Sep 062021
 

Como si de un espejo se tratara, el clima de tensión y derrotismo que impera en varios despachos oficialistas del Senado refleja el que tal vez sea el peor momento en la relación de Cristina Kirchner con Alberto Fernández y presagia lo que podría ser una difícil compulsa electoral, con posibles fracasos en seis de las ocho provincias que renuevan su dotación en la Cámara alta este año.

Los reproches kirchneristas hacia el jefe del Estado están a la orden del día y retumban aún más en los pasillos de un Senado semivacío por la decisión de la vicepresidenta de mantener a rajatabla la actividad remota. Cristina Kirchner se enamoró del funcionamiento virtual porque le facilita aún más el control de la Cámara; pero también porque sabe que no es momento de dar malas noticias y obligar a los legislativos a volver al trabajo; no ahora, en plena campaña electoral.

Gane o pierda, Cristina se radicalizará

Así, escondido tras el muro de la escasa actividad que hay en el palacio legislativo, pasó casi desapercibido el último desplante de la vicepresidenta al jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, al que le volvieron a cerrar en sus narices las puertas del Senado.

Interesado en ponerle el cuerpo a la campaña, Cafiero le envió hace poco más de dos semanas una nota a Cristina Kirchner, en su condición de presidenta de la Cámara alta, mostrando su predisposición a concurrir a brindar el informe sobre la marcha del Gobierno.

La misiva nunca fue respondida. Desde la Casa Rosada explican que la nota fue enviada para cumplir con las formas, que sabían de antemano que no iba a haber espacio para una sesión informativa en plena campaña y que solo se hizo para tener una prueba con la cual responder cuando la oposición quiera reprocharle su supuesto incumplimiento del mandato constitucional de informar al Congreso.

Sin embargo, en aquellos despachos adonde llega la información de lo que se habla en el corazón del poder oficialista aseguran que la vicepresidenta le bajó el pulgar al pedido de Cafiero y que lo hizo tanto por cuestiones estratégicas como personales.

En aquel momento, el 13 de agosto último, el escándalo por la violación de la cuarentena estricta por parte del propio Alberto Fernández con un festejo de cumpleaños en Olivos estaba en pleno auge. Además, el jefe del Estado no paraba de cometer errores en su intento de defenderse. Imposible darle a la oposición la tribuna del recinto del Senado para seguir alimentando el escándalo, razonaron en el kirchnerismo.

Pero también influyó el creciente malestar de la vicepresidenta con Cafiero. Si quería hacer campaña, hubiese aceptado ser candidato en vez de esconderse detrás de Fernández, aseguran fuentes oficialistas que dijo Cristina Kirchner cuando supo del pedido del jefe de Gabinete.

Desaprobado

El clima de malestar en el oficialismo tuvo otro mojón hace poco más de diez días, con la presencia de Martín Guzmán ante senadores y diputados para hablar sobre la deuda del país.

La jugada tuvo un claro tinte electoral y su intención fue desviar el eje de la campaña de los errores presidenciales y la mala gestión sanitaria y económica, para ponerlo en Mauricio Macri y su responsabilidad en el incremento de la deuda.

Con esa misión, Guzmán habló ante la Comisión Bicameral de Seguimiento de la Deuda, presidida por el jefe del bloque de senadores del Frente de Todos, José Mayans, uno de los legisladores con línea directa con la vicepresidenta.

El desempeño de Guzmán, como su gestión frente al Palacio de Hacienda, no conformó a Cristina Kirchner, que en el final de la presentación se preocupó por que el ministro pusiera más énfasis en su exposición.

Fue así como el ministro, leyendo de su libreta de apuntes, esbozó un intento de discurso más cercano al kirchnerismo. “El análisis sobre el endeudamiento que hace el expresidente Macri carece de seriedad y de dignidad. Quienes hacen estos análisis buscan confundir al pueblo, pero nosotros somos el pueblo y el pueblo sabe”, remató su exposición el ministro.

Entre traiciones e internas, la auténtica grieta

El clima de disconformidad interna se agravó esta última semana cuando la última tanda de encuestas reveló que el oficialismo podría perder la elección en Tucumán, sumándose así a los pronósticos agoreros en Chubut, Corrientes, Mendoza, Santa Fe y Córdoba.

Es decir que seis de las ocho provincias que eligen senadores este año podrían caer en manos de Juntos por el Cambio, lo que complicaría la mayoría propia que le permitió a Cristina Kirchner controlar el Senado los últimos dos años. Un escenario impensable apenas dos meses atrás y que crispa los nervios del oficialismo y de la vicepresidenta.

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