Sep 292021
 

En ella habita un espíritu lúdico, impredecible por decisión propia y dispuesto a entregarse por completo si lo que hay al final del camino vale la pena. Que la descripción no se interprete como peyorativa, todo lo contrario: es una trabajo minucioso que Érica Rivas perfecciona cada día, desencorsetarse de esos límites aprendidos y aprehendidos que condicionan a quiénes podríamos ser. Y qué mejor que la actuación para escapar hacia otros mundos: “Para mí actuar fue de vida o muerte”, ejemplifica muy en serio, sin maquillaje y descarnada.

De ese límite entre la realidad y la fantasía -aunque enmascarado en un thriller psicológico-, también habla El prófugo, la película de Natalia Meta que protagoniza junto a Nahuel Pérez Biscayart, Daniel Hendler, Cecilia Roth y Mirtha Busnelli. En el film, la actriz compone a Inés, una mujer que vive una serie de situaciones al límite de la cordura, dudando incluso de lo real o irreal de su situación. ¿Es todo parte de un sueño, o se trata de un secreto mucho más profundo que conecta directamente con su esencia?

-Tu personaje en El prófugo hace equilibrio todo el tiempo entre lo real y lo imaginario. Mucho de lo que le sucede puede explicarse desde la fantasía o de la locura. ¿Qué sentiste vos cuando leíste el guion?

-No te voy a decir que no la vi loca, pero es una locura a la que no hay que tenerle miedo. La película tiene que ver con ese lugar donde uno no sabe si está viviendo un sueño o ya se despertó, y el mundo de los sueños uno lo habita muchas horas por día. Uno cree que “la realidad” es solamente lo que sucede cuando se está despierto, pero no es así.

-Queda claro en las determinaciones que toma Inés…

-Claro, porque estar siempre en una realidad en la que no se sabe si la está soñando o no hace que esa mujer esté siempre en la sospecha de lo que vive, si puede accionar sobre su vida o se trata de un sueño que la dirige. O a lo mejor es la realidad la que la dirige y no se trata de ningún sueño.

-Y en el medio aparece una historia de amor.

-Es que por más que se trate de un thriller psicológico también es una película de amor. La unión de esos dos géneros me parece un tópico maravilloso para explorar. Son dos mundos que se tocan. Es preguntarse qué pasa en el cuerpo cuando uno se enamora, qué sucede con las expectativas, con el deseo. Todo lo que trataba el guion de El prófugo me pareció interesantísimo, ese juego entre la certeza y la duda, la locura y los sueños, en el que también está presente el deseo femenino.

-La realidad tiene los límites de nuestras propias convenciones, pero en el mundo de los sueños tal cosa no existe…

-Los sueños atraviesan todas las capas de las prohibiciones que tenemos, entonces también por eso son alucinantes. Son lugares que uno cree que no habita cuando en realidad siempre está. La aventura de los sueños a mí me parece fascinante.

-¿Recordás lo que soñás?

-Me acuerdo menos de lo que me gustaría. Algunos los recuerdo para siempre, otros se me pierden. Me gusta saber los sueños de los demás, escribir mis sueños, me llama mucho la atención la forma de la narrativa del sueño. Es un mundo que en un punto todavía está muy inexplorado y lo siento muy generoso y muy necesario. Es un lugar en donde uno se puede conectar con gente o con entes que no sabemos bien si no son habitantes de otras realidades. Esos lugares me parecen muy fructíferos y muy sanadores.

-Contame un sueño que haya sido significativo para vos.

-Soñé con mi hija Miranda antes de estar embarazada o incluso conocer al papá [el actor Rodrigo de la Serna]. Tuve la sensación del amor que me generaba tener una hija, verla tal cual como fue después de bebé. Me acuerdo mucho del sentimiento que creció dentro mío a partir de ese sueño. Desde ese momento fui consciente de mi deseo de ser mamá, quería vivir ese amor que había sentido.

-¿Cómo fue ese encuentro?

-Iba subiendo una montaña, y en el camino había un alto donde estaba ella bebé. Y era exactamente como fue después, me miraba con los mismos ojos que cuando nació. A veces hay sueños de los que uno no se quiere despertar, y hay realidades de las que uno se quisiera despertar y no puede.

El síndrome de la impostora

Rivas junto a Cecilia Roth, en una escena de la película que pasó por la Berlinale en 2020

-Alguna vez contaste que tenías miedo de que un día nadie te llamara para trabajar. ¿Todavía sentís eso?

-Sí, me sigue pasando, soy re insegura. Además tengo “el síndrome de la impostora”. A veces pienso: “Un día se van a dar cuenta de que no soy tan buena”. Hace poco me invitaron a dar una clase magistral, y antes de empezar pensaba: “Qué puedo decir yo que sea interesante para los demás”.

-Nada que ver con la imagen que das.

-Y eso que todo el tiempo trato de no dar una imagen de “super mujer”, esa que dice las cosas sin importarle nada. Soy feminista pero no soy una mujer maravilla, la verdad es que me muero de miedo. Miedo a no tener trabajo, a perder gente querida. Lo que sí te puedo decir es que soy valiente, y además no puedo hacer otra cosa que no sea lo que hago. Pero lo hago a pesar del miedo.

-Hasta que se enciende la luz de la cámara o se abre el telón…

-Cuando soy un personaje, cuando estoy jugando o estoy soñando, me la juego a full, no me importa nada porque me divierte el juego. El tema es después, que empiezo a dudar si lo que hice está bien o mal. Hasta me cuesta recibir los aplausos. Pero con el tiempo me di cuenta de que lo mío tiene que ver con un acto de amor hacia el público, que vivo intensamente. Una actuación puede partir de mí, pero es para los otros, para la gente que me está mirando, para que puedan sanar y en el camino también sanarme yo. Quiero que se rían, disfruten, se hagan preguntas. Lo vivo como una entrega absoluta, y de eso sí estoy totalmente segura.

-Sin embargo hay momentos en los que también das una imagen distante, alejada de la gente.

-Que parezca que existe esa distancia me da mucha pena, porque creo que con mi trabajo lo que trato de generar es precisamente lo contrario. Hay veces que me doy cuenta de que me quieren hacer daño, entonces me vuelvo distante. A mí me encanta tener un espacio con otro, charlar, pero cuando no tiene que ver con mi trabajo me empiezo a poner nerviosa, porque soy tímida, porque me cuesta hablar de mí, entonces pongo distancia. Lamento muchísimo que esa imagen se haya propagado, creo que tiene que ver con un periodismo que no me interesa para nada, porque quisieron sacar de mí cosas que no tienen que ver conmigo.

Me gustaría hacer películas como las de Adam Sandler, comedias frívolas, superficiales, pero que tienen sus cosas y hacen reír.

Erica Rivas

-¿Te referís a quedar en el centro de la polémica por lo que pasó con la puesta teatral de Casados con hijos?

-Sí, el periodismo de chimentos es un mundo con el que no tengo nada que ver. Imaginate lo que fue para mí todo el año pasado, estar en esos programas en los que nunca participé, ni quiero participar, ni participaré, un horror. Además no tengo estrategia, no ando especulando. Hay gente que dice: “Cuando me digan esto, voy a decir esto otro”, pero a mí no me sale. Me cuesta mucho hablar de mí si no es por un trabajo. Soy una persona re común, no siento que le pueda interesar a alguien mi intimidad, mi vida cotidiana. Y mi trabajo no tiene nada que ver con esos programas. Quien tenga ganas de estar, está perfecto, pero yo no. Me hacen muy mal y me ponen muy nerviosa.

-¿En algún momento le echaste la culpa de esa exposición al éxito de Casados con hijos?

-Para nada. Te juro que ver que mi trabajo alcanzó semejante nivel de popularidad gracias a Casados con hijos para mí es algo hermoso, siempre lo fue y siempre lo dije. Porque muchos pudieron ver mi forma de actuar, y yo pude mostrarles quién era, lo que sabía hacer. Ese programa fue un regalo del cielo. Los memes, la gente que copia a María Elena, que todavía la tienen tan presente, me encanta.

-¿Hoy decidiste dejar a un lado la comedia en el cine o la televisión?

-No, al contrario, la veo muy clara en mi futuro. Me gustaría hacer películas como las de Adam Sandler, comedias frívolas, superficiales, pero que tienen sus cosas y hacen reír. Me gusta lo popular, no soy una persona que mira solamente películas de Aki Kaurismäki. Me encanta, pero también me gusta llegar a todo el mundo. Lo que pasa es que no me ofrecen ese tipo de proyectos.

-Podría ser también algún proyecto como actriz de doblaje, como el que tiene tu personaje de El prófugo.

-El mundo del doblaje es alucinante, conocí más en profundidad el trabajo que hacen los actores y las actrices y me dejó extasiada. Algunas veces me llamaron para participar, pero como no soy una actriz que pueda improvisar muy fácilmente, siempre me parecía algo imposible de hacer, pero ahora me encantaría.

-¿Aceptarías formar parte de un proyecto televisivo de carácter masivo, incluso sabiendo que puede tener consecuencias que no te gustan nada como la exposición en programas de chimentos?

-Si el proyecto me gusta sí, porque además creo que ahora están cambiando las cosas muchísimo. Esos programas forman parte de algo que está pasando, ese tipo de televisión ya es antigua. Mi sueño es volver a hacer una comedia o un programa de sketches en Canal 7, que lo vea todo el país. Lo que pasa es que es muy difícil de llevar a cabo, se necesita un equipo enorme, mucho trabajo y mucha entrega. En muchos programas de la tele actual, la calidad y los contenidos te los debo. No siempre se tiene conciencia de que lo popular sirve para poder comunicar algo que sea bueno para el público, que lo ayude, que lo haga reflexionar. Sería interesantísimo que existieran más programas así. Cuando pase, si me convocan, ahí voy a estar.

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