Sep 072021
 

El debate desatado por los carpinchos en Nordelta nos mueve a la reflexión acerca del desconocimiento imperante sobre la fauna silvestre y su falta de valoración, así como la urgente necesidad de conservación y uso responsable de nuestros ecosistemas.

El carpincho o capibara es el roedor más grande del mundo después del castor canadiense y habita la otra parte de América: de Panamá a Bahía Blanca. No se aleja del agua, donde encuentra resguardo de sus predadores naturales, como grandes felinos, caimanes y boas, pero también del hombre, que aprecia su carne, cuero y aceite.

En nuestro país, la especie no se encuentra amenazada de extinción, ocupa su rango histórico completo y posee numerosas reservas naturales donde se encuentra contenida. Aunque los carpinchos resultan escasos en grandes espacios donde se les da caza, su potencial de recuperación es importante, cuestión que quedó de manifiesto en el mencionado barrio cerrado, donde un hábitat artificial emula al natural y los vecinos tienden a no molestarlos.

¿Vienen los carpinchos en reclamo de un espacio tomado compulsivamente? Esa es la lectura fácil y romántica. Son muchas las áreas urbanas que en nuestro país ocupan el lugar de los humedales –desde grandes ciudades, como Santa Fe, hasta las villas más populares–, donde cualquier carpincho valiente protagonizaría un triste final, cuando en Nordelta consiguen apropiarse de cierta paz.

Ahora, el desafío de las autoridades de estos barrios es la convivencia. No estará exenta de molestias y beneficios. En otros países, planteos similares suceden con osos, coyotes o mapaches, con aristas de riesgo mayor, de los que se puede aprender.

Pero hay un desafío mayor como sociedad, y es tomar los humedales en serio. Son los territorios continentales que contienen agua en superficie, ricos en fauna, flora y servicios ambientales elementales para la población, que, sin embargo, han sido tradicionalmente despreciados en la Argentina.

Se impone la sanción definitiva de la ley de presupuestos mínimos para los humedales argentinos, que tiene media sanción del Senado. Resta que los diputados la mejoren, la prioricen y le den tratamiento a la brevedad, para que no pierda estado parlamentario.

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