaron las restricciones el año pasado, retomar con el servicio. Como el resto, en un contexto adverso, decidió abandonar el país y continuar su actividad en otros mercados.

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Cubrir el último tramo de un recorrido combinado con otro transporte público era uno de los principales atractivos de los monopatines eléctricos, que comenzaron a probarse en la ciudad de Buenos Aires el 1° de mayo de 2019 anticipándose a la aprobación de una ley en la Legislatura porteña que regulaba su uso. También se impulsaban como la mejor alternativa para realizar viajes cortos por la autonomía que ofrecían y el bajo costo de desbloqueo y uso por minuto.

Desde el Gobierno porteño informan que no hay un plan para reflotar la participación de las empresas en el mercado de la movilidad sustentable. Tampoco existe un proyecto que vaya en línea con la implementación de un sistema similar al de Ecobici, las bicicletas de alquiler, que están recuperando su terreno desde el año pasado. La única alternativa posible para que la renta de monopatines eléctricos vuelva a ser una alternativa es que las empresas vuelvan a confiar en el mercado argentino, algo difícil de prever en el contexto económico actual.

El inicio

En agosto de 2019, meses después de haber comenzado las pruebas piloto, eran cinco las firmas que presentaron sus propuestas para comenzar a operar con hasta un total de 4000 unidades esparcidas por las calles porteñas. Grin había dado el primer paso poniendo los dispositivos en zonas estratégicas de la ciudad, principalmente en Palermo y Belgrano. Estacionados en las esquinas o en la puerta de gimnasios o centros comerciales, los monopatines ofrecían una imagen nunca antes vista en la ciudad.

Una de las publicaciones en Mercado Libre que ofrece un monopatín eléctrico

Grin colocó los primeros 500 scooters. Progresivamente se fueron sumando Lime, Bird, Movo, Kadabra y Glovo Go con el mismo objetivo: ofrecer dispositivos personales, más sustentables y pensados para combinar viajes con el transporte público. En el proyecto que había sido aprobado en la Legislatura se estableció un período de ensayo de un año para, luego, darle vía libre a la expansión del servicio que amenazaba con provocar un aluvión de monopatines en la calle. Pero eso no sucedió.

La primera en abandonar el país fue Lime, en enero del año pasado y antes de las restricciones, que operaba una flota de 860 unidades. “Hemos cambiado nuestro enfoque principal. Si bien la gran mayoría de nuestros más de 120 mercados han adoptado soluciones de transporte de rápidamente y son rentables, hay comunidades en todo el mundo donde la micromovibilidad ha evolucionado más lentamente. Por esta razón, hemos tomado la difícil decisión de cerrar doce mercados en todo el mundo”, anunciaba la empresa en ese momento.

Lime fue la primera empresa en abandonar el país; lo hizo en enero del año pasado, antes de las restricciones por la pandemia

Además de Buenos Aires, Lime dejaba Atlanta, Phoenix, San Diego y San Antonio (Estados Unidos); Linz (Austria); Bogotá, Montevideo, Lima, Puerto Vallarta, Río de Janeiro y São Paulo (América Latina). “Hemos tenido la suerte de construir una comunidad de clientes leales y asociaciones profundas con los responsables políticos y las organizaciones locales”, ampliaba.

La extensa cuarentena para frenar la ola de contagios de coronavirus provocó que las otras empresas siguieran el mismo camino. Movo decidió concentrar sus operaciones en España y suspender la actividad de movilidad en las ciudades de la región a las que había llegado. Además de Buenos Aires abandonó Santiago de Chile, Ciudad de México, Guadalajara, Bogotá y Lima.

“A pesar de que la oportunidad en micromovilidad es incuestionable, la manera en la que queremos aportar valor con nuestro servicio nos aconseja poner el foco y nuestros recursos en entender mejor cómo es la movilidad que necesitamos construir en nuestras ciudades tal y como son ahora. Creemos que España, siendo nuestro mercado más maduro, ofrece un mejor escenario para efectuar con éxito lo que para nosotros es enorme por el impacto que podemos llegar a tener en el día a día de nuestros usuarios”, argumentaban desde Movo en ese momento.

Con Glovo ocurrió algo similar ya que la empresa nunca volvió a ofrecer el servicio cuando fue habilitado. “Desde que comenzó el aislamiento social y obligatorio suspendimos el servicio de Glovo Go. Decidimos pausar el servicio porque, para combatir el virus, entidades de salud recomiendan el aislamiento, el distanciamiento social y la disminución de movilidad en la vía pública, como una forma de mantenerse a salvo y proteger a la población”, explicaban desde la firma en ese momento. Luego la empresa abandonó el país con todas sus plataformas, incluidas las de delivery.

Aún con las restricciones vigentes para el uso del transporte público los monopatines eléctricos para alquilar podrían haber sido una herramienta válida para la movilidad de miles de porteños, al igual que las bicicletas que tienen cada vez mayor demanda. Pero, por el momento, no aparecen como una alternativa económica sin la posibilidad del alquiler. Su regreso será una de las incógnitas que plantea la ciudad de la pospandemia.

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