Sep 302021
 

A este edificio de dos plantas, sede deportiva de un antiguo club en el Bajo de San Isidro, la chef Jessica Scarpati (dueña del servicio de catering Jacinto) lo fue reformando a lo largo de 25 años, que requirieron un significativo esfuerzo e infinidad decisiones, para convertirlo en lo que es hoy, su hogar y espacio de trabajo soñados.

En la entrada, un sauce. Uno de los beneficios de estar cerca del río.

A principios de los 90, Jessica trabajaba en un restaurante que estaba a la vuelta, y por las entonces calles de tierra pasaba frente a este edificio cotidianamente. Y un día, llegó la oportunidad. Después del loteo de la manzana entera, pudo comprar la fracción que contenía la vieja construcción. A su alrededor, todo estaba vacío, exceptuando las clásicas mesas de recreo con azulejos partidos en el fondo del jardín. Junto con su novio arquitecto de aquel entonces cambiaron el ingreso desde la calle (que había quedado en un terreno vecino) y empezaron a abrir el frente, que era prácticamente ciego.

Mi casa es mi vida: en un punto, crecimos juntas

Jessica Scarpati, dueña del catering Jacinto

Un ventanal; mucha luz

El jarrón de cerámica y los vasos que contienen alcauciles son de Paula Cullaré, que asesoró a Jessica en la decoración.

“El frente apenas tenía una pequeña ventana cuadrada. Con estos ventanales de vidrio repartido con algunos paños móviles, el living y la cocina cambiaron por completo”.

En la cabecera, antiguo mapa de la Argentina. La herrería estuvo a cargo de Doblette.Una vieja mesa de corte –que le compró a un amigo en un negocio de antigüedades de la zona, que ya no existe– se convirtió en una barra central para la cocina. Sobre ella, lámparas colgantes ‘Beat’ del inglés Tom Dixon.

“La cocina tiene un doble rol, personal y profesional: es el lugar donde cocino para mí a diario, pero también el espacio en el que doy clases, doy talleres o recibo para comer a grupos de viajeros”.

Fue la hermana arquitecta de Jessica quien dio la idea de hacer un patio interno, que es el centro de la casa. “Mi cuarto antes tenía luz solo de costado y muy de tarde. Ahora toda la casa es muy luminosa”.

Tanto el mueble recibidor como el aparador con pequeños cajones la acompañan desde sus primeros años en la casa.

El año pasado incorporó a la barra los cuatro taburetes ‘Tylor’, con estructura de aluminio reforzado y trenzado a mano en ratán sintético (Estilo Rattan), que le dieron la comodidad necesaria para sentarse allí a comer. De otro lado, un cartel de chapa antiguo con la leyenda “Comedor” se despega de la alzada de azulejos blancos, color también elegido para el extractor y los muebles bajo mesada.

Junto a la biblioteca, un baúl verde que tiene “en tránsito”: se lo guarda a una sobrina hasta que tenga un espacio para ubicarlo.

Cuando no está encendida, la salamandra hace de estantería para macetas y objetos. El sillón (Estudio Mema Lerena) se complementa con dos butacas vintage en la misma paleta de azules y grises. La mesa de centro escandinava era de su madre.

Arriba del sillón, un elástico de colchón que Jessica recogió de la calle. Después de años de tenerlo oxidado, lo hizo esmaltar en horno.

El espíritu de club social sigue presente: “Mis hermanas, mis primas, mis amigos adoran venir a casa. Y la llaman ‘el castillo’. Acá tuve muchos años un sillón setentoso que era muy lindo pero cero tentador para tirarte a leer un libro, resultaba incómodo. Con este, redescubrí el espacio”.

Sector privado

Junto a la cama, mesa baja de los años 60 que la dueña de casa utiliza como mesa de noche. Colgando encima de la repisa, casillero de madera que su hermana compró en el Mercado de Pulgas.

“Después de mucho tiempo de repartir el trabajo por toda la casa, finalmente logré que cada uno de los espacios se ajustara a su función específica. El cuarto, para dormir; la cocina, para cocinar, el escritorio de arriba, para las tareas ‘de oficina”.

El piso original del cuarto era la solera de hormigón de obra. Luego se colocaron pisos de guatambú plastificado, pero a la dueña de casa no le convencía el tono anaranjado que tomó y lo pintó con esmalte sintético blanco. Al otro lado de la cama, una bandeja sostiene un baúl traído de Guatemala, país en el que vivió de chica. Allí apoyado, cuaderno hecho a mano por ella para su nuevo emprendimiento, 7 & Diez.

Sobre el escritorio se luce un espejo de cerámica hecho por la abuela de Jessica.

“Hice un cuarto-ducha que quedó inmenso. No quise mampara: se moja y listo. Hacía tiempo quería un ojo de buey, y acá encontré el lugar indicado”.

Recetas fáciles para alegrar el menú de la semana

De la cocina de Jessica Scarpati, compartimos estas recetas para poner manos a la obra en casa.

Langostinos con salsa red hot (4 p)

Ingredientes

20 langostinos pelados y devanados 4 cucharadas de salsa red hot Jugo de 1/2 limón 1 cucharada de aceite de oliva Sal y pimienta Un puñado de cilantro

Preparación

En una sartén de hierro grande, calentar el aceite de oliva a fuego fuerte. Colocar los langostinos. Salpimentar y dar vuelta enseguida. Agregar el jugo de limón y la salsa red hot. Mover de forma rápida la sartén para que todos los ingredientes se mezclen bien y servir. Decorar con hojas de cilantro.

Langostinos con salsa red hot y tabouleh.

Tabouleh

Ingredientes

250 gramos de cous cous 500 gramos de tomate 500 gramos de pepino 90 gramos de perejil picado 10 gramos de menta picada 150 gramos de aceite de oliva 100 gramos de jugo de limón. Sal y pimienta

Preparación

Colocar el cous cous en una olla y cubrir con agua hirviendo. Tapar. Cortar los tomates en cuatro gajos, sacar las semillas y cortar en cubitos. Cortar los pepinos en cubitos, descartando las semillas. Desgranar el cous cous y colocarlo en un bol grande. Agregar el tomate, el pepino, el perejil picado y la menta. Mezclar bien. Agregar el aceite de oliva, el jugo de limón, la sal y pimienta negra de molinillo.

NOTA COMPLETA

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