Sep 062021
 

RÍO DE JANEIROS- Con más de un año por delante para las elecciones presidenciales, y con su odiado rival Lula da Silva al frente en las preferencias de los votantes, Jair Bolsonaro decidió quemar las naves y revertir su suerte en las manifestaciones que convocó para mañana en las principales ciudades del país.

El presidente brasileño llamó a sus bases a manifestarse en las calles en el día de la independencia del país, con lo que espera recuperar la iniciativa cuando se encuentra más alejado que nunca de la opinión pública y enfrentado a muerte con el Poder Judicial, un escenario jamás imaginado en su primera campaña presidencial, cuando quien estaba a la defensiva, y de hecho detenido, era Lula.

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En las principales ciudades, sobre todo en San Pablo y Brasilia, se desplegarán importantes dispositivos de seguridad para evitar eventuales desmanes, teniendo en cuenta que también hay convocadas marchas contra el mandatario ultraderechista. “Llegó la hora de decir el día 7 que nos volvimos independientes (…) para decir que no aceptamos que alguien en Brasilia quiera imponer su voluntad”, exclamó Bolsonaro durante un discurso la semana pasada.

Camiones listos para la manifestación del 7 de septiembre en Brasilia

Si bien los críticos hubieran creído que se refería a sí mismo como la fuerza autoritaria, Bolsonaro aludía en realidad a los jueces de la Corte Suprema y del Tribunal Superior Electoral. El mandatario está en guerra contra los dos organismos desde hace semanas, después de que abrieran varias investigaciones contra él y su entorno, entre otras cosas por difundir informaciones falsas.

El viernes, Bolsonaro fue más allá y dijo que las protestas serán un “ultimátum” para los jueces de la Corte Suprema. Al día siguiente subió más todavía el tono y mencionó la posibilidad de una “ruptura” institucional.

El exparacaidista del Ejército, cuya popularidad está en su nivel más bajo en gran parte por su gestión de la pandemia, que dejó 580.000 muertos en el país, prevé las marchas a lo grande, y anuncio su presencia a la mañana en Brasilia y a la tarde en San Pablo, la ciudad más poblada del país, donde espera reunir a “más de dos millones de personas”. Es difícil imaginar tal multitud en la emblemática Avenida Paulista, después de que en las últimas manifestaciones solo reunió allí unas cuantas decenas de miles.

Si tiene éxito, Bolsonaro ofrecerá una “demostración de fuerza que puede darle más margen de maniobra”, explicó el analista político Geraldo Monteiro, así como un nuevo impulso para las elecciones presidenciales de 2022. Los sondeos estiman que sería ampliamente derrotado por Lula, quien de todos modos todavía no confirmó su candidatura. Pero en caso de fracaso, el presidente estará “aún más acorralado”, con el riesgo de ser abandonado por sus aliados políticos y el mundo empresarial.

Seguidores de Bolsonaro hacen fotos frente al Palacio Presidencial en Brasilia

“Hemos llegado a un punto en que cada cual tiene que mostrar sus armas, y eso es lo que el bolsonarismo va a intentar hacer. Le han puesto mucha energía a esa manifestación, solo falta saber si conseguirá un número significativo de personas en la calle”, agregó Monteiro.

En la capital, la marcha de los opositores partirá a solo tres kilómetros de la oficialista, en la icónica Torre de TV. En San Pablo, lo hará en el centro, a cinco kilómetros de la Avenida Paulista.

La apuesta de Bolsonaro también es arriesgada porque su embestida contra las instituciones fue mal digerida por algunos de sus aliados más cercanos, como el presidente de la Cámara de Diputados, Arthur Lira. “El presidente es consciente de la responsabilidad que tiene y que será el único perdedor si hay tumultos”, advirtió el legislador. Bolsonaro “no puede controlar la violencia. Es un riesgo que corre, pero es un riesgo calculado”.

Un póster en portugués dice

El presidente de la Corte Suprema, Luiz Fux, expresó su preocupación por el tono beligerante del presidente y sus fervientes seguidores. “En una democracia, las manifestaciones son pacíficas y la libertad de expresión no debe ser sinónimo de amenazas o de violencia”, dijo.

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En las últimas semanas, cinco expresidentes brasileños se comunicaron a través de emisarios con miembros de las Fuerzas Armadas para sondear hasta qué punto los militares están dispuestos a acompañar al presidente Jair Bolsonaro en eventuales aventuras autoritarias.

A nivel internacional, más de 150 líderes de la izquierda firmaron una carta abierta criticando a Bolsonaro por alentar lo que llamaron una imitación de la “insurrección” del 6 de enero en el Capitolio de Estados Unidos. Las manifestaciones representan una “insurrección” y agudizan “los temores de un golpe de Estado en la tercera democracia más grande del mundo”, señalaron los firmantes, entre ellos el lingüista estadounidense Noam Chomski, el premio Nobel de la Paz argentino Adolfo Pérez Esquivel, y el expresidente español José Luis Rodríguez Zapatero.

“El pueblo de Brasil ha luchado por décadas para garantizar la democracia contra el dominio militar. No debemos permitir que Bolsonaro se las arrebate ahora”, agrega la declaración.

Agencias AFP, ANSA y Reuters

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