Sep 072021
 

PARÍS EN RECOLETA

  • Park Hyatt, Palacio Duhau
  • Por Sofía Stavrou (colaboradora)

Apenas bajé del auto, sentí que estaba aterrizando en París: mientras cruzaba el salón Crystal y escuchaba el golpecito de mis tacos en el piso de mármol, miraba fascinada las arañas colgantes y los rayos del sol reflejados en sus cristales hacían que todo ese ambiente fuese un espacio tan romántico como aristocrático. Es que el palacio Duhau está inspirado en un castillo francés y cada rincón me transportaba a un viaje de otra época.

A la hora del almuerzo me esperaba una mesa en la terraza, con vista a los jardines, rodeados de palmeras y rosales. Mientras disfrutaba de una copa de vino sugerida por la sommelier Delvis Huck, me olvidé de chequear las redes sociales por un buen rato, porque alrededor todo era inspirador: las azaleas, el calorcito del sol de mediodía, una charla de calidad y sin apuros con mi marido, el ombú centenario rodeando el jardín. La sopa de calabaza y canela y el pancito de yogur a la parrilla fue todo lo que necesitaba para empezar este almuerzo de reina, seguido de un curry de vegetales y de postre, unos eclairs de chocolate semiamargo que eligió mi marido. Panza llena, corazón contento.

Después de almorzar, hice el check in y conocí la habitación: era como tener mi propio departamento de época, con un walking closet, bañadera con sales relajantes, escritorio, un living y una cama XL que me envolvió para una siesta placentera. Solo programé el despertador por un buen motivo: llegar a tiempo a mi cita en Ahín Wellness & Spa para un masaje sueco que me dejó flotando. El detalle que más me gustó fueron las toallas calentitas que Analía iba poniendo mi espalda para no sentir frío.

Después de almorzar, hice el check in y conocí la habitación: era como tener mi propio departamento de época

A eso de las 6 de la tarde me sumergí en mi libro de Carpentier en la biblioteca del palacio y a las 20:30 nos esperaban unos cócteles y aperitivos en el Oak Bar, un refugio que parece secreto dentro del palacio, donde se puede disfrutar de tragos de autor. Después, cenamos con un súper maridaje de sabores en el Duhau Restaurante y Vinoteca; fue imposible no tentarme (¡otra vez!) con la carta de postres y suspirar con la combinación de sabores del merengue seco y el helado de mandarina.

Pasada la medianoche y envuelta entre esas sábanas suaves de hotel, me dormí feliz y agradecida por el día de lujo, mimos y relax (y que tanto necesitaba). A la mañana siguiente mi entretenimiento fue abrir las persianas con un botón sin moverme de la cama y disfrutar de ese pequeño hecho como un gran espectáculo, viendo cómo iba iluminándose la suite, recibiendo esos rayitos de sol desde la cama y espiando el jardín todavía recostada. Después, fui a tomar el desayuno dentro de Los Salones del Piano Nobile; mientras saboreaba mi café sonaba la canción de la peli de Amélie y sentí que eran mis últimas horas de princesa antes de convertirme en calabaza y despedirme, deseando volver a este little París en Buenos Aires.

  • La propuesta: 1 noche de alojamiento + desayuno + masaje de 60 minutos para 2 personas + parking, en base doble, $67.000. Más info: reservations.phbuenosaires@hyatt.com.

Ojos cansados. El exceso de pantallas tiene sus consecuencias. ¿Qué podés hacer para aliviarlos?

VERDE & SPA

  • Hilton Pilar
  • Por Ana Pagani (jefa de Arte)

Está situado dentro de un gran campo de golf, apenas cruzás la entrada ya el verde y el sonido de los pájaros te invitan a bajar los decibeles

Para desconectarnos de las rutinas no hace falta mucho, simplemente romperlas con alguna buena idea. Es así como, alejándonos tan solo 60 km de la ciudad, pude cambiar por 24 hs. la vista de mi ventana. Elegí como compañera de aventura a mi mamá; no recuerdo cuándo fue la última vez que estuvimos tanto tiempo solas y nos merecíamos el descanso reparador.

Llegamos al hotel un jueves a las 4 de la tarde y, como está situado dentro de un gran campo de golf, apenas cruzás la entrada ya el verde y el sonido de los pájaros te invitan a bajar los decibeles. Al terminar el check in, lo primero que hicimos fue reservar turno para ir al spa y después nos instalamos en la habitación. El cuarto tenía un hermoso balcón-terraza al campo, que supimos disfrutar tomando unos mates y mirando al horizonte, conscientes de la suerte de estar ahí, juntas y de gran charla.

Posmerienda, nos tocó la visita a Eforea, el spa del hotel: tomamos unos masajes descontracturantes de espalda y cuello. ¡Fue increíble! Me relajé tanto que, cuando les mandé fotos a mis amigas de cómo la estaba pasando, su comentario fue: “¿Qué te hiciste? ¡Te cambió la cara!”. Luego de los masajes, pasamos a la sección de hidroterapia: el agua calentita y la presión de los chorros localizados sumaron a la relajación. Al atardecer, no había viento y el cielo estaba estrellado. Nos quedamos hasta las 8 de la noche en el hidromasaje, charlando, hasta quedar completamente arrugadas. Y solo volvimos al cuarto porque nos esperaba una rica cena.

En el bar nos recibieron con unos aperitivos de vermut Rosso y pomelo y un pancito casero con oliva, que nuestra sangre italiana supo agradecer y festejar. Seguimos con la entrada (provoleta y hummus) y, de plato principal, un risotto y mafaldes al pomodoro (una pasta que jamás había probado). ¡Todo abundante y exquisito! Y muy bien acompañado por el maridaje que nos fue recomendado por el sommelier.

Todos los que disfrutamos dormir sabemos algo: las camas de hotel son otra cosa, y tener una doble para vos sola es casi como nadar desnuda en el medio del mar.

El late check out es a las 12 del mediodía

El desayuno del día siguiente –con protocolo incluido– estuvo lleno de tentaciones, propuestas saludables y también mis favoritos, los huevos revueltos. Como el late check out era a las 12 del mediodía, aprovechamos para ir una hora más al spa y estar en la pileta climatizada (que tiene una parte interna y otra a cielo abierto), y antes de volver a la ciudad, fuimos a caminar por el campo (también hay bicicletas para recorrerlo), ya que el clima invitaba a estar al sol. Fue una hermosa experiencia, charlamos un montón con mi mamá, descansamos, nos sentimos mimadas y volvimos en otra frecuencia a terminar la semana en familia.

  • La propuesta: una noche de alojamiento para dos adultos con family plan, desayuno, estacionamiento, préstamo de bicicletas para utilizar en el predio, uso de canchas de fútbol y tenis, desde $15.000 (+ IVA). Más info: hiltonpilar.com.ar

ANTILUNES PERFECTO

  • Hotel Del Casco
  • Por Euge Castagnino (editora).

Hotel del Casco: un increíble palazzo neoclásico de fines del siglo XIX ubicado en el centro del casco histórico de San Isidro.

La idea de empezar la semana con un día de descanso es, sin duda, tentadora. Por eso elegí un lunes para mi plan de #diacaciones. Pero también era un poco desafiante: no sé si les pasa, pero el lunes es el día que el celular no para, que las obligaciones laborales demandan a toda hora y no estaba tan segura de si iba a poder “desenchufar” durante 24 horas. Spoiler alert: lo logré. Me propuse que la escapada fuera una minihoneymoon con Emiliano, mi marido. El día nos regaló un solazo, un adelanto de primavera perfecto, y encaramos temprano hacia Zona Norte. Como el check-in del hotel era a las 15, antes hicimos una parada en Olivos, cerca de la zona del puerto, que está renovada y tiene un pequeño polo gastronómico con muchas opciones, ideal para una caminata tranquila a la vera del río y luego un almuerzo de esos que te mandan directo a dormir la siesta.

Nuestro elegido fue 1636 (Corrientes 451), la última apertura de la zona, donde disfrutamos de algunos de los highlights de su carta –absolutamente todo es increíble, pero mi recomendación es la ensalada de hongos tostados y stracciatella y el plato de kale crocante, hummus y langostinos– y su coctelería cinco estrellas (sí, me clavé una megaoriginal versión de un gin tonic al mediodía, perfumado con lavanda, lemongrass y sidra). ¿El postre? Tarta de chocolate y maní, pues #teamgolosa forever.

Con la panza llena y el corazón contento, llegamos al Hotel del Casco, un increíble palazzo neoclásico de fines del siglo XIX ubicado en el centro del casco histórico de San Isidro, en diagonal a la catedral. Jamás pensé que semejante construcción pudiera ser el secreto mejor guardado de la zona; es un hotel boutique chiquito (de solo 28 habitaciones), donde la sensación es de transportarte a otro tiempo. Hay algo de elegancia, de simpleza, de sofisticada intimidad en cada uno de sus espacios. Nos mimaron con una Garden Suite con vista al jardín central –que tiene una pileta y zonas de relax alrededor– y entonces la tarde transcurrió entre siesta, lecturas y un baño de inmersión larguísimo ¡en bañadera antigua con patas! mientras escuchaba música. El plan original era disfrutar del atardecer haciendo un recorrido por el casco histórico, con sus callecitas empedradas y angostas, pero confieso que nos ganó el encanto del hotel; tiene un jardín de invierno vidriado lleno de verde para sentarse a charlar y rinconcitos del jardín para disfrutar de un café o de un rato simple de contemplación. ¿Acaso no es eso un planazo en sí mismo?

Nuestra estadía se llamaba “Eat & Stay”. Además del alojamiento, tiene el servicio de room service con cena de 3 pasos en la habitación incluida.

Pero la gloria llegó cuando nos contaron que nuestra estadía se llamaba “Eat & Stay”, y que, además del alojamiento, tiene el servicio de room service con cena de 3 pasos en la habitación incluida. ¡Era lo que necesitaba! Así que me enfundé en mi bata y cenamos riquísimo en la cama (¿hay algo más paradisíaco que las camas king size de los hoteles?; lo dudo).

Cuando amanecí, era martes. Al rato iba a empezar la semana laboral, pero aproveché la mañana para desayunar en el jardín de invierno vidriado, cargarme de energía y encarar la vuelta con la sensación de que, a veces, cortar la rutina un solo día es todo lo que necesitamos para resetearnos.

  • La propuesta: Eat & Stay incluye una noche de alojamiento para dos personas + cena de tres pasos que incluye bebida + desayuno + acceso al Health Club y sauna, a partir de $19.000. Más info: hoteldelcasco.com.ar // reservas@hoteldelcasco.com.ar.

UN OASIS PALERMITANO

  • Home Hotel
  • Por Agustina Vissani (secretaria de redacción)

La habitación: un espacio súper luminoso de estética mid-century.

Arrancando la segunda mitad del año hay días en los que pensás seriamente en tomarte vacaciones. No importa a dónde ni cuántos días. Pero necesitás parar, descansar y que sea ya. Así estaba cuando surgió la propuesta #DIACACIONES. ¿Y si alcanzaba solo con un día de hotel?

Armé una valijita con un par de mudas de ropa, pero también con revistas, libros, chocolates y máscaras faciales. Porque la idea no era solo descansar, era mimarse, recargar pilas y hace esas cosas que nunca tenés tiempo de hacer.

Llegué a Home Hotel en pleno Palermo Hollywood, un hotel boutique con mucha onda. El lugar supo ser una fábrica de muebles y no sé si es por eso o porque quien lo ambientó estuvo en cada detalle que tanto la recepción como sus cuartos se destacan por su mobiliario, su estética y sus guiños de diseño.

Hice el check-in (¡qué lindo volver a hacer un check-in y que los horarios que te indiquen sean de desayunos y de spas!) y me acompañaron a la habitación. La primera sorpresa: no subí ascensores. Es que Home tiene dos megasuites a la pileta en la planta baja y en una de ellas iba a pasar mi día de descanso.

En el camino a la habitación pasé por el bar y por el jardín. El jardín es, por lejos, lo mejor de Home. Una especie de oasis en la ciudad: tranquilidad, pasto, pile y buena energía, todo junto en pleno Palermo. No hace falta ser huésped para brunchear o almorzar ahí y hasta podés sacarte un pase de pileta para los días de verano.

Brunchear al lado de la pileta. Hay dos o tres mesitas que tienen sol toda la tarde así que elegí una de esas.

Mi habitación era lindísima. Subís por una escalera y te encontrás con un espacio súper luminoso de estética mid-century. El protagónico empapelado floreado viste una habitación con muchísimos tesoros: un escritorio de George Nelson original (muy Mad Men), la chimenea de leña en la terracita para tirarte al lado del fuego a ver las estrellas, los libros de diseño desperdigados por todos lados. Increíble.

Dejé todo y me fui a brunchear al lado de la pileta. Hay dos o tres mesitas que tienen sol toda la tarde así que elegí una de esas. El día estaba frío, pero al sol terminé bruncheando en remera. Avocado toast con rabanitos y manzana verde, yogur con granola, croquetas, bagel de salmón, cinnamon rolls y brownie. Megaalmuerzo y después, lectura al solcito. Me había reservado la tarde para mí porque Martín –mi marido– llegaba alrededor de las 19, así que me fui a la habitación y metí tarde de spa con baño de espuma, máscara facial y manicura. Después me zambullí en la cama (comodísima) y, aunque no logré dormir la siesta, miré una peli y me desenchufé 100%.

Cuando llegó Martin, salimos a caminar por el barrio para elegir un lugar para comer. ¡Está repleto de propuestas nuevas y también de clásicos palermitanos! Nos decidimos por La Pescadorita (Humboldt 1905), que es uno de esos lugares que siempre me hacen sentir de vacaciones. Te trasladás directamente al mar, su techo con lucecitas, las sillas playeras y los mariscos son todo lo que está bien.

La mañana siguiente amanecí renovada. Es cierto que el descanso fue breve, pero cambiar el chip, aunque sea un día, ayuda a recargar energías y es una buena alternativa para cuando necesitás con urgencia vacaciones, al menos de un solo día.

  • La propuesta: 1 noche de alojamiento + desayuno para 2 + 1 brunch para 2 personas + 1 botella de espumante o malbec + early check in y late check out, desde $16.000. Más info: homebuenosaires.com

DE LA SELVA A LA CAPI

  • CasaSur Recoleta
  • Por Sole Simond (directora).

El diseño es lo que destaca en Casa Sur, los pequeños detalles, esa sensación de buen gusto despojada que te hace sentir como en casa.

Sí, a mí me tocó irme al centro, irme a la Capi, así le digo desde que vivo en Tigre. Cuando vivía en Belgrano me parecía una esnobeada, pero hay algo de volver a la urbanidad que, en el contraste, se siente como nuevo aire. Y me tocó CasaSur, en el sorteo interno que hicimos para ver quién iba a cada hotel. “Soy una afortunada”, pensé, me encanta la cadena, tuve la oportunidad de conocer el de Pilar, y ahora me tocaba meterme en el corazón de Recoleta para tomarme un día off. Es curioso lo que puede hacer un cambio de rutina, resulta muy renovador y a la vez inspirador. Desde mi búnker de lujo aproveché para ir al Centro Cultural Recoleta, tomar el té en La Biela, caminar entre los ombúes de Plaza Francia, tomarme un café al paso en Presidente Bar. Todo en un radio de 5 cuadras. Hay algo estimulante de la ciudad que a veces extraño, y sentirme dueña por 24 hs. de un dos ambientes –ese era el tamaño de mi suite– de Barrio Norte me permitió jugar a ser otra por un rato. El diseño es lo que destaca en Casa Sur, los pequeños detalles, esa sensación de buen gusto despojada que te hace sentir como en casa. Especialmente ahora que el desayuno te lo llevan al cuarto y podés disfrutarlo en la cama, como cuando decidís no hacer nada de nada, o tomarte un cafecito Nespresso a media mañana. Los empleados, surfers de esta pandemia que puso en jaque la industria, son los reyes del agasajo; me esperaron con bombones y estuvieron atentos a mi dieta vegetariana.

Ahora que el desayuno te lo llevan al cuarto y podés disfrutarlo en la cama

Si estás en el plan “vamos por todo”, no dejes de pedirte un masaje. El espacio de spa es increíblemente armonioso y cuidado, incluso cuenta con un jacuzzi privado en la terraza para bookear en el formato burbuja. Rosa María te atiende con sus manos mágicas (creeme, no me dejo tocar por cualquiera), pero ella tiene la sutileza de lo que verdaderamente se hace con amor. Para terminar, tecitos aromatizados y barritas de cereal. También podés reservar un almuerzo, pero conviene aprovechar la oferta gastronómica de la zona, que está llena, incluso –me quedé con ganas– ir al cine en Recoleta Mall, ahora que las salas están abiertas.

Que sea un día para vos, eso me propuse, y no me ayudó el clima, pero hubiera estado para montarme en las bicis que te ofrece el hotel para recorrer la ciudad en su circuito de bicisendas. Aún así, volví a la selva llena de postales sustanciosas, delicadas y llenas de confort para cuando elija volver a ser, por un rato, una chica de ciudad. •

  • La propuesta: la escapada de primavera incluye una noche de alojamiento para dos personas + masaje de 60 minutos y spa por $15.000 + IVA. Más info: casasurhotel.com

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