Jul 222021
 

En unos días infinidad de monitores lo cautivarán y él se convertirá en director, productor, guionista y periodista. A veces estará de pie, otras sentado, pero la mirada siempre estará enfocada en movimientos de deportistas anónimos y consagrados. Gonzalo Bonadeo hará un deporte llamado informar. Si fuese un superhéroe, tranquilamente lo podríamos apodar Míster Olímpico.

Son las 8 de la mañana en Tokio y él está en el departamento en modo preparación para otra cobertura olímpica, la séptima de su vida. Habla con LA NACION desde su búnker japonés y su memoria lo lleva ahora mismo a una noche de 1968. En la imagen está tomado de la mano de su papá Diego, mientras caminan por una cancha. Gonzalo sintió ese día que la conexión con el deporte sería eterna. “Si yo quisiera recordar a mi viejo desde la carencia o desde las asignaturas pendientes, es un bajón. Pero en este caso, tratándose de los Juegos Olímpicos, todo es a favor y muy poderoso”, confiesa.

Diego Bonadeo, un ícono del periodismo deportivo argentino, falleció en octubre de 2016. Gonzalo habla y su memoria emotiva conecta con las vivencias y recuerdos que tiene de su padre.

—¿Qué te inculcó?

Lo que me pasa con los Juegos Olímpicos tiene que ver con algo que mi papá me abasteció y me lo dejó a mi disposición. De los deportes que tenemos en Tokio, creo que no hay menos de veinte que yo vi con él desde muy chiquito. Y siempre en los estadios, jamás por televisión. Mi viejo fue a su manera muy respetuoso con mi carrera. En general cuando algo no le gustaba, yo me daba cuenta. Porque estábamos varios días sin charlar. Mi viejo era alguien sin capacidad de metáforas para algunas cosas.

La de Tokio 2020 será la séptima cobertura de unos Juegos Olímpicos para Gonzalo Bonadeo.

Entre el conjunto de imágenes que habitan en Gonzalo en compañía de papá Diego, se imponen a ritmo sostenido mirar hockey en el club Ciudad de Buenos Aires; estar en distintas canchas de rugby; en el Campo de Polo; en el club Ateneo para ver natación; en Gimnasia y Esgrima para observar atletismo. Los recuerdos también lo transportan al Luna Park para ser testigo de boxeo, de voley y de básquet. Y los clubes siguen, como también siguen los deportes. “Era como que yo iba todo el tiempo con mi papá y eso me llevaba a tener una cercanía afectiva y también algún sentido de percepción”, reconoce.

—¿Qué significa saber en el deporte?

—Me pregunto si es ser un sabio como Marcelo Bielsa o como Cachito Vigil, si es ser un tipo que maneja mucha estadística, como Alejandro Fabbri, si es saber jugar como lo hace Messi. Pero reconozco que hay una cosa básica y lineal que es el abc, que yo logré aprenderlo acompañando a mi viejo. Es prestar atención a lo que estaba viendo al borde de la cancha. Y ahí logré cierta percepción para entender ciertas lógicas de algunos deportes. ¿Por qué pasa esto? ¿Por qué se festeja esto? ¿Por qué se cuestiona esto? Todo tenía cierta razón y eso me ayudó mucho.

—¿El panorama que te encontraste en Tokio era el pensado o todo te superó?

Calculo que me voy a ir sin conocer Japón porque es muy difícil todo. Para que tengas una idea, los que van a ir a ver el partido de Argentina en fútbol que arranca en Sapporo, tienen que ir en un avión cerrado exclusivo para ellos. Los periodistas salen de acá, van al estadio, termina el partido y vuelven a su lugar de origen. No podemos salir libremente hasta que empiecen los Juegos. Solo podemos ir a los lugares de trabajo. Yo puedo ir al IBC y a los estadios. Y si no estoy yendo a trabajar, tengo quince minutos para salir a comprar algo en la zona de cercanía. Hay que presentar planillas del lugar que vamos a estar cada día y todo tiene que ser autorizado.

Conseguir que la gente lo identifique con los Juegos Olímpicos era un sueño que Gonzalo Bonadeo perseguía desde los cinco años.

—Con tantas horas de trabajo que se vienen, ¿podés disfrutarlo?

Le pongo sentimientos a todo esto. Me iré a dormir cerca de la una y voy a amanecer a las 6.30. La sensación es que si un Juego Olímpico dura más de 16 días es difícil sostenerlo. Para un tipo ansioso como yo, saber cuando termina es un alivio. Sé que el lunes 9 de agosto no tengo que poner el despertador. Que la gente me logre identificar con un Juego Olímpico, que es un sueño desde que tengo cinco años cuando mi viejo fue a México 68, me hace sentir que es mi laburo pero a la vez algo que vale mucho la pena y que me da energía. Hay una buena cantidad de gente que te la vas a cruzar en tu vida y te va a decir “gracias a ustedes me gusta la arquería”. Bueno, todo eso es un gran piropo.

—¿Cuál es tu misión en estos Juegos?

—Hay un compromiso que es visibilizar a muchísimos deportistas. Lo que siempre me parece prioritario de un deportista es lo que hace. Hay deportistas que dicen cosas brillantes y hay deportistas que no tienen ganas de hablar. Y las dos cosas son muy valorables y respetables. Aprendí a entender que para ser “malo” en un Juego Olímpico, tenés que ser buenísimo en tu deporte. Pero hablemos de aquellos que no ganan. Imaginate que si la historia de Peque Pareto se potencia porque es campeona mundial, campeona panamericana, campeona olímpica, campeona sudamericana y médica en el medio de todo eso. Entonces que le queda a un chico que por ahí no pasa la primera rueda de un torneo de lucha grecorromana. Y en Argentina el anonimato significa ostracismo y eso viene con muchas restricciones para los recursos. Si bien es cierto que tenemos muchos más recursos a través del ENARD, también es cierto que se ha desfinanciado de una manera brutal el deporte olímpico. Ahora que arrancan los Juegos es un momento para aceptar que atravesamos una crisis, que hay deudas sociales con los jubilados, con la clase media, con la clase baja…

Gonzalo Bonadeo seguirá todas las instancias de los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 en TyC Sports.

—Con tantas urgencias que tiene el país, ¿se podrá atender al deporte en algún momento?

El deporte es una herramienta extremadamente importante. Es oxígeno para el cerebro, es mejor capacidad de pensar para los pibes. El tema es que yo lo he vivido con 70 kilos más. Y te puedo asegurar que la ducha después de entrenarme mal porque no podía mover bien mi físico era una ducha de energía, de creatividad, de ganas de hacer cosas. Y ahora que estoy varios días sin poder hacer ninguna actividad física sé que en un momento empezás a sentir un bajón.

—¿Te contagió de hábitos saludables el espíritu olímpico?

Más o menos, no quiero ser rebuscado ni considerar que no me importa nada. Cuando empecé a bajar de peso, me acuerdo que el reconocimiento era que bueno que vos hagas tanto deporte. Me decían “es bueno que empieces a bajar de peso”. Pero yo no aprendí algunas cosas en estos años por haber bajado de peso, las aprendí porque me dediqué y me vinculé con el deportista.

—¿Es utópico pensar en tener en el país un Ministerio exclusivo de Deportes?

Es una cuestión filosófica. ¿Por qué no le vas a dar envergadura propia al deporte con rótulo de Ministerio? Si en Argentina tenemos ministerios de tantas cosas. Pero sabés cuál es la clave, entender para qué lo queremos y para qué sirve el deporte. Yo entiendo que es decisivo que nosotros entendamos como sociedad que el deporte es una herramienta cultural y de salud. El problema es que nadie lo discute. Piensen para qué puede servir el deporte y se van a dar cuenta. Te nombro: drogadicción, alcoholismo, desnutrición, enfermedades, educación. Todo esto vos lo circunscribís al deporte y tenés una solución. Imaginate si tuviésemos políticas deportivas, no para tener más deportistas olímpicos, sino para tener mejores pibes y pibas en los colegios.

—¿No tenés miedo de ser catalogado como alguien que está siempre en un periodismo que denuncia todo el tiempo?

Sé que muchas veces soy criticón. Pero en el caso del deporte tengo una convicción profunda de que lo entiendo, de que tengo una idea al respecto, de que vivo la realidad de los deportistas porque me contacto con ellos, mucho más de lo que se sabe. Me tengo confianza con muchos de ellos, que me van contando cosas que no pueden decir porque los dirigentes los aprietan, porque el entrenador le dice que no hable. Hablo con conocimiento de causa y además es un complemento de lo que viene en la cobertura olímpica. Nosotros vamos a estar 24×7 en Tyc Sports y eso no lo hace nadie. Si yo no explico antes las condiciones y el lugar de donde viene el chico de lucha o la chica de pesas, cómo hago para que la gente después entienda que por algo sale 35 y no primero.

—¿Rescatás algo positivo de Argentina en estos Juegos?

—Es uno de los pocos países, muy pocos, que tanto en Río 2016 como en Tokio, llega a los ocho deportes en conjunto clasificados, que son deportes que no están invitados ni son individuales. Son preolímpicos que hay que disputar y ganar. En ese sentido estamos en el nivel de Francia, Rusia y Estados Unidos.

—Tenés una frase de cabecera que “olimpico sé es todos los días”. ¿Qué significa eso para vos y cómo es tu método de laburo?

Esto incluye a un equipo enorme que tenemos de laburo. Es una sensación real que nos acostamos pensando en taekwondo y amanecemos pensando en judo. Y nos agarra la depresión cuando se nos termina. Yo creo que esto tiene un poco de todo en la vida, de que viene algo en la sangre o en el alma. Y después porque no es un slogan que olimpico se es todos los días, es tener esa filosofía cotidiana.

—Durante las transmisiones hay un montón de monitores, te convertís en guionista, director y periodista… ¿Cómo es manejar ese timing?

Soy el control remoto, es cierto. ¿Cuál es nuestra lógica desde TyC Sports? Nosotros te hacemos el zapping. Confía en nosotros, dejá que nosotros manejemos el control remoto. Querés ver un deporte puntual, podés ver handball o un partido de básquet sin que nadie te moleste, incluso con sonido ambiente. Pero en el combo, vos confía en nosotros que tenemos experiencia, que tenemos una cierta sensibilidad y así lo hicimos siempre.

—Si tuvieras que elegir hoy a un atleta olímpico argentino, ¿cuál sería?

Peque Pareto, sin dudas. Seré ingrato con Lucha Aymar, aparte es alguien a quien yo quiero mucho. Como con Santi Lange y con Cecilia Carranza. Pero a la Peque la pongo en un lugar muy particular porque su historia me conmueve.

—Te propongo pensar el perfil del atleta olímpico ideal…

El talento de Nadia Comaneci. El corazón de Usain Bolt, porque todos hablamos del carisma de Bolt, pero lo que hay es un corazón enorme. Yo la última vez que lo vi compitiendo fue en el Mundial de Atletismo de Londres en 2017 y siempre cuando corría Bolt me decía a mí mismo “por favor llegá a la final”. Porque una final sin él no tenía sentido. Y la cabeza me quedo con la de Michael Phelps. No tiene ningún sentido que un tipo gane 28 medallas olímpicas. Que se haya convertido en velocista al final de su carrera, es de otra dimensión.

—Lionel Messi es olímpico y parece que nunca lo fue…

—A Lionel se lo ve hoy feliz de la vida por el título de la Copa América y se menosprecia que Messi es uno de los 60 argentinos que han ganado una medalla dorada en la historia. Es increíble, cómo podemos estar tan deformados que creemos que un título en la Copa América es más importante que una medalla olímpica. Y digo lo de Messi porque detrás de lo de Messi para mí se sintetiza el concepto de amateurismo.

—¿Todavía existe el amateurismo?

Amateurismo significa que no te paguen por hacer deporte, no que no te paguen por vivir, así era en un comienzo y así fue progresando hasta el presente. Nadie hoy hace nada por cero. Algunos lo hacen por muchos y otros por poquitos. Y qué queda del amateurismo, el concepto de amor por el deporte. Y en ese sentido Messi es uno de los amateurs más notables de la historia de la Argentina. Porque seguramente es el deportista que más plata ha ganado en la historia en nuestro país y es el pibe que no puede dejar de jugar. Fijate vos, partido que no hacía falta como contra Bolivia el tipo lo quiso jugar igual. Barcelona gana 4 a 0, faltan veinte minutos y no quiere salir de la cancha. Y así le pasa todos los días de su vida y ahí quiero reivindicar en término de sensibilidad amateur a Messi como ícono.

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