Sep 122021
 

Un tsunami de votos opositores sacude al gobierno de Alberto Fernández en las primarias celebradas con protocolo de pandemia. Como una crisis en capítulos, el oficialismo recibió desde las 18 una sucesión de noticias amargas. A la derrota previsible en la Capital siguió una sangría en Córdoba, caídas en Santa Fe, Chubut, Chaco. Se ponía peor: segundo puesto en Santa Cruz, derrumbe en Entre Ríos. Y el impacto definitivo, de lo que aparece como un desastre en el bastión kirchnerista de la provincia de Buenos Aires.

Debilitado como nunca, después del golpe a su imagen que significó la revelación de la fiesta en Olivos durante la cuarentena 2020, Fernández enfrenta ahora un desafío interno de primera magnitud. El castigo que le propina el electorado es monumental. Pierde casi por tanta diferencia como aquella que él le sacó a Mauricio Macri en las elecciones generales de 2019.

“Las elecciones se ganan por un punto”, se cansaron de repetir en la Casa Rosada. Esperaban un resultado magro, no un Waterloo. Fernández repetía ante quien quisiera escucharlo que las PASO serían un plebiscito a su gestión. Lo decía con espíritu defensivo. Creía que la victoria que le marcaban las encuestas -otra vez incapaces de detectar el humor social- le daría una coraza de poder para resistir los intentos de intervención de su gabinete por parte de Cristina Kirchner y sus fieles.

Son horas de agitación en el Frente de Todos. A Fernández le espera un asedio. ¿Podrá sostener a Santiago Cafiero en la Jefatura de Gabinete? La presión sobre Martín Guzmán se tornará insoportable. Un resultado módico ya hacía prever acciones económicas apresuradas para conquistar votos en noviembre a golpe de dinero público. ¿Cómo impactará eso en la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI)? Ciencia ficción en estas horas de duelo kirchnerista.

Por debajo del 40 por ciento en la provincia era un fracaso, admitían hasta ayer en la Casa Rosada y en el Instituto Patria. Pasado el ecuador del escrutinio, la lista de Victoria Tolosa Paz arañaba el 34%, el mismo número que obtuvo en sus horas más bajas Cristina Kirchner como candidata de una facción del peronismo, en 2017. Sin Sergio Massa y con Alberto Fernández como jefe de campaña de Florencio Randazzo. El valor del Presidente como instrumento electoral capaz de sumar por fuera de la pecera kirchnerista entró definitivamente en contradicción.

Del otro lado, Horacio Rodríguez Larreta celebra una noche soñada. Salió airoso en la Ciudad con su apuesta por María Eugenia Vidal y dio el batacazo en Buenos Aires con el sorprendente triunfo contra el Frente de Todos, liderado por la boleta que encabeza Diego Santilli. Le toca ahora la misión de reconstruir el espíritu de unidad en Juntos por el Cambio. Pero la lluvia de votos ayuda a curar las heridas que dejó la construcción de las listas, con mudanzas de territorio discutidas y denuncias varias de juego sucio.

Incluso Macri celebra lo que vive como una revancha después de la durísima caída de 2019. Buscaron su presencia en el final de la campaña y -pese a ser el blanco del discurso oficialista- la coalición que él creó hace seis años vuelve a instalarse como una clara alternativa de poder. Un resultado como este lo devuelve al terreno de los que sueñan con la Casa Rosada.

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