Nov 212021
 

@perez_daro

En Estados Unidos, una de las mecas del humor occidental, se dice que los comediantes logran el éxito cuando tienen un especial de comedia, un show televisivo y una película. Con las semejanzas y diferencias del caso, en nuestro país Sebastián Wainraich vive un momento de gran popularidad y, aunque es difícil establecer márgenes de éxito absoluto, con programa de radio instalado hace muchos años, una segunda temporada de su serie por estrenarse dentro de poco y su obra teatral “Frágil”, podríamos hablar de que Seba es el número uno en su rubro.

Por su agenda apretada, charla con DiarioShow.com por la mañana y cuenta que ya está despierto desde hace un largo rato porque llevó a sus hijos al colegio y se prepara para enfrentar un nuevo día laboral. “No tengo idea si soy fácil de llevar como padre, habría que preguntarle a ellos en unos años, a ver cómo resultó” reflexiona.

Wainraich volvió a las tablas para presentar nuevamente, con la interrupción de la pandemia en el medio, su obra “Frágil”. “Siempre que se empieza en el teatro se dice que uno está re contento y está feliz, y todo eso. Y la verdad es lo que me está pasando ahora. Siempre disfruto el teatro, pero siempre soy muy neurótico también. En esta oportunidad, cuando me dijeron de volver, al principio me sentí inseguro, y el día que empecé a ensayar dije, ‘no, la tengo’, así que desde ese momento la disfruto”, explica con alegría.

-¿Cómo fue reencontrarse con el público?

-Las primeras funciones fueron tremendas, espectaculares, no solo por mí sino también por el público, la sala siempre colmada… La gente tiene ganas de salir, de reírse y me siento muy encendido. Es una obra, que si bien tiene algunos años, no la hice tanto por distintas razones, sobre todo por la pandemia. Me gusta mucho hacerla, me siento encendido, y siento que tiene más para recorrer todavía.

Con “Frágil” se presenta en el Teatro Maipo.

 

-En el stand up eras más autorreferencial y ahora con los personajes en una obra con guion, abriste el espectro…

-Inevitablemente siempre todo es autorreferencial. Hay dos maneras de hacer humor para mí, una es la autorreferencia literal, que es verdad que lo hice y todavía lo sigo haciendo, aunque no tanto. Y después, en la obra, por ejemplo, hago personajes que no tienen nada que ver conmigo, pero obviamente también están hablando de mí, porque yo estoy opinando de ellos. Es inevitable ser autorreferencial. De todos modos no me pongo a pensar en eso, yo me pongo a escribir o me pongo a hablar y a partir de eso veo qué tengo ganas de decir, o qué historia tengo ganas de contar, o qué chiste tengo ganas de hacer.

-¿Es posible no analizar en tiempos de “cancelación”?

-No sé qué decir al respecto, a veces cambio la mirada sobre algunas cuestiones que estaban como muy establecidas, de todas maneras no me gusta la cancelación, estoy en contra de esa cultura porque me parece que el arte y la comedia, si la comedia forma parte del arte, no tiene límites. El límite lo pone el artista, el actor, el escritor, el guionista, el músico. Cada uno tendrá el suyo.

-¿Y podés hacer humor con cualquier cosa?

-Se puede hacer un humor con todo si es humor; si no te hace reír, no es humor, es solo agresión o qué sé yo, pero para mí en todo eso no, no debería haber límites. Me parece una pena que nos pongamos a evaluar en lugar de disfrutar. Si no te gusta, andate por otro lado. y si te gusta, disfrutá.

“Creo que se puede hacer un humor con todo si es humor; si no te hace reír, no es humor, es solo agresión o qué sé yo”

Con Dalia Gutmann están juntos hace 20 años. La fórmula: reírse más.

Padre de familia, comediante, actor, guionista, conductor radial y escritor dice el currículum de Wainraich, un hombre que con más de 20 años de trayectoria que hoy no solo disfruta de su obra de teatro, sino de todos los proyectos en los que trabaja. Por ello reflexiona: “Estoy re contento, me gusta la mayoría de las cosas que hago y lo disfruto, siempre estoy pensando cómo seguir. Es verdad que cuando te volvés conocido se te abren otras puertas, pero en este caso varios proyectos me lo generé yo mismo, con compañeros, con amigos, con socios, pero me genero solo los proyectos, como el teatro, la serie. Pero suelen ser dentro del mainstream y dentro de la industria tener proyectos independientes es lo más difícil y lo más lindo de hacer”.

-¿Por qué es difícil y lindo?

-Porque con la serie (“Casi feliz”) por ejemplo, hacemos lo que queremos. Obviamente está la negociación y la charla con Netflix pero han sido muy generosos y muy amables con nosotros. Escribí la serie que yo quería escribir. El hecho de ser conocido, por trabajar hace tanto tiempo, me permite hacer la serie en Netflix o actuar en el Teatro Maipo. Pero en sí es una paradoja, porque cuando tenés trabajo, te llaman para trabajar más y cuando no tenés trabajo, no te llaman, es rarísimo.

En esta ficción que lo tiene como protagonista, aparecen diferentes figuras del espectáculo, como Natalie Pérez, Santiago Korovsky, su esposa Dalia Gutmann y Adrián Suar. Sobre ella, se muestra más que feliz con el resultado: “Siento que es diferente, porque si bien es una comedia, tiene sus puntos más melancólicos o giros dramáticos, no se sostiene solo con el chiste. Pero porque salió así. Después la manera de filmar de Hernán Guerschuny, y la dirección de fotografía también, hace que se transforme en otra cosa y que sea una comedia dramática, una comida melancólica, no me preocupa tanto definirlo, pero como que la definición tranquiliza y el resto te pide definición” cuenta al respecto.

En “Casi feliz”, junto a Natalie Pérez. (Foto: Netflix)

 

-¿Cómo te sentís actuando en esas escenas dramáticas?

-Me encanta a mí cuando la comedia se mezcla con el drama y cuando vas de un lado a otro, hay que tener cuidado para hacerlo, para que quede bien, pero a mí me encanta cuando se juega con eso, me gusta cuando los personajes entran en otros lugares, cuando se genera cierta incomodidad, pero me siento cómodo trabajando en ese registro”.

-¿Te llamaron para la serie de Maradona?

-No. Para esa no me llamaron. ¡Llamaron a todo el mundo menos a mí! Es tremendo. Debería inventar y decir que sí me llamaron.

Se dice de mí

A lo largo de su carrera, tanto sobre el escenario como en la radio, donde puede mostrar su costado más íntimo, Sebastián siempre mostró como virtud y a veces defecto, su personalidad obsesiva y a veces neurótica, que obviamente aprovecha para jugar y hacer humor. “Es un poco un juego pero también es verdad”, revela al respecto. “Hace un tiempo tal vez lo guardaba para mí, decía ‘qué lindo noviembre, empezó un lunes’, algo que me tranquiliza, siento que hay un equilibrio. Pero no hacía de eso una epopeya. Pero de repente si lo llevo a la radio, lo llevo a las redes, genera empatía porque somos muchos los locos que disfrutan esto, pero bueno, también es un chiste”.

-¿En qué sentís que se manifiestan esas pequeñas locuras?

-Soy como fanático de obsesivo de la fechas, me gusta saber cuándo cumple años la gente. Antes tenía una habilidad, que la estoy perdiendo, que sacaba qué día va a caer tu cumpleaños, cosas por el estilo.

-Para lograr eso también necesitás un público que se involucre. ¿Sentís que está del otro lado ese código?

-La gente se involucra, obviamente, en ese momento del aire o de la función, que es cuando lo palpás en vivo, estás dejando todo ahí. En ese momento te lo tomás en serio. Lo mismo pasa en el escenario porque si lo hacés en joda o lo hacés por la mitad, no tiene gracia. Y creo que tampoco tiene impacto.

Renovación radial

A inicios de 2021, Sebastián, junto a los conductores más conocidos de Radio Metro, Andy Kusnetzoff, Matías Martin y María O’Donnell, abandonaron la popular emisora y se mudaron a Urbana Play, una radio que incluía un proyecto más audiovisual y significó una renovación estructural para los presentadores y sus equipos.

¿Necesitabas ese cambio abrupto?

-Hoy con el diario del lunes puedo decir que necesitábamos esa renovación. Está renovada la energía, es verdad que mi equipo está prácticamente igual, pero algo cambió; se renovó porque el hecho de que la radio se vea también nos generó algo, y el cambio de casa también hizo que pensemos nuevas cosas, que estemos con otra energía, que sea como un volver a empezar con la ventaja de ya tener algo armado. Era incertidumbre y salió bárbaro.

-También se decía que Metro se había transformado en un medio tan tradicional que se la catalogaba de machista. ¿Había que correrse de eso?

-Yo no lo sentía así, a mí no me pasaba, no sé qué decir, a mí no me pasaba.

“La influencia de Fernando Peña para mí es clara”

Con tantas aristas en su carrera, Wainraich consumió mucho cine, televisión, comedia y literatura para formarse.

-¿Es difícil aceptar influencias en un tiempo en el que se exige originalidad?

-Para mí todos copiamos y todos somos originales, es así. Todos copiamos porque tenemos una formación, tenemos inspiraciones y es inevitable no mostrarlo a eso. Y a la vez cuando lo empezás a hacer vos, es tuyo, aunque sea una copia ciento por ciento, es tu opinión, tu sello, tu voz, es tu manera de hacer las cosas. Y en esto es lo mismo, obviamente la influencia de Fernando es clara, es presente, la cito, pero ni me atrevo a compararme con él. En algunas cuestiones artísticas también me parece algo sagrado como para compararlo.

Épocas doradas en la FM, con Fernando Peña, Ronnie Arias y Diego Scott.

 

-¿Qué otros referentes tenés?

-Tengo muchos, y no solo del humor. Siempre vuelvo a los mismos al final. Hablando de cancelaciones, obviamente Woody Allen forma parte, está bien en el pedestal. Ahora hace mucho no lo consumo, pero sus películas me marcaron para siempre. Después tenés al Súper Agente 86 que es una serie que me marcó, la manera de hacer humor, la manera de presentar un personaje, la profundidad que tenía la serie en realidad cuando no lo parecía. También hay escritores, hay un humorista que no es tan conocido que se llama Efraín Quillón y del que sus cuentos me marcaron.

M.P
 

El actor ofrece su mirada ácida sobre la realidad. (Foto: Archivo Crónica)

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