May 082022
 

@Rfilighera

«Haz recorrido un largo camino muchacha”, rezaba la canción de una conocida publicidad de cigarrillos que tenía como bandera la búsqueda de los derechos de la mujer, allá por los años setenta. Precisamente, dicho nostálgico envio televisivo parece adecuarse con precisión a la actualidad artística de Marita Ballesteros, signada por tantos años de esfuerzo, dedicación e inspiración.

Y a modo de mirada retrospectiva, ha pasado mucha agua debajo del puente desde aquella elección en la que fue ungida como ganadora del certamen «Mujer Maravilla Argentina». El presente la encuentra desarrollando un importante personaje en la obra «Julio César» (Teatro El Plata, Mataderos), la capital creación de William Shakespeare, en una versión inquietante del siempre renovador José María Muscari.

La obra se estrenó en el Cine Teatro El Plata en Mataderos, parte del Complejo Teatral de Buenos Aires.

En charla abierta con DiarioShow.com, la actriz recorrió diversos tópicos de su profesión y la incidencia de los complejos tiempos presentes con la industria del espectáculo. También puntualizó su visión del feminismo y los tiempos por venir.

-¿Cómo es trabajar con Moria Casán?

-Se trata de una experiencia notable. Moria es una gran compañera, muy disciplinada y con un firme compromiso ante el desafío de la propuesta. Es solidaria y siempre está dispuesta a dar el pie necesario para que el compañero se luzca de la mejor manera posible.

-¿Cuál es, a tu entender, la esencia de este espectáculo?

-Entiendo que uno de los grandes desafíos que lleva a cabo es el hecho de que nosotras, las actrices, interpretamos personajes masculinos, pero no con ropa de hombres, sino con nuestra vestimenta habitual. Y a su vez, sucede lo mismo con los hombres, al plasmar personajes femeninos. Me encanta porque estamos hablando del intercambio de roles, en consecuencia, más que la definición de personajes masculinos o femeninos, estamos ante la presencia de personajes pertenecientes a la condición humana, sin distinción de géneros, con toda su problemática, sus angustias, sus deseos, sus iras y sus costados más insospechados.

Con la One a la cabeza, «Julio César» se las trae.

-¿Este trabajo llega en una etapa especial de tu carrera?

-Salvo durante la pandemia, he tenido la posibilidad de trabajar siempre con continuidad. Por otra parte, todos los trabajos tienen el significado de un desafío porque, además, cada trabajo es distinto y encierra, en consecuencia, la posibilidad de abordar una vida nueva y diferente en relación con lo realizado anteriormente.

-¿Tienen previsto una gira por el exterior?

-Vamos a participar los primeros días de julio del Festival Internacional de Teatro de Mérida, España, circunstancia que, por otra parte, nos abre una impensada puerta de proyección en el terreno internacional. 

-¿Cuál es la propuesta principal que expone este “Julio César” revisitado?

-Recorrer un texto clásico desde una mirada moderna, en donde todo lo tecnológico se da cita, es el eje. La historia transcurre en la actualidad, en tanto, las pasiones, los odios y la batalla del bien contra el mal son temas universales. Desde que el mundo es mundo, hasta los tiempos que corren. Y Muscari supo interpretar de manera impecable el pensamiento de Shakespeare, abordado, en esta oportunidad con mucho humor, algo que me parece a mí muy acertado.

 
 
 

 

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-¿En que forma se presenta el compromiso del actor hoy en día?

-La función primordial del actor es entretener, con buenas armas, al público y ayudarlo, en lo posible, a reflexionar, a poder ser mejores personas. Que la gente cuando abandone la sala se vaya de otra manera. Un poquito mejor, si fuera posible. Cada trabajo es un servicio para el que lo realiza y también para el que lo recibe.

-¿Qué sensaciones te genera la problemática actual de la condición femenina?

-Yo me considero de las personas que no pertenecen a grupos políticos o colectivos. Yo trabajo mucho sobre el cambio personal y en la posibilidad de indagar en la paz interior. No obstante, me parece muy válido que la gente se agrupe y se encuentre en el lugar que le corresponde. Cada lucha de una persona me parece honesta, siempre y cuando no esté enfocada, puntualmente, contra otro. Por otra parte, no estoy de acuerdo en ninguna expresión que manifieste cualquier tipo de violencia. Aborrezco la violencia.

«Yo me considero de las personas que no pertenecen a grupos políticos o colectivos. Yo trabajo mucho sobre el cambio personal»

-¿Cómo ves la actualidad laboral de tu rubro?

-Estamos viviendo una etapa muy difícil y con esto del coronavirus, más el presente de una guerra con todas sus consecuencias fatales en el terreno humano y, también, de índole económico, afecta de manera implacable a todo el mundo. Por eso yo creo que debemos trabajar sobre el alma. En la medida que generemos un mejor clima de convivencia, este factor se va a proyectar sobre los demás. Estoy convencida de que mi objetivo es, hasta el último minuto de mi vida, ver qué cosas puedo mejorar de mi persona, no solamente para conmigo, sino a favor de mi semejante.

Jorge Porcel la conoció siendo ella azafata y le dijo que debería ser actriz.

-Es que vivimos una sociedad convulsionada por las crisis, los antagonismos…

-La condición humana se encuentra en jaque de manera permanente. Estar sobre la tierra es una tarea para nada fácil. Y la profesión del actor no es para nada liviana. A mí me resulta, por otra parte, sorprendente cuando la gente piensa que el trabajo del actor se maneja en un mar de facilidades y diversiones absolutas. No se tiene conciencia de las dificultades, el esfuerzo, la perseverancia y la lucha que forma parte del camino en la actuación, en función de la estructura global de un espectáculo. Hay mucho trabajo, sobre todo detrás, y es para nosotros insoslayable el equipo que nos apuntala y que nos sirve como sostén para nuestro trabajo. Sin ellos, nosotros no podríamos estar arriba de un escenario.

-En algún momento de tu carrera ¿sentiste incertidumbre?

-Si, pero decime en qué trabajo no la hay, sobre todo en los tiempos que vivimos. La vida, en definitiva, está plagada de incertidumbres y temores. Ahora estoy hablando con vos y mañana puedo tener un accidente o un síncope. Todo forma parte de lo efímero y la duda permanente nos acosa.

-En consecuencia, disfrutás mucho del aquí y el ahora…

-Si, lo disfruto y también, muchas veces, lo padezco (risas).

-¿Como es tu relación con la tevé actual?

-Me llamaron para participar de la tira «El primero de nosotros». Entiendo que son 60 capítulos y yo voy a aparecer en los últimos 10. Y realmente me encantó el personaje que me tocó en suerte; ya que se trata de una madre muy familiera, de mente abierta y encantadoramente divertida.

-¿Que sensación te genera, en la pantalla de nuestros días, la superpoblación de latas extranjeras?

-Como en todo mercado laboral, lo económico juega un papel muy importante. Hacer una novela es carísimo. Supongo, por otra parte, que con la compra de latas extranjeras se aminoran los costos. Además, los índices de audiencia en la televisión cambiaron muchísimo. Ahora, un programa que genera 11 puntos de rating es, sencillamente, casi un récord. En tanto, el público cuenta con mayor cantidad de soportes y plataformas. Por ejemplo, en líneas generales, los jóvenes no ven televisión y su terreno de acción, prácticamente, se da en el dispositivo del celular. Cuando yo empecé, este tema de la modernidad no existía, no estaba internet. La vida va cambiando de manera permanente.  Lo importante es adaptarte a estos cambios. No quejarte todo el tiempo y menos victimizarte. Si te tocó determinada circunstancia, obrar en función de ello. Evitar la “lágrima permanente”.

R.F

De larga trayectoria, Marita Ballesteros se anima a hacer algo totalmente diferente.

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